¡Insostenible!

Rajoy y el carbón se quedan

Mina de carbón en España.

Alberto Rosado del Nogal

La pasada cumbre del clima de Bonn (COP23) se iniciaba con la baja significativa de la primera potencia mundial y el segundo gran emisor de CO2 del planeta: los Estados Unidos de Donald Trump.

Sin embargo, el foco de atención no se debe poner, desde nuestro país, en un negado y negacionista Donald Trump, sino en un cegado e inmovilista Mariano Rajoy. Si ya en la cumbre del clima de París de 2015 el paso de España fue con pies de plomo, en Marrakech 2016 Rajoy ni siquiera tomó el micrófono en el plenario. España quedó relegada a una mera gestora de los acuerdos tomados por otros, como un menor de edad obedece a sus tutores legales. Pareciera, por la actitud de nuestros representantes, no solo que ignoramos el problema sino que no nos afectara. Quizá sea por la sombra de primos cercanos que niegan la ciencia natural y el cambio climático, o por el misterio de la lluvia que, según Rajoy, cae del cielo y nadie sabe por qué. El caso es que la realidad apunta a otros escenarios más preocupantes.

Solo en el mundo hay ya más de 64 millones de personas que se han visto obligadas a desplazarse a causa del clima y de cambios transcendentes en su medio ambiente, bien por la deforestación de sus bosques, por la desertificación de sus suelos o por catástrofes derivadas de los desastres naturales. Algunos estudios muestran que este fenómeno de cambio climático, entre otros, promueve y agudiza conflictos tan inhumanos como la guerra civil siria, en donde buena parte de la población se vio obligada a desplazarse, añadiendo estrés a una olla a presión que explotó en la peor de las direcciones.

¿Y en España?

Según la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, las zonas susceptibles de sufrir desertificación son las áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Los siguientes dos mapas, elaborados por el Ministerio de Medio Ambiente muestran, en primer lugar, la aridez de nuestros suelos y, en segundo, el riesgo de desertificación de nuestro territorio.

 

 

Pese a estos mapas que muestran que ya el 75% de nuestro suelo es susceptible a la desertificación, España no ha tenido representación, este año, en la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación celebrada en China. No es necesario mencionar las terribles consecuencias para nuestra ganadería y agricultura que supone tener un suelo poco o nada fértil en las próximas décadas.

Por otro lado está la calidad del aire, que empeora debido a las emisiones mundiales Gases de Efecto Invernadero (GEI) pero, sobre todo, y para centrarnos en España, de las nuestras. Según el INE, las emisiones de GEI aumentaron en 2015 con respecto a  2014 en un 3.5%, por lo que durante dos años consecutivos han subido en vez de bajar. Esto es: cada año contaminamos más. En el siguiente gráfico se observa una gran bajada de emisiones hasta 2013 debido, fundamentalmente, a la crisis económica. Sin embargo, la tendencia actual  es la de contaminar más y las políticas de Rajoy no apuntan a remediarlo, sino a todo lo contrario.

 

Según un estudio de GBD (en español Carga Global de Enfermedad) en el que participaron 644 científicos del todo el mundo  —algunos de ellos de Institut de Salut Global— en Barcelona, en nuestro país, al menos, mueren cada año 15.000 personas por causa de la contaminación atmosférica. Cifras de extrema preocupación que no ven respuesta por parte de nuestros políticos.

¿Y qué se acordó en Bonn?

Quizá la pregunta más acertada es qué no se acordó. Ni ha habido acuerdo en el llamado Diálogo de Talanoa que busca dotar de mayor transparencia a los criterios de actuación y revisión de las medidas de todos los países, ni ha habido acuerdo para el fondo verde propuesto ya en Copenhague 2009 y ratificado en París 2015: 100.000 millones anuales para financiar planes de adaptación y mitigación a los países en vías de desarrollo. ¿Pero cómo se llegará la cantidad acordada una vez EEUU ya ha proclamado que se sale del acuerdo y que, por tanto, no aportará nada al fondo? Son 100.000 millones, pero, ¿acaso es esto suficiente? Si pensamos que el rescate bancario va a suponer en España y solo en España una pérdida de más de 40.000 millones de euros, ¿qué supone para el mundo solo algo más del doble de esa cantidad?

Al menos sí se acordó introducir la perspectiva de género y la voz de diferentes comunidades indígenas en las futuras negociaciones. Un hecho que apunta, sin duda, a una acción más plural.

El papel de España en Bonn: Rajoy y el carbón se quedan

Una vez más Rajoy dejó claras sus prioridades en cuanto al cambio climático no apareciendo en la Cumbre del Clima de Bonn. Merkel y Macron, en cambio, sí acudieron y tomaron posiciones de liderazgo, más o menos acertadas, ante este gran reto y problema. Pero no solo es que Rajoy no esté, sino que España tampoco firmó uno de los acuerdos más importantes de este año: el cierre de las centrales de carbón antes de 2030.

Según un informe del Observatorio Crítico de la Energía en 2014, "el carbón representó el 70% de las emisiones de CO2 asociadas a la generación de electricidad en España a pesar de que solo supuso el 16,5% de la electricidad consumida. Ese mismo año, el carbón fue responsable de aproximadamente un 13% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en España". Y es que por el mismo MWh de electricidad, el carbón emite más del doble de CO2 que el gas natural, convirtiéndolo en la fuente de energía eléctrica menos eficiente –y más contaminante– de todas.

Los datos muestran rutas nítidas: España no solo debe reducir sus emisiones de GEI, sino que, además, debe hacer hincapié en el sector del carbón. Hoy en día es ya absurdo repetir las evidencias tecnológicas y científicas sobre la transición energética. Partidos políticos, ONG's de corte ecologista y numerosos expertos en la materia ya han demostrado que la transición energética es no solo posible, sino deseable. Europa y el mundo promueven cambios transcendentes para luchar contra uno de los mayores problemas que en este nuevo siglo nos espera y, sin embargo, Mariano Rajoy sigue impasible, dudando desde su quietud y abocándonos a la cola del liderazgo. Precisamente, a España, uno de los países más altamente vulnerables al cambio climático de Europa.

La lucha no vendrá por más y mejores datos. Ni siquiera por más y mejores críticas al Gobierno. La lucha política debe darse en otro terreno de juego: la inercia internacional a favor de la conservación y protección de nuestro medio ambiente y la salud pública. E ir más allá, porque los cambios sustanciales que han de darse —transición energética y descarbonización de la economía— no solo suponen una contribución enorme en el marco ambiental, sino una oportunidad de colocar a España en nuevo escenario de eficiencia y modernización de nuestra industria. No estar en un acuerdo que compromete a sus firmantes a frenar el consumo de carbón para 2030 en el siglo XXI y con la Cumbre de París aun rezumando en nuestras cabezas, no refleja solo su inmovilismo sino las claras intenciones del Gobierno de permanecer en el lado conservador, reticente y antiguo.

Las oportunidades de cambio se dan ahora más que nunca: estar con Trump o contra Trump. España eligió hace unas semanas estar del lado de EEUU y contra toda Europa, sin ser consciente de que este cambio llegará, sin importar de la mano de qué actor político. Porque si algo es seguro en este siglo es que el feminismo y el ecologismo estarán muy presentes, porque ya son consensos amplios en la sociedad y porque traen consigo más justicia social y más democracia. Si Rajoy y el carbón se quedaron en España, deberá ser España la que salga fuera a decir que sí, que queremos un país más avanzado, más moderno, más justo y más verde.

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