Venezuela, pobre país rico

He tardado mucho en animarme a escribir estas líneas y he dudado si hacerlo o no, porque sé que me puede el sentimentalismo, el cariño al país que me vio nacer y porque la indignación que me ha invadido hasta el bulbo raquídeo me hizo perder los estribos. He necesitado unos días para serenarme, reflexionar e intentar acercar mi visión por si a alguien le sirve de algo. También porque aclaro mis ideas sobre el papel. Se ha escrito mucho en estos días por analistas y politólogos, a los que no puedo hacer competencia, por eso intentaré exponer un punto de vista quizá más cercano al pueblo que a las políticas imperiales y coloniales que nos dominan.

Nací en Caracas gracias a la generosidad de un país que acogió a mis padres y a muchos exiliados republicanos. Tuve una infancia que los niños españoles no pudieron tener, y en eso me considero una privilegiada. No tuve cartillas de racionamiento, no pasé hambre y fueron unos años llenos de color y prosperidad, con un sistema democrático que, salvo los años de la dictadura de Pérez Jiménez (1952-1958), se mantuvo de manera constante, a su manera, con su correspondiente dosis de corrupción y violencia callejera. Aun así, Venezuela era casi casi el paraíso, un país alegre, rico y próspero, más cerca del primer mundo, en aquel momento, que la propia España.

Mis estudios allí estaban más avanzados, había seis canales de televisión cuando aquí todavía no existía, el país daba y sigue dando una riqueza de recursos y de naturaleza exuberante que, para hacerse una idea, los alcorques de las calles en Caracas los recuerdo con los árboles del mango, a los que trepábamos para coger sus frutos y nos los comíamos a bocados, subidos a horcajadas en las ramas sin tener que pagar por ellos.

Había mucha miseria y pobreza, también, como en toda América del Sur (y en el Norte), propiciada por una oligarquía criolla que controlaba los recursos y que vivía de espaldas a los indígenas y a los negros o mulatos, o sea, la mayoría de la población, despreciando su cultura y su idiosincrasia, con una visión colonialista que venía del otro lado del océano, de cuando éramos conquistadores que nos creíamos superiores al resto.

Venezuela brindó oportunidades a los que tuvieron que salir de nuestro país y de otros

Una visión muy europea que sigue subsistiendo, no solo en la oligarquía venezolana, también entre los españoles. Y si no, que les pregunten a todos ellos cómo somos los españoles cuando vamos a sus países, bien de turistas, bien para trabajar. Venezuela fue un país que brindó oportunidades a los que tuvieron que salir de nuestro país y de otros. Un ejemplo: hay una comunidad siria importantísima. Desde niña fui consciente de esas desigualdades, me imagino que por educación paterna y, al ser hija de exiliados, me vacunaron contra el desprecio a los indígenas y a la mayoría de la población, e hicieron que me fijara en los miles de ranchitos, una ciudad paralela sin las oportunidades que yo tenía, que habitaba en las laderas del monte Ávila rodeando la capital, con unos índices de miseria y falta de escolaridad impresionante, con la violencia subsecuente.

Aun así, el pueblo venezolano es básicamente pacífico. Hasta ahora no se ha visto inmerso en una guerra civil, pese a las múltiples provocaciones de los últimos años y pese a la intervención imperialista de Trump el día 3 de enero. Solo la oposición, la que hemos oído, de derecha y de ultraderecha, ha vociferado como si solo quisieran mostrarnos la debacle. No dudo que sea cierto, porque siempre que un país es sometido a embargo por parte de Estados Unidos, las consecuencias son desastrosas para la población y después es muy fácil echar la culpa al gobierno. Si no, recordemos, aunque sea por encima, al Chile de Allende y cómo lo colapsaron. No conozco, no tengo noticias al menos de una oposición al chavismo por la izquierda. Todo lo que llega de información es de un sector y los bulos o las informaciones siempre las he tratado con mucho cuidado, máxime cuando veo que la derecha de nuestro país también considera a Pedro Sánchez un dictador corrupto, ligado al narcotráfico y a la prostitución. ¿Los mismos argumentos?

Como ciudadana de un mundo que cada vez me gusta menos y como española nacida en Venezuela me ha supuesto una gran indignación ver cómo han presentado esposado y maniatado al presidente de un país soberano, por mucho que no me guste. Tampoco me gusta Macron, ni Meloni, ni Putin ni Netanyahu y no creo que secuestrar a un presidente sea la mejor forma de resolver los conflictos ni de explotar recursos ajenos. Me ha parecido humillante cómo Estados Unidos, su gobierno, se ha saltado una vez más el derecho y los organismos internacionales, así como el propio Congreso norteamericano. Sé que no soy la única ofendida con este atentado a todo el funcionamiento legal y a la soberanía nacional de Venezuela, porque hay mucho sentimiento antiimperialista, porque hemos visto muchas tropelías y numerosas pruebas de lo que supone la “intervención” norteamericana: Corea, Vietnam, Panamá, Chile, Irak, Afganistán y un largo etcétera, sin olvidar el apoyo incondicional a Israel que ha supuesto el mayor genocidio a la vista del público cometido contra el pueblo palestino. Eduardo Galeano decía que “cada vez que Estados Unidos ‘salva’ a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o en un cementerio”.

Como española nacida en Venezuela me ha supuesto una gran indignación ver cómo han presentado esposado y maniatado al presidente de un país soberano, por mucho que no me guste

Ahora ya se no se miente. No se actúa en nombre de la “democracia o la libertad”, ni de las armas de destrucción masiva. Ahora se va por la cara. Si algo podemos afirmar de Trump es que lo dice abiertamente: quiere el petróleo, quiere el control. ¡Pobre país rico! ¡Pobres todos los países que tengan riqueza!

No voy a ahondar en los argumentos que se han ido barajando estos días, ni el consabido tema de los petrodólares, de las tierras raras que el capitalismo tecnológico también necesita. Quiero poner el foco en algo que he advertido en las discusiones que he tenido y a los argumentos que he escuchado por parte de ciudadanos bien pensantes de este país, y también de gente de izquierdas: que es una aberración, claro, pero que Maduro es un dictador y que está comprobado que es el jefe del narcotráfico. ¿Comprobado? ¿Por quién? ¿Cómo es posible que se use el mismo argumento que utiliza la derecha en nuestro país contra Pedro Sánchez, pero esta vez desde la izquierda y aceptándolo? Tenemos pocos datos, yo también, y hasta ahora la oposición al chavismo la hemos oído por parte de la derecha, no he oído una crítica desde la izquierda venezolana al chavismo que nos lo explique. Yo tampoco soy quién, pero es significativo que, por mucho que han vociferado, por mucho que hayan pedido a Estados Unidos una intervención militar, cuando ésta se da, la oposición se ha quedado fuera de juego, con cara de sorpresa, bajo el argumento de que “no despiertan simpatías en su propio país ni lo controlan”

¿Los ganadores de las últimas elecciones que Maduro no quiso reconocer y que incurrió en fraude electoral, ellos, precisamente ellos, no controlan la mayoría del país? ¿No es una forma implícita de avalar el régimen chavista, lo mismo que negociar con Delcy Rodríguez?  A mí, particularmente me ha hecho reflexionar. Y que conste que, al no querer presentar las actas electorales en el 2024, pensé que había habido pucherazo. Ahora me lo cuestiono.

Todo esto no significa que apoye a Maduro. No me cae bien. Me parece que cayó en un autoritarismo de izquierdas, por llamarlo de alguna manera, para defenderse en el poder, pero también he intentado muchas veces, a lo largo de estos años, desde que se instauró el chavismo, ponerme en el lugar de la mayoría real del pueblo venezolano, al que se le quiso devolver una dignidad negada por sus propios dirigentes; he intentado ver la situación bajo otro prisma y no bajo la mentalidad, todavía colonial, de occidente, mucho menos desde el mismo punto de vista de la ultraderecha venezolana, y no entiendo que tras esa agresión imperialista haya salido a celebrarlo en las calles. ¿Están tontos o qué? Corre por las redes un vídeo de venezolanos que salieron en Estados Unidos a celebrar el secuestro de Maduro y han sido detenidos por inmigrantes para ser deportados a Venezuela o a un lugar peor. Desde luego, el país no es ahora más libre con la intervención norteamericana y el secuestro de Maduro, sino todo lo contrario. También diré que Hugo Chávez intentó desarrollar un Estado del bienestar a la europea, pero con una oligarquía racista y una burguesía a la que incomodó porque, de repente, la obligaron a pagar impuestos. Lo sé por muchos venezolanos que viven ahora en España y que no estaban dispuestos a pagarlos, aunque aquí se benefician del Estado del bienestar que hemos construido con los nuestros. 

La nacionalización del petróleo vino de la mano de Carlos Andrés Pérez, no del chavismo

Mientras, allá, en Venezuela, se construyeron viviendas sociales, hubo campañas de alfabetización incluso usando cuarteles militares donde no había escuelas. ¡Qué derroche!, pensaron algunos. Y que conste, la nacionalización del petróleo vino de la mano de Carlos Andrés Pérez, no del chavismo. La oligarquía y la burguesía criolla, racista y clasista a unos niveles muy superiores a lo que vemos en España, no perdonó que Chávez fuera “indito”, para ser sustituido por un “mono” (de chimpancé). ¿Cómo podían ser ellos, precisamente ellos, quienes gobernaran el país? Ya pudo Carlos Andrés Pérez saquear las arcas del Estado, que no despertó nunca tanta inquina, aunque le tocara los cojones al imperio al nacionalizar el petróleo, pero era aliado de occidente y, además, blanco. Para más inri, cuando Chávez muere le sustituye Maduro, ¡un mulato!, sin su carisma, mucho más acorralado y más autoritario. No me gustan los autoritarismos, y me gustaría que a todos se les juzgara por el mismo rasero. Trump es mucho más autoritario y mucho más dictador de lo que es o ha sido Maduro, aunque sea un presidente elegido democráticamente. Netanyahu es directamente un genocida. Y no hablo de otros de América latina o de Europa, a las puertas de caer en totalitarismos de ultraderecha, nuestro auténtico enemigo en la actualidad, por mucho que nos llenen la boca con el comunismo, el chavismo y otros ismos. 

La izquierda a nivel mundial anda desorientada, desarbolada, sin saber dar respuesta a lo que se nos viene y ha participado, a lo largo del siglo pasado, del totalitarismo y autoritarismo allí donde ha gobernado, ha estado inmersa en esa forma de ejercer el poder. Somos supervivientes de un mundo dividido en bloques que ya no existe y nos van ganando por goleada. Por eso hay que tener muchísimo cuidado con no comprar bulos o informaciones tendenciosas. Si no compramos bulos del presidente español sobre corrupción o prostitución y drogas, si no compramos bulos que han corrido sobre Podemos, sobre Compromís, no compremos bulos tampoco para países de los que tenemos poca información, o al menos, que los cuestionemos. Insisto:  a mí no me llegan las críticas de izquierdas al gobierno chavista, y las habrá. Las que llegan se parecen tanto a las del PP y VOX que es mejor recelar de ellas. 

He condenado crímenes cometidos en nombre de la democracia y la libertad, y no por ello me defino como antidemocrática o autoritaria. Y aunque el llamado “comunismo” o gobiernos de izquierdas hayan cometido muchos crímenes, no me considero ni anticomunista ni de derechas. Sé desde qué perspectiva critico y no quiero que me alineen con posiciones de la ultraderecha ni con las imperialistas. Quiero que alguien me explique qué hace Europa, que no solo no condena lo que ha hecho Trump en Venezuela, salvo alguna honrosa excepción, sino que además exige que para la reconstrucción venezolana se cuente con la oposición. ¿Qué oposición? ¿La de Corina, Edmundo González o Guaidó? ¿La que ni siquiera Trump quiere pese a que la susodicha esté dispuesta a compartir el premio Nobel con él? Vaya vergüenza. 

En unos cursos de verano de la Universidad Complutense en El Escorial sobre África y literaturas africanas, salieron a relucir las ayudas al desarrollo que occidente viene aplicando sobre el continente, así como el papel de las oenegés que operan sobre el territorio. Había allí algunas de esas personas, con muy buena intención, que se vieron criticadas por los africanos que asistían al curso. En un momento dado, una de ellas, cuando vio tanto cuestionamiento, se le ocurrió preguntar: si todo eso no vale ¿qué podemos hacer por vosotros? Y uno de ellos le contestó: dejadnos en paz. Allí se reflejó claramente esa mentalidad colonial de la que participamos, incluso los que trabajan en oenegés con su, a menudo, espíritu redentor, que es diferente al espíritu de ayuda. Desde luego que es difícil cuando vemos lo que está ocurriendo en el mundo y la cantidad de pueblos, me acuerdo sobre todo del palestino, que necesita que le ayuden, pero sobre todo, que le dejen vivir en paz. Sé que es una raya fina, difícil de separar en momentos como estos, lo mismo que es difícil la raya que separa la solidaridad de la caridad. 

¿Cómo se van a retratar los Guaidós, Corinas, Edmundos y demás raleas? ¿Seguirán apoyando al imperialismo o serán capaces de defender la soberanía nacional?

Me apena pensar que el pueblo venezolano, que nunca ha caído en una guerra civil, le inciten con esta agresión imperialista para que la tenga. Ha habido guerra civil en Colombia, en Honduras, en Guatemala… pero no en Venezuela. Y me ha sorprendido el nivel de civismo del pueblo venezolano, que los medios de comunicación han calificado de “desorientación” ¿Por qué? ¿Porque pese a su pobreza y lo mal que lo están pasando han mantenido la calma y no se han dedicado a saquear tiendas ni asaltar bancos? Eso no es desorientación, es civismo, es saber aguantarse y salir pacíficamente a la calle. (Me imagino que la oposición derechista dirá que es por represión). Ojalá puedan superar este envite sin ceder ante lo que Trump quiere. ¿Cómo se van a retratar los Guaidós, Corinas, Edmundos y demás raleas? ¿Seguirán apoyando al imperialismo o serán capaces de defender la soberanía nacional? Vaya por adelantado toda mi admiración y apoyo al pueblo venezolano, a su independencia y a que sean ellos quienes gestionen sus recursos naturales como les dé la gana, aunque sea de manera obsoleta. 

Las caídas de los imperios a lo largo de la Historia conllevan tiempos difíciles, oscuros y convulsos, con un gran sufrimiento humano. Y en mi opinión, asistimos a la caída de un imperio, el americano, que tardará más o menos, no se sabe, pero es su derrumbe mientras que el tablero se reajusta y los nuevos imperios piden su lugar en el reparto de la tarta. Entre ellos, China, que ha ido ganando por la mano a Estados Unidos en muchos lugares de América Latina y a Europa en muchos países africanos. Lo van haciendo de otra manera, no digo que mejor ni peor, sino diferente, aunque tanto Rusia como China son dos imperios en competencia que ninguno de ellos se caracteriza por la defensa de los Derechos Humanos ni por consolidar las democracias en sus países. No es muy alentador, pero es la realidad, con lo cual la opción que nos queda a los ciudadanos parece que es la de hacer de muro de contención, hacer lo que decía un líder de la derecha pero al revés: que cada uno haga lo que esté en su mano para frenar la barbarie, las guerras y genocidios, los intereses espurios y vergonzantes, la falta de respeto a los pueblos, que no cejemos en el empeño, que pensemos y combatamos los bulos y las mentiras de alrededor. Según estoy escribiendo estas líneas me encuentro con una noticia del New York Times en la que se afirma que EEUU suaviza su acusación contra Maduro y cuestiona la existencia del Cártel de los Soles; o sea, el gobierno Trump está reformulando la acusación como un caso de corrupción estatal (sic), y no como un cártel de la droga, algo que parecía eje central para su secuestro y detención. (Ver el New York Times del 6 de enero, el artículo de Charlie Savage)

Trump está haciendo bueno a Maduro. Va sin engaños. Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. Ahí está Groenlandia. No creo que vaya a por Cuba, por mucho que diga, porque es pobre y continuando con el bloqueo la mantienen a raya. También ha dicho que la Unión Europea no debería existir.  En momentos de claroscuros, surgen los monstruos. Gramsci dixit. 

Sólo me queda solidarizarme con mis compatriotas y pedir que no juzguemos con ligereza, superioridad o frivolidad a un gobierno y a un país que fue capaz de acoger a los españoles cuando lo necesitamos. Se lo debemos. 

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Carmen Peire es escritora. Su último libro es 'Mapas de asfalto(Menoscuarto).

He tardado mucho en animarme a escribir estas líneas y he dudado si hacerlo o no, porque sé que me puede el sentimentalismo, el cariño al país que me vio nacer y porque la indignación que me ha invadido hasta el bulbo raquídeo me hizo perder los estribos. He necesitado unos días para serenarme, reflexionar e intentar acercar mi visión por si a alguien le sirve de algo. También porque aclaro mis ideas sobre el papel. Se ha escrito mucho en estos días por analistas y politólogos, a los que no puedo hacer competencia, por eso intentaré exponer un punto de vista quizá más cercano al pueblo que a las políticas imperiales y coloniales que nos dominan.

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