Ciencia, industria y competitividad en España

La evaluación del sistema español de ciencia y tecnología es objeto de análisis dinámicos por parte de la Fundación Alternativas desde hace años. Este año se ha presentado el quinto informe. En él se han plasmado las predicciones de informes anteriores. Los drásticos cambios en el sistema internacional, con la irrupción de nuevos agentes en la toma de decisiones: las grandes tecnológicas, China y los actores secundarios, Rusia, la Unión Europea y los países gigantes emergentes, Brasil, India y Turquía, amenazan la tradicional supremacía norteamericana, vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién va a convertirse en el principal suministrador de las nuevas tecnologías? La IA, biotecnología, telecomunicaciones, software y materiales innovadores, entre otras áreas de ciencia, se han convertido en un campo de competencia y, sobre todo, van a definir quién tiene independencia tecnológica y quién va a ser comprador y vendedor de innovación en los próximos años en el mundo. Los avances científico/tecnológicos se han convertido en la base de una pugna, no amistosa, con episodios de guerra fría y caliente. El salto del desarrollo científico-tecnológico, tanto académico como industrial, a la geopolítica ya es un hecho consumado.

En España, con todas las dificultades que haya, que las hay, tenemos una serie de áreas científicas con un desarrollo equiparable al de nuestros socios competidores de la UE, y podemos ayudar a que Europa pueda competir en la pelea que se ha desatado, dentro del pelotón de la carrera, por el dominio industrial de los próximos años. Las comunicaciones, la biotecnología, sanitaria y agroalimentaria, los nuevos materiales para semiconductores, el software y la IA, entre otras, son áreas estratégicas en las que España puede competir con nuestros vecinos europeos, ayudándolos, a la vez, a tener una presencia en la competición internacional, fundamentalmente la chino-norteamericana. Por otra parte, el intento ruso de recuperar la política exterior de la extinta URSS y del Imperio de los zares, pero con una tecnología más retrasada y un arsenal atómico heredado, los convierte en más peligrosos. En ese esfuerzo europeo se hace necesario reorientar los objetivos estratégicos hacia la seguridad, ante el aparente agotamiento del dividendo de la paz en el que se habría sustentado el modelo vigente hasta hace muy poco tiempo.

Los avances científico-tecnológicos se han convertido en la base de una pugna, no amistosa, con episodios de guerra fría y caliente

Vivimos momentos en los que preservar la seguridad implica atender a la defensa convencional, y también a la amenaza híbrida, por lo que el desarrollo de una mayor capacidad de defensa en la UE y en España implica revisar cómo disminuir la dependencia científico-tecnológica y qué implicaciones tiene el uso de, por ejemplo, la inteligencia artificial en la industria, para aumentar la soberanía e independencia. Esto no puede hacerse sin una base científica sólida, acompañada de una relación estable entre la investigación pública (universidades y OPIs) y la industria, bien de base biotecnológica como la farmacéutica, de nuevos materiales, base de los semiconductores avanzados o de cualquier otro tipo. Desde las comunicaciones al desarrollo de vacunas para prevenir las enfermedades que están volviendo a aparecer en Europa por la subida geográfica de los vectores, desde las zonas más cálidas, cerca del Ecuador, debido al aumento global de las temperaturas. Las enfermedades víricas como las producidas por el zika, el dengue, la fiebre del Nilo Occidental o la fiebre amarilla, entre otras, están volviendo a las zonas de donde fueron erradicadas hace más de un siglo (Europa. Caribe, EEUU, Australia, Canadá, etc.). Resulta una obviedad decir que hay que investigar los mecanismos de estas patologías para poder prevenirlas y conseguir vacunas o mejorar las que hay. Como que hay que dedicar esfuerzos a las resistencias frente a los antibióticos o a la protección de las cosechas o a los chips de grafeno (¿sabe alguien que estamos muy avanzados en los estudios sobre este nuevo material?). En conjunto, debemos entrar, y tenemos los mimbres para hacerlo, en la primera división de la investigación y el desarrollo europeo en varias áreas de interés estratégico, y ayudar a Europa a tener una voz en el nuevo mundo con reglas imperiales de vasallaje que nos quieren imponer. 

¿Estamos preparados para dar este salto cualitativo? Muchos laboratorios públicos sí. Los responsables políticos no. Los gastos en I+D han estado basados durante los últimos años en el empleo de fondos europeos que ya se terminan. Con los presupuestos nacionales, sin un plan especial de desarrollo, es prácticamente imposible. Todavía más grave es la falta de planes de movilización de las áreas estratégicas: telecomunicaciones, IA, software, nuevos materiales, biotecnología, etc. No es suficiente con los programas actuales. Se trata de eso, de “movilizar efectivos”, bien españoles o extranjeros que den un salto adelante, en las áreas correspondientes. Facilitarles la vida a los cerebros repescados, no solo darles un sueldo, después de una exigente selección. Hay que darles algo más que laboratorios vacíos. Proyectos de iniciación y facilitar que vengan equipos completos. Estas acciones no representarían un gasto inabordable (cuestan menos que el precio de una escuadrilla de aviones modernos) para el Estado. Esto es tanto para el gobierno central como para los de las CCAA.

Hay que modificar, de una vez por todas, la gestión esclerosada de mediados del siglo veinte que es incapaz de ayudar al sistema de ciencia y tecnología a desarrollarse. Dejar los manguitos y la pluma por el ordenador, aunque, aparentemente, los tengan. Pero, lo primero es tener planes a medio plazo que no parece ser el caso en los responsables de la I+D en España. Hay que crear (¡¡todavía a estas alturas!!) una relación fácil con las empresas que van a necesitar una conexión fuerte con las universidades y los OPIs para hacer frente a los retos inmediatos. Y, de forma esencial, tenemos que creernos que el sistema español de I+D+i puede tener una voz importante en unas cuantas áreas estratégicas en Europa. La UE tiene problemas de liderazgo, pero los países grandes, y España lo es, tienen la obligación de ponerse en marcha, arrastrando al resto, para no ser excluidos por los imperios que quieren adueñarse del futuro de la innovación y la influencia social. Nos jugamos no solo la independencia en la innovación, sino también la pervivencia de los valores democráticos que están siendo puestos en peligro por los imperios nacientes. Sin complejos, como ellos dicen.

_____________________________________

Vicente Larraga es profesor de Investigación “ad Honorem” del CSIC y analista de la Fundación Alternativas.

La evaluación del sistema español de ciencia y tecnología es objeto de análisis dinámicos por parte de la Fundación Alternativas desde hace años. Este año se ha presentado el quinto informe. En él se han plasmado las predicciones de informes anteriores. Los drásticos cambios en el sistema internacional, con la irrupción de nuevos agentes en la toma de decisiones: las grandes tecnológicas, China y los actores secundarios, Rusia, la Unión Europea y los países gigantes emergentes, Brasil, India y Turquía, amenazan la tradicional supremacía norteamericana, vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién va a convertirse en el principal suministrador de las nuevas tecnologías? La IA, biotecnología, telecomunicaciones, software y materiales innovadores, entre otras áreas de ciencia, se han convertido en un campo de competencia y, sobre todo, van a definir quién tiene independencia tecnológica y quién va a ser comprador y vendedor de innovación en los próximos años en el mundo. Los avances científico/tecnológicos se han convertido en la base de una pugna, no amistosa, con episodios de guerra fría y caliente. El salto del desarrollo científico-tecnológico, tanto académico como industrial, a la geopolítica ya es un hecho consumado.

Más sobre este tema