Marcha atrás en la contrarreforma del aborto

El cálculo electoral de Rajoy liquida la carrera de Gallardón

El cálculo electoral de Rajoy liquida la carrera política de Gallardón

Como pasó hace un par de semanas con Ana Botella. O el pasado enero con Jaime Mayor Oreja. O hace años con Jaime Matas o con Francisco Camps. Mariano Rajoy, reacio a echarse cadáveres políticos a sus espaldas, ha dejado que sea el ya exministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, el que dé un paso atrás y anuncie su marcha después de ver cómo el Gobierno, ese mismo Gobierno que dio luz verde al anteproyecto de reforma de la ley del aborto el 20 de diciembre de 2013, iba dando largas a un texto ya convertido en proyecto de ley hasta anunciar su retirada este martes. Cuenta Gallardón que empezó a tener claro que la iniciativa política a la que había fiado todo iba a morir por el camino a finales de julio o principios de agosto, pero que aguardó hasta tener la confirmación oficial de su jefe. Ésta llegó este mismo viernes.

En el Gobierno y el Partido Popular apuntan oficialmente a la falta de consenso para enterrar la ley del aborto más restrictiva de la democracia. A nadie se le escapa que el consenso ha sido nulo porque barones territoriales y destacados cargos del partido han admitido en público su malestar con el texto inicial. Y que la presión de la oposición y de las asociaciones de mujeres han sido determinantes. Pero para entender el alcance de la decisión anunciada este martes por el presidente del Gobierno hay que meter en la coctelera un elemento más de peso: los cálculos electorales. Los sondeos internos que maneja el PP y que apuntan a que esta reforma iba a hacerles mucho daño en las próximas citas electorales: las municipales y autonómicas de mayo y las generales de noviembre.

Las fuentes consultadas en el PP y en el Gobierno apuntan en esta decisión clave hacia un hombre: Pedro Arriola. El sociólogo de cabecera de Mariano Rajoy. El hombre del que el presidente del Gobierno siempre se fía, el que le prepara para los debates televisivos en época electoral y al que algunos atribuyen su estrategia de dilatar los problemas en el tiempo y apurar los plazos hasta el máximo.

Sigüenza, una cita clave

El fin de semana del 6 de septiembre el presidente del Gobierno reunió a la plana mayor del partido en el parador de Sigüenza para fijar las prioridades de lo que resta de legislatura. A la cita, secreta en tanto que no figuraba en la agenda pública del partido, acudieron, además del presidente, la secretaria general, María Dolores de Cospedal; el portavoz en el Congreso, Alfonso Alonso; el portavoz en el Senado, José Manuel Barreiro; el responsable de Organización y Electoral, Carlos Floriano; el responsable de Estudios y Programas, Esteban González Pons, y Pedro Arriola.

Fuentes conocedoras del contenido de este encuentro subrayan que hubo encuestas sobre la mesa con las que el sociólogo de cabecera de los conservadores informó de que el partido había remontado respecto a las europeas. Pero que si no querían un nuevo frenazo había que tener mucho cuidado con las decisiones que se adoptasen de ahora en adelante. Rajoy, al que se le veía muy incómodo cada vez que se le preguntaba sobre la polémica iniciativa de Ruiz-Gallardón, acabó de tenerlo claro.

En el equipo de Rajoy consideran que si lo que ya ha transcurrido de la legislatura ha estado centrado en la frialdad de los datos y en el mensaje económico, ahora urge entrar de lleno en lo social, en lo que llega y afecta a la gente de manera más inmediata. Y que en este nuevo enfoque no encaja la reforma del aborto planteada. Dado que el tiempo corre y no hay tiempo para darle la vuelta por completo, la decisión ha sido guardar el trabajo de Justicia de varios años en el cajón.

“Si realmente queremos dar la vuelta a las encuestas tenemos que ser nosotros mismos los que nos deshagamos del cliché ese que apunta a que la derecha, cuando gobierna, sólo se ocupa de lo económico, y la izquierda es la que se centra en lo social”, mantiene un destacado dirigente conservador.

Un guiño a los votantes de centro

Arriola también puso sobre la mesa datos de algunas comunidades y ayuntamientos en los que Podemos pasaba a ser segunda fuerza política tras el PP. Este fue otro de los elementos que hizo que la balanza se decantase por la retirada del anteproyecto de ley.

Ya tras las europeas, en los análisis electorales realizados por este sociólogo, se alertaba de que la mayor fuga de voto de los conservadores había sido por el centro. Es decir: que los fieles de siempre se habían seguido mostrando fieles. Y que los electores que se sienten identificados con el centro político y que depositaron la confianza en Rajoy en noviembre de 2011 habían empezado a darle la espalda.

Ahora, de cara a las próximas citas electorales, el objetivo es recuperar a esos descontentos que, en parte, pueden haberse alejado del partido de Gobierna por iniciativas como la de la ley del aborto. No en vano, pese a que Rajoy decidió aparcar la iniciativa hasta después del 25-M, el PSOE hizo bandera de este asunto durante la campaña y el PP cree que el mensaje llegó a calar.

Con Podemos, o las fuerzas políticas a las que decida apoyar, en el horizonte, los conservadores cuentan con que los socialistas realicen un giro a la izquierda para luchar contra los partidos emergentes. “El centro queda sólo para nosotros”, resume un veterano cargo del partido.

¿Y los riesgos?

Nada más hacerse pública la dimisión de Ruiz-Gallardón, asociaciones ultraconservadoras y movimientos antiabortistas empezaron a mover sus redes para criticar que Rajoy entierre el proyecto. De hecho, en la noche del martes decenas de personas se concentraban frente a la sede del partido en señal de protesta. Pudieron escucharse cánticos como “Rajoy, gallina, vete a la China”, “Habéis aborto a vuestro electorado” o “Más cigüeñas, menos gaviotas”.

¿Supondrá esto una importante fuga de voto para el partido? Los estrategas electorales de la formación confían en que existe riesgo de que determinado electorado tenga la tentación de darles la espalda. Pero que, llegado el momento de las elecciones se decantarán más por el “voto útil” que por formaciones como Vox, que tras el descalabro de las europeas, está inmersa en un proceso de renovación interna.

Por territorios, donde más podría afectar esta decisión es en Madrid, donde se concentra parte de los votantes más identificados con el ala dura del PP.

Estos son los riesgos que Rajoy ha decidido correr. A ello, hay que sumar el de la marcha del ministro de Justicia, que será sustituido por un hombre de la confianza de la ministra de Fomento, Ana Pastor, persona del círculo de máxima confianza del presidente. Se trata de Rafael Catalá Polo, Secretario de Estado de Justicia en la época de José María Michavila (2002-2004).

Tras los frecuentes amagos de Ruiz-Gallardón de dejar la política en el PP y en el Gobierno ponían en cuarentena la intención del ministro de dimitir si el proyecto no veía definitivamente la ley. Por ello, muchos de sus compañeros se quedaron boquiabiertos en la tarde del martes cuando convocaba a los medios de comunicación para una rueda de prensa a las 17:30. Esta vez iba en serio. "La decepción y el enfado tienen que ser brutal en un perfil tan ambicioso en la política como el suyo", cuenta alguien que le conoce muy bien.

Críticas por el momento elegido

El ya exministro –este miércoles se publicará su dimisión en el BOE– mantuvo ante la prensa que había fracasado a la hora de poner en marcha este proyecto y que, por tanto, no era él la persona adecuada a la hora de introducir los cambios que ahora Rajoy pretenda hacer en el texto del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. No es un secreto ni a nadie se le escapa que en este proceso sus compañeros del Gobierno y del PP no han sido un gran apoyo. Pero él sostuvo todo lo contrario. Y fue muy agradecido. Las fuentes consultadas interpretan que no quería irse de su última responsabilidad política cargando contra el Gobierno del que había formado parte. Un Gobierno de un partido al que seguirá perteneciendo como militante de base tras formalizar su baja en el Congreso de los Diputados como diputado y en el Comité Ejecutivo Nacional de los conservadores. Sí hubo críticas, en cambio, por el momento elegido para abandonar: en pleno desafío soberanista y con Rajoy casi embarcando a China. El jefe del Ejecutivo, alérgico a las crisis de Gobierno, tuvo que preparar un relevo exprés.

En Justicia recalcan que el ministro se va con toda la respuesta jurídica al desafío soberanista catalán ya lista –el siguiente paso lo tiene que dar Hacienda y Administraciones Públicas– y que Rajoy ya sabía cuándo iba a hacer el anuncio. De ahí que el presidente avanzara la retirada del anteproyecto por la mañana. 

Se da la circunstancia de que Gallardón, visto en su día por la militancia del PP y por los partidos de la oposición, como un dirigente alejado del ala dura del PP, cae por liderar un proyecto demandado por ese sector más conservador de su electorado. Llegó al Gobierno como uno de los posibles relevos futuros de su jefe de filas. Peleó por estar sentado en el Congreso de los Diputados y en el Consejo de Ministros. Y Rajoy le encomendó –él se encargó de insistir en que el anteproyecto fue un encargo del Gobierno– la ley con la que más se podía desgastar. En su carrera quedan sus años en la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento. Sus proyectos faraónicos y el calificativo con el que él mismo llegó a bautizarse: "verso suelto".

En su despedida ante la prensa, recordó que su padre, José María Ruiz-Gallardón, siempre le dijo que se rodeara de gente mejor que él para que, con el paso del tiempo, lograra ser como ellos. También su padre un día dijo que, para conservador, su hijo. Lo contaba en febrero de 2012 Gregorio Peces Barba en un artículo en El País."¿Conservador yo?, tenías que conocer a mi hijo Alberto. Ese sí que es de derechas".

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