Cuando nos encontramos ante una encrucijada (hoy en forma de glorieta) en la que confluyen diversas vías, antes de tomar una decisión conviene meditar sobre cuál es el camino más adecuado entre las distintas opciones que se nos ofrecen. Enfrente está el futuro cada vez más tenebroso e incluso catastrófico. Venimos de un camino que hemos dejado atrás y que, como dijo el maestro Antonio Machado, "nunca podremos volver a pisar". Solo nos quedan dos alternativas.
Tomar la senda que la flecha nos indica que es el camino a la derecha nos lleva a un espacio cada vez más inhóspito para la supervivencia de los principios y valores democráticos. Donald Trump, cuyo banderín de enganche es hacer de nuevo a América (del Norte) cada vez más grande, ha roto las reglas del derecho internacional que sostienen el difícil equilibrio de la paz mundial. Se salta el respeto debido a su Constitución y a los derechos que se contienen en sus Enmiendas, sustituyendo sus contrapesos por decretos ejecutivos que, por el tono y su alcance, son lo más parecido a las decisiones caprichosas de los emperadores romanos. Utiliza la fuerza de las armas para secuestrar al presidente de Venezuela con el simplista pretexto, carente de base probatoria, de que se dedica al narcotráfico. Asesina a los tripulantes de lanchas que, aunque transportasen drogas, podían perfectamente ser interceptados como ordenan los más elementales principios de la civilización.
La persecución de los emigrantes ha convertido a algunos Estados en lo más parecido al salvaje oeste. La ciudad de Mineápolis, que pertenece al Estado de Minnesota, fronterizo con Canadá, es paradójicamente el que menor número de emigrantes recibe en contraste con los Estados más cercanos a México. En nuestro país esta perturbación borrascosa que amenaza los soportes de la democracia comienza a producir temblores que anuncian posibles erupciones de consecuencias semejantes. En el terreno económico, las nuevas tecnologías, cuya fuerza expansiva a nivel mundial es inevitable, han precarizado los salarios y aumentado, a niveles estratosféricos, los beneficios de los grandes magnates que dirigen la política mundial. El que quiera tomar esa vía ya sabe a dónde conduce.
La mejor alternativa para reforzar las columnas de la democracia, junto con otros partidos y sectores, inequívocamente democráticos, pasa por internarse, sin vacilaciones ni prejuicios, por el sendero que puede confluir en una meta a la que lleguen todos los participantes con unos objetivos y propuestas comunes. Como dijo Salvador Allende en su mensaje, el mismo día del golpe militar: «Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor». Me parece que sería estimulante que los caminantes, sin volver la vista atrás, llevasen en sus mochilas el discurso pronunciado por Zohran Mandani cuando ganó las elecciones a la Alcaldía de nueva York. Hay que ofrecer políticas alternativas y unos objetivos claros y precisos e irrenunciables.
Hemos llegado hasta un presente en el que reconocemos que es necesario buscar nuevas estrategias para alcanzar una nueva frontera en la que las propuestas estén por encima de los protagonismos
Recordó algo tan elemental como que la soberanía emana del pueblo. En un mundo en el que la inmensa mayoría son trabajadores, proclamó: “Desde que tenemos memoria, los ricos y los poderosos les han dicho a los trabajadores de Nueva York que el poder no les pertenece. Habéis demostrado que, cuando la política se dirige a vosotros sin condescendencia, podemos dar paso a una nueva era de liderazgo. Lucharemos por vosotros, porque nosotros somos vosotros. Citó un proverbio árabe: “Soy de vosotros y para vosotros”.
Felicitó a los voluntarios que le han ayudado en su campaña. “Gracias a vosotros, haremos de esta ciudad un lugar que los trabajadores puedan volver a amar y en el que puedan volver a vivir, habéis erosionado el cinismo que ha llegado a definir nuestra política. Ganamos porque insistimos en que la política ya no sería algo que se nos impone. Ahora es algo que hacemos nosotros. Aunque votamos solos, elegimos juntos la esperanza. La esperanza por encima de la tiranía. La esperanza por encima del gran dinero y las pequeñas ideas. La esperanza por encima de la desesperación. Ganamos porque insistimos en que la política ya no sería algo que se nos impone. Ahora es algo que hacemos nosotros.”
Abordó la cuestión nuclear de las sociedades modernas: “El eje central de esa visión será el programa más ambicioso para abordar la crisis del coste de la vida: un programa que congelará los alquileres de más de dos millones de inquilinos con alquiler estabilizado y hará que los autobuses sean rápidos y gratuitos y ofrecerá servicios de guardería universales en toda nuestra ciudad”.
Pone el dedo en la llaga cuando advierte con lucidez: "Como ha ocurrido tantas veces, la clase multimillonaria ha tratado de convencer a quienes ganan 30 dólares la hora de que sus enemigos son los que ganan 20 dólares la hora”. Denuncia la estrategia, tantas veces repetida por las oligarquías que tratan de confrontar, en su beneficio, las legítimas aspiraciones de los que aspiran a una razonable calidad de vida que reiteradamente se les niega.
A lo largo de su discurso recuerda a Martin Luther King y su inmortal frase “esta noche tuve un sueño”. Termina con un mensaje estimulante, lleno de fuerza emocional: “Gracias, amigos míos. Puede que el sol se haya puesto sobre nuestra ciudad esta tarde, pero como dijo una vez Eugene V. Debs (sindicalista estadounidense): “Puedo ver el amanecer de un día mejor para la humanidad”.
Si alguien quiere hacer el camino sin estar dispuesto a despojarse de sus arraigos y posicionamientos presentes, es mejor que no lo emprenda. Hemos llegado hasta un presente en el que reconocemos que es necesario buscar nuevas estrategias para alcanzar una nueva frontera en la que las propuestas estén por encima de los protagonismos. Sus efectos multiplican las posibilidades de aumentar los escaños y de remover el abstencionismo de los desencantados. Cuando me asaltan las dudas suelo acudir a los Ensayos de Michel de Montaigne: “Puede lograrse el mismo fin con distintos medios”.
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José Antonio Martín Pallín es abogado y ha sido fiscal y magistrado del Tribunal Supremo. Su último libro publicado, recién llegado a las librerías, es 'Visto para sentencia' , editado por Siglo XXI.
Cuando nos encontramos ante una encrucijada (hoy en forma de glorieta) en la que confluyen diversas vías, antes de tomar una decisión conviene meditar sobre cuál es el camino más adecuado entre las distintas opciones que se nos ofrecen. Enfrente está el futuro cada vez más tenebroso e incluso catastrófico. Venimos de un camino que hemos dejado atrás y que, como dijo el maestro Antonio Machado, "nunca podremos volver a pisar". Solo nos quedan dos alternativas.