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Nuevos tiempos para la enfermedad mental

Cartel de una unidad de salud mental en un hospital.

Javier Alfonso Cendón

“Lo difícil de tener una enfermedad mental es que la gente quiere que te comportes como si no la tuvieras”. Algunos solo sabemos de esta realidad por el cine: Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975), ¡Átame! (Pedro Almodovar, 1989) o Doce monos (Terry Guilliam, 1995). Y ahora, gracias a Dani de la Orden que ha estrenado a finales de febrero en Netflix Loco por ella, de donde se extrae la frase de apertura de esta columna. Bien podría ser la conclusión de una persona destacada dentro del mundo de la psicología; sin embargo, la pronuncia la paciente de un centro de salud mental protagonista de dicho filme. Una mujer maniaco depresiva. Una escena de ficción, pero que refleja una realidad tan latente como constante.

Un ejemplo positivo por la visibilización que supone. Es hora de que entendamos que las enfermedades mentales son tales, y por ende deben tratarse de forma especializada.

Los problemas mentales afectan, y mucho, a quien los padece. A su entorno también, pero es necesario comprender que una taza de Mr Wonderful y la más positiva de las actitudes no pueden cambiar una enfermedad que necesita diagnóstico y tratamiento.

Especialmente en un momento en el que el trastorno antisocial, el estrés, la ansiedad y la depresión han aumentado de manera exponencial como consecuencia de la pandemia, es nuestra responsabilidad seguir eliminando tabúes e impulsar una comunicación activa con las asociaciones dedicadas a visibilizar estas dolencias.

Pero, además de trabajar en la concienciación de la sociedad, en centros educativos y desde la infancia para evitar que se generen estigmas especialmente en épocas y hacia personas vulnerables, también es necesario actualizar la Estrategia de Salud Mental desde el ámbito político. Un compromiso adquirido en el pleno del Congreso de los Diputados de la mano del presidente Sánchez, y que el Ejecutivo engloba dentro de los objetivos de la Estrategia Nacional de Salud Mental. Un pilar esencial en nuestra sanidad, que las políticas sociales desarrolladas desde el Gobierno reforzarán ampliando las líneas de acción que proporcionen atención de forma rápida y ecuánime.

Para los socialistas la atención a la salud mental siempre ha sido un objetivo clave a la hora de salvaguardar la dignidad y las libertades fundamentales de los enfermos que las padecen. Por ello, los gobiernos del PSOE, primero con González, después con Zapatero y ahora con Sánchez, han potenciado planes específicos para coordinar de forma efectiva los servicios que permiten mejorar la atención sanitaria y la integración social de estos pacientes. También a través de la ciencia, de los diferentes organismos y centros de investigación dedicados a tecnología e innovación para que la atención que reciben esté siempre basada en las mejores evidencias científicas.

De hecho, tanto el Programa Marco de Investigación de la UE “Horizonte Europa”, como el Gobierno de España a través de las convocatorias de la Acción Estratégica en Salud (AES) consideran la salud mental como una de las líneas prioritarias de investigación.

Pero la enfermedad mental, según la última Encuesta Nacional de Salud ENSE 2017, afecta en España a más de una de cada diez personas de edad superior o igual a los 15 años. Y con estos datos no podemos esconder que la salud mental es una prioridad global, tan sensible que necesita una mejora urgente para evitar que estas enfermedades degeneren en una dolencia social crónica. Un peso que podemos evitar, con acciones y estrategias directas a las que todavía les queda un largo recorrido, pero que ya cuentan con avances reconocidos en prevención y control.

Y, por supuesto, la normalización pasa también por aprender a convivir con ellas, aunque a veces no consigamos entenderlas. Sin apartarlas, asumiendo que pertenecen a este mundo de la misma forma que lo hacen otras enfermedades que no nos cuestionamos y que, incluso, están mejor aceptadas que los trastornos mentales debido a los prejuicios y la desconfianza que provoca en los seres humanos lo desconocido. A pesar de que, según la Organización Mundial de la Salud existen más de 400 tipos.

En la película de Dani de la Orden se habla de patologías como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), la esquizofrenia y el trastorno bipolar o síndrome de Tourette, pero quizás cada uno de nosotros, de forma o no consciente, es capaz de identificar alguna otra más, ligada de forma íntima a nuestro día a día, cercana a nuestro entorno y tan recurrente que no categorizamos ni nos gusta incluir en este saco.

Nuestra sociedad avanza y salvo excepciones, cada vez nos resulta más fácil interactuar con los demás, aunque en ocasiones se descuida la calidad de esa relación, el mínimo de empatía para ponerse en el lugar del otro. Comparar la respuesta social de las enfermedades mentales actualmente con la de los ciudadanos y ciudadanas de hace décadas no tendría sentido puesto que somos muchos y muchas los que luchamos por la inclusión total, por un acceso justo y seguro hacia unos derechos ecuánimes para todos, en los que como leitmotiv desde que el coronavirus contaminó nuestras vidas "no vamos a no dejar a nadie atrás".

Por eso detestamos ese miserable “vete al médico” que la semana pasada protagonizó portadas haciendo viral un comentario fuera de lugar de un político del PP hacia otro de Más País, después de que este defendiese el refuerzo necesario hacia la atención de la salud mental. Aspiramos a eliminar ese tipo de comentarios de todas las esferas en las que, desgraciadamente, y sin la mesura cívica imprescindible, se escucha con frecuencia.

Buscamos de forma abierta nuevos tiempos para la enfermedad mental, para que cuando llegue el próximo 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, nuestros motivos sean de especial celebración.

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Javier Alfonso Cendón es diputado por León y portavoz de Ciencia del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados

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