tintaLibre

Dos años en defensa de ‘nuestro papel’

La noticia es importante, es la propia vida de un periódico. Pero, ¿qué es la vida sin moral? ¿Qué es la vida de un país o de un individuo sin honor, sin corazón y sin alma? Por encima del conocimiento, las noticias y la inteligencia, el alma de un periódico yace en su sentido moral, en su coraje, su integridad, su humanidad, su consideración por los oprimidos, su independencia, su devoción al bienestar público, su anhelo de proporcionar un servicio público”.

Hace más de un siglo que Joseph Pulitzer escribió su conocido alegato Sobre el periodismo (Gallo Nero, 2011), después de haber construido un imperio de periódicos y de haber renunciado a competir con Hearst por las multimillonarias audiencias obtenidas a base del sensacionalismo y de la mentira. Después de haberse rebelado contra “los poderosos intereses financieros” que, ¡ya en el año 1903! amenazaban el derecho a la información de los ciudadanos.

Las palabras de Pulitzer mantienen su vigencia, y adquieren más sentido que nunca en esta era de la globalización digital y financiera. Hemos perdido un tiempo precioso enredados en los oscuros augurios sobre la agonía del papel, en lugar de centrar nuestras energías en la defensa de nuestro papel. Demasiados vaticinios sobre la fecha de defunción natural de los periódicos, y muy pocos manifiestos que denuncien el asesinato en serie de la independencia periodística y, con él, la desaparición del papel del periodismo como columna fundamental del edificio democrático.

Defender nuestro papel por encima de la suerte del papel (por reciclado y ecológico que sea) significa negarse a ejercer de recaderos de poderes económicos o políticos. Los disparos propios en la rodilla de la credibilidad han hecho tanto o más daño a los medios que las consecuencias de una revolución digital mal entendida y muy tardíamente afrontada.

Se cumplen dos años del nacimiento de tintaLibre como hermana mensual y en papel del digital infoLibre. Juntos componen un intento humilde pero sólido de defender el oficio del periodismo y su función cívica y democrática. Como lo hace con éxito en Francia nuestro socio editorial Mediapart, digital de suscripción con más de 100.000 abonados en su séptimo año de vida. Son medios fundados, en Francia y en España, por periodistas que se comprometen a una independencia total de cualquier poder financiero o político puesto que su existencia sólo depende de la confianza de los propios lectores como suscriptores y también como pequeños accionistas.

Quisimos llevar a los quioscos, y a las casas de los socios de infoLibre, una revista mensual sin apenas secciones fijas, sin un menú obligatorio y precocinado de contenidos tasados y ordenados por áreas de interés o conocimiento. Porque el papel del papel (viva el tiempo que viva) tampoco puede ser el mismo tras la revolución digital. La gente necesita, busca y exige historias concretas contadas por gente fiable. Y si es lo que espera y “consume” a través del ordenador, las tabletas o los móviles, con más motivo puede disfrutar la lectura reposada de una gran historia, tamizada además por el placer del tacto, del contacto físico y hasta del aroma del papel.

De eso se trataba y tintaLibre lo está consiguiendo. Sin corsés que limiten su campo de acción, en estos 24 meses ha desvelado aspectos desconocidos de personajes que siguen acaparando una actualidad siniestra, como Rodrigo Rato o Miguel Blesa; de poderosos como el banquero Isidro Fainé o el empresario Borja Prado; de jueces que han marcado la agenda de la política y de la indignación como José Castro o Mercedes Alaya… Ha investigado hasta aportar nuevas claves sobre el tamayazo o el vaciamiento de Iberia, y ha buceado en las profundidades que explican la irrupción de Podemos, el auge del soberanismo catalán o los brotes de xenofobia en España.

Y si reivindicamos el valor del periodismo, quizás lo más difícil es demostrarlo en la apuesta por firmas de calidad en tiempos de precariedad. La colaboración entusiasta y generosa de escritores, reporteros de investigación, sociólogos, politólogos, especialistas en distintos campos, ilustradores, fotógrafos, analistas, artistas, humoristas, poetas… mujeres y hombres de primer nivel en sus disciplinas, en España y en Latinoamérica, escriben en tintaLibre desde el primer día porque comparten nuestro papel.

Los datos que recoge en estas mismas páginas Javier Valenzuela, primer director de tintaLibre, muestran que las cosas para el oficio no han mejorado durante estos 24 meses. No sólo porque continúa el goteo letal de despidos y cierre de cabeceras, sino porque nuestro papel, la función del periodismo en términos democráticos, sufre un acoso todavía más feroz.

Una obviedad: sin democracia no existe prensa libre. Y algo no tan obvio: sin medios y periodistas libres e independientes, la democracia es una farsa, un simulacro, por mucho que exista una aparente pluralidad informativa. Bastaría un repaso al actual esquema de propiedad de los grandes medios en España para concluir que están, fundamentalmente, en manos de sus acreedores. Es muy significativo que el grupo Prisa, durante años referencia periodística para el centro-izquierda (pese a su prioritario objetivo crematístico) tenga entre sus principales accionistas actuales a tres grandes bancos (uno de ellos el HSBC de la lista Falciani), a un sultán de Catar y a dos fondos buitre.

Se podría achacar exclusivamente el problema al fabuloso endeudamiento provocado en los medios por la crisis económica y publicitaria y por las consecuencias de la revolución digital. Pero sería un engaño. Ha ocurrido algo mucho más grave, y tiene que ver con la confusión entre la “crisis del papel” y la de nuestro papel. Ejecutivos al frente de las empresas periodísticas han olvidado por completo el “espíritu público” del que hablaba Pulitzer cuando advertía hace más de un siglo de las amenazas sobre el periodismo. Han rendido culto a la riqueza y han preferido ir vaciando de valor, de contenido y de compromiso cívico el papel de los medios, confundiendo comunicación y periodismo y estableciendo la ecuación letal de que Internet equivale a gratuidad.

Del mismo modo que los propios periodistas deberíamos rebelarnos con muchísima más contundencia en defensa de una radiotelevisión pública verdaderamente autónoma y profesional, no contaminada por intereses políticos, es hora ya de desmontar esas falsas ecuaciones que sólo han conducido al enriquecimiento de algunos y al descrédito de nuestro papel. “Sin la confianza del público, no hay influencia posible”, sostenía Pulitzer. Y sólo desde una independencia radical, utilizando las herramientas digitales pero sin despreciar ningún soporte, podremos recuperar la confianza perdida. Con tintaLibre rendimos culto al papel, pero sobre todo reivindicamos nuestro papel.

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