En el tardofranquismo, Buero Vallejo y Vizcaíno Casas jugaban al mus todos los sábados. Un republicano prisionero en Cuelgamuros y un acérrimo franquista. En la Transición, Santiago Carrillo conversaba en La Clave con Serrano Suñer, y Cristina Almeida se enfrentaba dialécticamente a Blas Piñar. ¿Por qué entonces se veía como normal y ahora no es posible que Aznar y Espinosa de los Monteros dialoguen con Antonio Maíllo y David Uclés? O que no dialoguen, pero que al menos figuren en el mismo cartel.
Hace unas semanas entrevisté al escritor mexicano Juan Miguel Zunzunegui, defensor de las bondades de la conquista de México, y me tocó por tanto darle la réplica y sembrar de dudas sus argumentos. Entonces fueron la derecha y la ultraderecha (a veces me cuesta distinguirlas) las que salieron en tromba acusándome de ignorante y antiespañol. Lo primero lo acepto. Lo segundo no.
El pasado miércoles me posicioné en contra de la cancelación de unas jornadas en Sevilla sobre la guerra civil con un título para mí desafortunado, La Guerra que perdimos todos. Entre signos de interrogación quizás fuese más asumible. Entonces me tocó la barahúnda de la izquierda y de los que están un poco más allá de la izquierda. Debo de ser un equidistante, a pesar de que en no sé cuántos artículos he dejado clara mi respuesta a la pregunta de estas jornadas sevillanas: No, la guerra la ganaron los fascistas, los que la provocaron, y la perdieron los republicanos, es decir, los demócratas. Y siguieron perdiéndola 40 años más.
Acomodarse a tu zona de confort ideológica es el principio del fin de un pensamiento libre e independiente
Nos hemos vuelto una España esclerótica, pero no renuncio a que encontremos una vacuna. Eso me parecían estas jornadas, con un plantel equilibrado y un título desequilibrado. Hubiera ido encantado a decirlo y a debatir. ¿De verdad hay que hacer un veto por este título, aunque nos provoque rechazo? ¿De verdad que el expresidente de gobierno de un sistema democrático no puede dar su opinión?
Cada uno es hijo del ambiente en el que ha crecido. El mío es de izquierdas, pero, antes aún, es demócrata. Por eso último (y no por lo primero) mi padre fue a la cárcel en el final de la dictadura. Por eso hay escenas que me repelen, como la quema de libros o las presiones para cancelar unas jornadas de debate con ponentes de distintas tendencias. Suspender esas jornadas no es una victoria, es una derrota. Esta sí, de todos.
Nos estamos acostumbrando demasiado al abrazo del oso, a los corsés de los marcos ideológicos de los 'nuestros'. Lo más difícil es contrariar a los que en general piensan como tú, pero a veces no solo es necesario, es imprescindible. Si no, estás muerto. Acomodarse a tu zona de confort ideológica es el principio del fin de un pensamiento libre e independiente.
En esta polémica alguien que se define como historiador me ha calificado de heredero de Fraga. En fin... Solo se me ocurrió preguntarle si de las propiedades de Perbes me tocaba algún lote.
He leído también argumentos serios y ponderados a favor de esta cancelación, como la del director editorial de este medio, que entiendo y me hacen dudar, pero al final puede más lo que has aprendido en casa. Somos una familia de heterodoxos. Le agradezco a Jesús Maraña que haya aceptado publicar este artículo, incluso sin leerlo previamente, pero sabiendo que (sin que sirva de precedente) íbamos a estar en desacuerdo.
Rechazo de plano el impresentable acoso ultra que está sufriendo David Uclés y comprendo también sus razones para descolgarse de estas jornadas, aunque tampoco las comparta. Solo temo que un escritor brillante y prometedor, que ha sacudido para bien el panorama literario español, acabe asfixiado por el abrazo del oso.
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Xabier Fortes es periodista, director y presentador de 'La Noche en 24 Horas' de TVE.
En el tardofranquismo, Buero Vallejo y Vizcaíno Casas jugaban al mus todos los sábados. Un republicano prisionero en Cuelgamuros y un acérrimo franquista. En la Transición, Santiago Carrillo conversaba en La Clave con Serrano Suñer, y Cristina Almeida se enfrentaba dialécticamente a Blas Piñar. ¿Por qué entonces se veía como normal y ahora no es posible que Aznar y Espinosa de los Monteros dialoguen con Antonio Maíllo y David Uclés? O que no dialoguen, pero que al menos figuren en el mismo cartel.