Empiezo por lo incómodo. Creo que si todas las izquierdas fueran juntas y hubieran hecho ese proceso de otro modo, el resultado de las elecciones en Andalucía el próximo día 17 de mayo sería otro. Deseo con todo mi corazón además que ese camino, el de la reconstrucción del proyecto de izquierdas en nuestro país, sea al que se dirijan todos nuestros esfuerzos. Es con este ánimo que escribo este artículo, para darte argumentos para votar Por Andalucía, a ti que, como yo, ya empiezas a estar francamente hasta el moño.
Claro, ya nadie recuerda lo que es ir a votar con ilusión. Tampoco me quiero imaginar lo que tiene que ser hacer un mitin en esta campaña con las encuestas que estamos conociendo estos días, en las que, y en el mejor de los casos, lo que está en juego es un triste escaño que puede evitar que el PP gobierne en solitario (por cierto, llamemos a ese gobierno de la muerte por su nombre; Bonilla en el norte son unas patatas fritas estupendas, el resto, neoliberalismo del de toda la vida). Habrá incluso alguna sede izquierdosa orgullosa de no sé qué negociación o decisión política que les ha blindado el puesto 87 por Huelva. De agradecer es que siga habiendo quien, aun así, trabaja para el reino (mención especial a José Manuel Jurado, que encarna como nadie el auténtico y noble significado de que nuestro país debe ser la prioridad). Dicho esto, quiero dar argumentos para ir a votar, porque en ello consiste hacer campaña electoral, y a nadie se le escapa que lo que pase en esa cuarta parte de nuestra España que es Andalucía será una antesala del ciclo que está por terminar de abrirse. Con claridad lo digo, si votase este próximo domingo lo haría por la Sanidad, por la Vivienda; votaría Por Andalucía. Creo que lo decimos demasiado poco las gentes de izquierdas mientras que, sin embargo, las circunstancias nos urgen más que nunca a hacerlo, que de diagnósticos sin propuestas están las urnas de las derechas llenas.
Lo primero que me gustaría decir es que Adelante Andalucía tiene un muy buen candidato (y no, no me estoy equivocando con las preposiciones, que hay que tener mala follá) que hizo buen debate la semana pasada en RTVE y que la propuesta de su organización en estas elecciones encaja con frescura con la necesidad, por un lado histórica y por otro, coyuntural, de reivindicar más autonomía política para un pueblo que siempre ha visto subordinados sus intereses a los del resto del Estado. Es tan buen candidato y tan importante y compartida su reivindicación que no consigo encontrar ningún motivo para que este espacio político no comparta su camino con el resto de fuerzas de izquierdas, como IU y Podemos, como han hecho en otras ocasiones. Le escuchaba estos días en una entrevista afirmar que quizás una de sus grandes diferencias con el espacio de izquierdas que conforman Podemos, IU y el resto de partidos tiene que ver con que se niegan a tener una relación amable con el PSOE, que van a decir las cosas como toca decirlas. La verdad que me vais a permitir que me ría, después de haber metido la pata en innumerables ocasiones precisamente por decirle al PSOE cosas como hay que decírselas, estando en el propio Gobierno. Pero el debate político, por mucho que nos hayamos empeñado en ello estos años, no es una cuestión de tono, queridos compañeros anticapitalistas. Lo que yo le pido a un partido de izquierdas es primero que diga lo que hace falta decir, pero además y sobre todo, ahora que ya sabemos que se puede, que lo haga. Y aquí está la clave.
Lo que yo le pido a un partido de izquierdas es primero que diga lo que hace falta decir, pero además y sobre todo, ahora que ya sabemos que se puede, que lo haga
Una izquierda que haga lo que dice que va a hacer es hoy una rara avis, una cosa excepcional, casi random, absolutamente inusual; y si no, que se lo digan al PSOE. Y este argumento no es cualquier cosa. De la política hoy no esperamos casi nada, es terrible que hayamos llegado a estas circunstancias. Hemos votado con rabia, con miedo, con esperanza de cambio, con hambre y con ganas, pero nada de eso opera hoy. Si queda hoy una emoción a la que apelar tiene que ver con la calma, con el deseo de certeza y seguridad. Y haríamos bien en no despreciar ese anhelo de certidumbre que la gente tiene y que tan bien la extrema derecha sabe leer.
Parece que el fin del mundo puede suceder. Ya nadie puede prometer que no habrá guerras, pandemias, extraterrestres; ya nadie piensa que gobernar será sencillo. ¿Entonces por qué ir a votar? ¿Cuál es el pacto? Llamémosle garantía social, seguridad ciudadana, certeza, república, socialismo. Lo que pueden asegurar el grupo de personas que lidera Antonio Maíllo en estas elecciones andaluzas es que aquello con lo que se han comprometido en esta campaña es aquello que van a hacer una vez lleguen al Gobierno, suceda lo que suceda. Y esa certeza, ese compromiso ético inquebrantable con la mayoría es el único espacio político que lo puede afirmar con claridad. Por supuesto, nada esperamos de quien ni se atreve a poner por escrito cuál es su plan de Gobierno, pero claro, quién se atrevería a firmar un programa que propusiera dejar a la gente morir de cáncer o esperando una ayuda a la dependencia. Tampoco nada esperamos de aquellos que con una mano dicen derecho a la vivienda y con otra fondo de inversión, pero qué decirle al pueblo andaluz que no sepa de la mediocridad del socialismo que pasó de liderar el cambio de un país nuevo a retozarse en casos de corrupción, candidatos impuestos desde fuera y promesas que no valen nada, nada, nada.
Por Andalucía es hoy esa rara avis. Con sus mítines simultáneos de ministros y lideresas desperdigados y enfadados, su absoluta impronunciabilidad oral por causas que nada y todo tienen que ver con lo preposicional, siendo en Madrid a la vez martillo y sostén de la esperanza del progresismo mundial (ya no sé si decirlo o no con ironía), con el cansancio acumulado de quién sabe que tiene que rehacer lo construido la última década al mismo tiempo que se presenta a unas elecciones sin poder acumular ni un gramo de ilusión. Con todo ello, yo votaría Por Andalucía. Primero porque en política hace falta hacer las cosas además de decirlas y eso implica costes y contradicciones, tales como asumir la complejidad de gobernar con otros partidos. Conviene recordar que cuando IU gobernó Andalucía evitó miles de desahucios, gobernando sin corrupción en una comunidad que llevaba décadas acostumbrada a otra cosa, defendiendo los servicios públicos desde dentro de una coalición difícil, que es exactamente donde la aritmética política andaluza permitiría una alternativa al gobierno del PP. Que a esta experiencia se pueda añadir lo logrado en el Gobierno del Estado por Podemos o Sumar es sin duda la mejor de las cartas de presentación.
Y hablando de aritmética, esta semana van a usarse retorcidamente los números y conviene tenerlos claros. La encuesta de 40dB. de estos días da al PP 56 escaños. La mayoría absoluta está en 55. Moreno va a gobernar solo gracias a un escaño de margen que la izquierda le está regalando yendo dividida, porque Por Andalucía y Adelante se quedan cada una a medias de escaño en provincias donde juntas podrían haber llegado. Por supuesto sonarán los cantos de sirena para seducir a ese voto progresista que no quiere tirar su voto a la basura: que votes al PSOE, que es lo útil, que así se concentra el voto progresista. Es terrible, pero el PSOE está en 28 escaños con toda la movilización que ha pedido, colocando a la vicepresidenta del Gobierno y con el presidente de nuevo en las portadas de medio mundo. La realidad electoral es tozuda, y en muchas provincias ese voto ya no va a mover ningún diputado porque el PSOE ya tiene los suyos contados. El voto útil al PSOE lleva semanas siendo útil para el PSOE y para nadie más. El voto Por Andalucía, en cambio, trabaja en los restos, que es donde Moreno tiene su colchón, y es donde se decide esa mayoría. Dice Maíllo estos días que no está todo el pescado vendido. Y está la cosa jodida, pero yo lo tengo claro, y si pudiera, votaba Por Andalucía.
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Ángela Rodríguez 'Pam' es ex secretaria de Estado de Igualdad.
Empiezo por lo incómodo. Creo que si todas las izquierdas fueran juntas y hubieran hecho ese proceso de otro modo, el resultado de las elecciones en Andalucía el próximo día 17 de mayo sería otro. Deseo con todo mi corazón además que ese camino, el de la reconstrucción del proyecto de izquierdas en nuestro país, sea al que se dirijan todos nuestros esfuerzos. Es con este ánimo que escribo este artículo, para darte argumentos para votar Por Andalucía, a ti que, como yo, ya empiezas a estar francamente hasta el moño.