Luces Rojas

España 2015: ¿un gobierno de gran coalición?

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Sonia Alonso

La crisis económica ha trasladado el fenómeno de la “gran coalición”, relativamente común en algunos países europeos como Austria, Bélgica y Alemania, a los países del sur de Europa. Una gran coalición es un gobierno formado por los dos principales partidos de un país pertenecientes a campos ideológicos opuestos. Grecia e Italia ya están en ella instalados. Los políticos portugueses lo estuvieron considerando tras los resultados de las elecciones de 2011 y en España antes del verano estuvimos inmersos en un pacto entre PSOE y PP que, si bien no es una gran coalición, bien podría ser el precursor de una. A pesar de los dos últimos meses de enfrentamientos, que más bien parecen tácticos, no dejo de pensar que la “gran coalición” es un futuro probable de los próximos gobiernos de España y Portugal. Es lo que tienen las crisis, que hacen extraños compañeros de cama.

Las grandes coaliciones son generalmente una excepción, ya que se trata de poner juntos a gobernar a partidos que pertenecen a campos ideológicos opuestos y a los que, por tanto, se les presuponen programas de actuación de difícil conciliación. Su formación suele venir provocada por circunstancias excepcionales, tales como guerras (el Reino Unido vio la formación de este tipo de gobiernos durante las dos guerras mundiales), o por coyunturas políticas que fuerzan a los dos grandes partidos a entenderse. Un ejemplo de esto último son las grandes coaliciones que se han visto en Alemania, Austria y Bélgica desde la Segunda Guerra Mundial. Todas ellas se produjeron por circunstancias de aritmética electoral, esto es, después de que los resultados electorales dieran lugar a complejos escenarios que hacían inevitable una coalición en un momento político en el que los partidos de la misma familia ideológica no podían o no querían coaligarse. La crisis del euro ha resultado ser una más de estas circunstancias excepcionales.

Las grandes coaliciones han llegado al sur de Europa por primera vez desde sus respectivas transiciones a la democracia. La primera gran coalición en formarse ha sido en Grecia, en noviembre de 2011. Tras el fracasado intento del primer ministro del PASOK, Giorgios Papandreou, de organizar un referéndum sobre el segundo paquete de rescate, al que se resistieron muchas de las cancillerías europeas así como las propias instituciones de la Unión, éste dimitió y se formó un gobierno de gran coalición entre los hasta entonces enemigos irreconciliables, Nueva Democracia y PASOK (junto a un socio menor, Izquierda Democrática). Esta gran coalición estaba encabezada por un primer ministro tecnócrata, el exgobernador del Banco Central de Grecia, Lucas Papademos. Los partidos de la coalición representaban el 77% de los votos emitidos en las elecciones de 2009.

La principal tarea del gobierno era acordar y gestionar el segundo paquete de rescate y pilotar Grecia hasta las próximas elecciones. Éstas se celebraron el 6 de mayo de 2012 y produjeron unos resultados electorales complicados para la formación de gobiernos. Si bien Nueva Democracia (ND) fue el partido más votado, sólo se hizo con el 19% de los votos. Su histórico antagonista, PASOK, se quedó en un mero 13%. Juntos, ni siquiera llegaban al 50% de los votos (aunque en número de escaños tenían mayoría gracias al sistema electoral griego y su premio de mayoría). Durante la campaña electoral, Antonis Samaras, líder de ND, pidió a los griegos un mandato claro que le permitiera cambiarlo todo, pero sin especificar cómo pensaba hacerlo. Samaras llegó incluso a decir que convocaría elecciones “una vez, y otra, y otra” hasta obtener el mandato claro que buscaba. Lo único que unía ideológicamente a estos dos antagonistas históricos, PASOK y ND, era que los dos estaban dispuestos a seguir el diktat de la Troika y que los dos estaban en una situación desesperada, puntos de unión más que suficientes para superar divergencias pasadas, por duras y profundas que fueran.

La segunda gran coalición en constituirse ha sido la italiana. Esta coalición también fue resultado de unos complicadísimos resultados electorales. La coalición de partidos de izquierda, encabezada por el Partito Democratico, y la coalición de partidos de derecha, encabezada por el Popolo Della Libertà, también históricamente enemigos irreconciliables, obtuvieron el 29,5% y el 29% de los votos respectivamente. Puesto que el M5S de Beppe Grillo se negó a formar una coalición con el PD, la única manera de hacer un gobierno era mediante una gran coalición PD-PDL. La gran coalición italiana suma el 59% del voto, una mayoría raquítica para ser una gran coalición.

La circunstancia excepcional que explica las grandes coaliciones griega e italiana es, según los protagonistas de estas coaliciones y el establishment europeo, la Gran Recesión que asola estos países desde 2008. Es necesario, según esta versión, unir esfuerzos para salvar al país, arrinconando intereses partidistas y rencillas ideológicas. Otros, sin embargo, creemos que esta versión deja fuera un eslabón importante en la cadena causal: la falta de credibilidad de los partidos mayoritarios, que han gobernado alternadamente durante los años inmediatamente anteriores y posteriores a la crisis, sin mejorar la situación e incumpliendo sus promesas. Con ello han provocado su total descrédito y colapso electoral hasta niveles que les obligan a coaligarse, pero no para alcanzar una gran mayoría de escaños en el parlamento que les dé legitimidad, típico de toda gran coalición, sino para alcanzar una mayoría justa con la que seguir gobernando. Por eso, aunque las llamemos grandes coaliciones, en realidad, son coaliciones bastante poco impresionantes.

La justificación de la emergencia nacional, por otra parte, no resulta del todo creíble. Si de verdad la situación es tan grave, no se entiende que los dos partidos mayoritarios no inviten a formar gobierno al resto de partidos con representación parlamentaria, sobre todo habida cuenta que las coaliciones formadas por los que fueron grandes partidos son más bien raquíticas. Más bien parece que las grandes coaliciones entre los partidos mayoritarios de derecha e izquierda son la única manera que tienen estos partidos de mantenerse en el poder ante la pérdida dramática de apoyo electoral y las pocas ganas que tienen otros partidos, emergentes o no, de su mismo campo ideológico de entrar en coalición con ellos ahora que están “quemados” (eso sí, por méritos propios además de ajenos). En Grecia, ND cayó casi quince puntos entre 2009 y 2012, mientras que PASOK perdió unos catastróficos 31 puntos. En Italia, el PD cayó ocho puntos y el PDL dieciséis. Al PD y al PDL les unen las mismas cosas que a los dos partidos griegos, ND y PASOK: la voluntad de seguir adelante con las políticas de austeridad impuestas desde Bruselas y la desesperada falta de apoyo electoral.

En mi opinión, la situación de Portugal y España se asemeja mucho a lo que ya han vivido Grecia primero e Italia después. La izquierda mayoritaria estaba en el poder al inicio de la crisis en estos dos países y fue desbancada en las elecciones de 2011 por una derecha crecida, muy agresiva en su campaña electoral, muy enfocada en acusar de todos los males a la ineptitud del gobierno saliente, obviando la crisis que asolaba a todo Europa y cuyo origen no había sido nacional sino internacional. El Partido Socialista Portugués (PS) cayó ocho puntos y medio en 2011 y el PSOE quince puntos. La derecha (PP en España y PSD en Portugal) ganó las elecciones de calle, pero sus políticas pro-austeridad no están mejorando las cosas.

El incumplimiento de promesas ha sido dramático y la credibilidad se ha perdido

el primer año de gobierno en ambos países. Portugal acaba de sufrir una crisis de gobierno precisamente por discrepancias en torno al paquete de rescate y la manera de gestionarlo mientras su Presidente pedía una gran coalición para salir de la crisis. La intención de voto para los dos partidos mayoritarios en España está en mínimos históricos. Según datos del CIS, de enero de 2013, el PP tiene una intención de voto del 16% y el PSOE del 17%, un escenario muy griego. En Portugal la situación es menos dramática pero también complicada para la formación de gobiernos. A diferencia de España, el PS ha subido cinco puntos en intención de voto con respecto a sus resultados de 2011, hasta el 35%. El partido en el gobierno (PSD), sin embargo, ha caído quince puntos, y su socio minoritario (CDS-PP) ha perdido un tercio de sus apoyos de 2011, desde 8,2% hasta 5,6%.

Dos casos (Grecia e Italia) no hacen una pauta pero las similitudes con España y Portugal son fuertes. La gran coalición es la única manera en la que los partidos hasta ahora mayoritarios en España y Portugal podrán seguir gobernando, ya que, a no ser que haya un cambio de tendencia económica antes de las próximas elecciones, algo altamente improbable incluso para el FMI, la izquierda y la derecha mayoritaria en estos dos países va a dejar de serlo y la fragmentación del sistema de partidos será total. No olvidemos, además, que la gran coalición es la fórmula preferida por la cancillería en Berlín y por las instituciones europeas y el FMI, la Troika de los acreedores, ya que es la fórmula que da más estabilidad, no ya a los gobiernos, que eso está por ver, sino a las políticas de austeridad, que es lo que les importa. Sin “grandes” coaliciones en el sur de Europa, nuestros acreedores tendrían que enfrentarse a gobiernos formados por partidos más extremos, partidarios de abrogar los Memorandum of Understanding o incluso de declararse en bancarrota. Para los acreedores, éste sería un escenario inaceptable. Por eso, que no nos pille de sorpresa si en 2015, si no antes, Portugal y España se unen a la moda de las grandes coaliciones.

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Sonia Alonso es investigadora en el Wissenschanftszentrum Berlin fur Sozialforschung (WZB). Su último libro es Challenging the State. Devolution and the Battle for Partisan Credibility (Oxford University Press, 2012)

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