Los datos y encuestas que muestran que sí se puede hacer una campaña prometiendo más impuestos

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A menudo, durante una campaña electoral, cuando se habla de impuestos parece que el candidato de turno, sea de izquierdas o derechas, se dirige a un solo individuo con una opinión invariable, o a un conjunto homogéneo de sujetos guiados por una sola idea: "Quiero más dinero en mi bolsillo". Por eso se da por hecho que prometer una bajada de impuestos es "populista" o "electoralista". Porque se supone que bajando impuestos se le dice a la gente los que quiere oír. Lo contrario, por lógica, sería políticamente suicida.

Pero, ¿y si no lo fuera tanto? ¿Y si se pudiera hacer una campaña evitando las promesas de bajadas de impuestos –o incluso proyectando subidas– y no estar por ello condenado al fracaso? Los datos apuntan a que esta posibilidad existe y tiene un margen creciente. La evolución de las opiniones económicas de la sociedad española, recogidas mediante métodos científicos, muestra un corrimiento a favor del pago de tributos, cada vez más entendidos como imprescindibles para prestar unos servicios públicos de calidad. Dicho desplazamiento se concentra claramente en el costado izquierdo del electorado, un sector cada vez menos permeable al discurso antiimpuestos.

El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona Oriol Bartomeus, aun aceptando que puede haber cierto "postureo" en las respuestas sobre su compromiso fiscal de los encuestados por el CIS y las casas demoscópicas privadas, sí tiene claro que para la izquierda asumir el marco "antiimpuestos" es "una trampa". ¿Por qué? En primer lugar, porque supone "jugar en el terreno contrario", valoración coincidente con las recabadas por infoLibre sobre los mensajes del candidato socialista Juan Lobato en Madrid. En segundo lugar, porque se ha producido un "cambio" en la percepción de los impuestos, alimentado tanto por las sucesivas crisis como por las lecciones que dejan acontecimientos como la dimisión de Liz Truss en Reino Unido tras el desastre provocado por su anuncio de bajada fiscal.

Crece el prestigio de los impuestos

La serie de encuestas Opinión Pública y Política Fiscal, del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), arroja una evidencia: la Gran Recesión primero y la pandemia después han ido inclinando el sentir de la sociedad española a favor de una mayor responsabilidad fiscal. Veamos primero la etapa pandémica. La evolución de las respuestas muestra un claro incremento del prestigio de los impuestos. La frase "los impuestos son necesarios para que el Estado pueda prestar servicios públicos" tiene en la última encuesta, de julio de 2022, más apoyo que en 2019: del 57,5% ha pasado al 59,4%. También han subido quienes piensan que los tributos "son un medio para redistribuir mejor la riqueza": del 13,8% a 15,2%. A su vez, bajan los que opinan que "los impuestos son algo que el Estado nos obliga a pagar sin saber muy bien a cambio de qué": del 26,3% al 23,5%. Los que creen que la sociedad se beneficia "mucho" o "bastante" de los tributos pasan del 32,2% al 41,2%. Los que creen que pagamos "mucho" han descendido del 52,9% al 41%. En todos los casos avanza la percepción positiva.

La tendencia no se limita a la etapa covid. Es de largo aliento. La edición de 2004 de la encuesta sanitaria del CIS introducía esta pregunta, que también está en la de 2022: "¿Diría Ud. que lo que los españoles pagamos en impuestos es mucho, regular o poco?". Atención a cómo han cambiado las respuestas. Los que piensan que pagamos "mucho" han pasado del 65,3% al 39,4%. Mientras tanto, los que piensan que es "poco" se multiplican por 4,6 y pasan del 2,2% al 10,2% de los encuestados.

La sanidad importa

Una reciente encuesta de 40 dB. arroja conclusiones que abundan en la misma idea: no conviene infravalorar la capacidad de la gente para entender que los servicios públicos no caen del cielo. Sólo un 3,8% cree que se dedican "demasiados recursos" a la sanidad, frente a un 64,5% que considera que son "demasiado pocos", según los datos de la encuesta, publicada por El País. Más. En una escala de 0 a 10, siendo 0 una adhesión total a la idea de que “es importante mejorar la sanidad pública aunque eso implique pagar más impuestos” y 10 el extremo opuesto, la media está en un 3,2, más cerca de la idea proimpuestos. El 61,0% se sitúa entre el 0 y el 4, en el polo a favor del aumento de los impuestos. El grupo mayoritario, del 23,1%, está en el 0.

El resultado es coherente con el arrojado en abril de 2022 por un barómetro monográfico de Esade y el Instituto Catalán Internacional para la Paz que concluía que hay una mayoría dispuesta a pagar más impuestos para tener mejores servicios. En una escala que va de 0 a 10, siendo 0 pagar menos impuestos y 10 mejorar los servicios, el 41% de los encuestados se sitúa entre el 7 y el 10, frente al 11,2% entre el 0 y el 3. La media queda en el 6,21.

Aporta más información de interés la última encuesta sanitaria del CIS, de diciembre de 2022, que desvela cómo la sanidad se ha convertido en uno de los principales problemas para los españoles, por encima de la inseguridad, la inmigración, el paro o las subidas de impuestos, temas en los que suele centrarse la derecha. Sólo el 57,1% opina que el sistema está bien o necesita sólo pequeñas mejoras, el porcentaje más bajo en diez años. En el otro extremo, el 16,8% cree que funciona mal y necesita cambios profundos, una cifra que cuadruplica los datos pre-pandemia. La preocupación es mayor en la izquierda, pero no exclusiva. Podría hablarse de una inquietud transversal. Reclaman "cambios fundamentales" un 44,6% en UP, un 33,2% en el PSOE, un 31,4% en Vox y un 26,5% en el PP.

La izquierda, dispuesta a pagar más

No siempre se da esa transversalidad. Lejos de la idea de que todo el mundo responde de forma parecida a los mensajes sobre impuestos, la visión va por ideologías. Es fácil verlo en el último Opinión Pública y Política Fiscal del CIS. Si la idea de que mejorar los servicios públicos justifica pagar más está en un 0 y la contraria en un 10, los votantes de izquierdas se sitúan en el 2,74 y los de derechas en el 5,63. El porcentaje de los que piensan que los impuestos son "algo que el Estado nos obliga a pagar sin saber muy bien a cambio de qué" es sólo del 9,4% entre los votantes del PSOE y del 5,2% de UP. En la derecha, los porcentajes suben al 35,9% (PP) y 57,8% (Vox).

Que la opinión sobre el pago de impuestos esté mediada por la ideología no causará a nadie excesiva sorpresa. Sí es más llamativo cómo se ensanchan las brechas entre izquierda y derecha. En 2019, el porcentaje de votantes del PP que no sabía "muy bien a cambio de qué" se pagan impuestos era del 27,3%, frente al 35,9% de ahora. Mientras tanto, en este mismo electorado la fe en la capacidad de los impuestos para redistribuir o prestar servicios ha caído: del 11,1% al 8,2% en el primer caso y del 58,9% al 53,6% en el segundo. En cuanto a Vox, el empeoramiento de la opinión de su electorado es más drástico aún. Parece evidente que la base conservadora es permeable al martilleo de un discurso según el cual la recaudación sirve para que el Gobierno "se forre" y pague caprichos del presidente como sus viajes en Falcon.

La perspectiva ha evolucionado de manera opuesta en el electorado de izquierdas. Tanto en el PSOE como en UP ha crecido el porcentaje que cree que los impuestos sirven para reducir desigualdades –del 14,7% al 20,3% en el PSOE; del 22,3% al 34,8% en UP– y para financiar servicios públicos –del 57,7% al 69,6% en el PSOE y del 58,6% al 59,7% en UP–. Al mismo tiempo, ha caído el de votantes progresistas que no saben a cambio de qué pagan –del 25% al 9,4% en el PSOE y del 18,1% al 5,2% en UP–. Es decir, es el electorado progresista el que se ha movido hacia una mayor disposición a pagar impuestos, mientras el conservador lo hacía en sentido contrario. Las brechas se extienden a la percepción de si se paga "mucho" o "poco" y a la comparación con otros países más avanzados. En cada apartado de la encuesta, los votantes de izquierdas se han hecho más proclives a la idea de pagar más a cambio de más.

Con este panorama por delante, ¿qué sentido puede tener para un candidato de izquierdas presentarse en la campaña dando titulares sobre bajadas de impuestos? A priori no parece que mucho. Sin embargo, es frecuente que líderes socialistas autonómicos se sigan incorporando a ese marco. El último, el madrileño Juan Lobato.

Mirando desde 2004 se han abierto entre izquierda y derecha unas diferencias aún mayores. Un ejemplo que lo resume todo. Durante la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero los votantes del PSOE que pensaban que se pagaba "mucho" y "poco" en impuestos eran el 66,6% y el 2,9%, respectivamente. Ahora la relación es 21,7%-14,1%. En el espacio a la izquierda del PSOE la mutación es aún más radical. En 2004 los votantes de IU que creían que se pagaba "mucho" alcanzaban el 66,2% y sólo un 1,4% pensaban que se pagaba "poco". Hoy esto ha cambiado con los votantes de UP: 20,4%-18,3%. De modo que en la izquierda se multiplica el porcentaje de quienes piensan que se paga poco y se reduce el de los que piensan que se paga mucho.

¿Y en la derecha? Ahí las cosas son distintas. En cuanto al PP, también bajan los que creen que se paga "mucho", del 65,6% –más que en el PSOE– al 56,5%, y suben los que piensan que es "poco", del 1,5% al 2,1%. Pero, como se ve, son cambios mucho menores que en la izquierda en sentido contrario. Además, irrumpe Vox, con un 80,8% de votantes que creen que se paga más de la cuenta.

Impuestos y movilización electoral

Es difícil saber qué bloque –izquierda o derecha– será capaz de movilizar más a su electorado este 2023. No obstante, algunos datos apuntan a que PP y Vox tienen ventajas de partida. La principal es que los votantes de PSOE y UP presentan, encuestas en mano, más riesgo de abstención que los de PP y Vox. Así que, de nuevo, la pregunta para los candidatos de izquierdas sería: ¿La mejor manera de levantar a tus votantes indecisos, muchos de los cuales se encuentran en las capas más desfavorecidas y sienten que las política no les da soluciones, es poner "impuestos" y "bajar" en la misma frase?

Por supuesto, no hay una respuesta fácil. Lo seguro es que las tripas del CIS hacen evidente que sí hay hueco para un mensaje sobre impuestos que ignore el peaje de la promesa más o menos general de bajarlos. Nada menos que un 80,7% de los españoles cree que los impuestos "no se pagan con justicia", es decir, que "no pagan más quien más tienen". Los votantes de todos los partidos creen que hay injusticia fiscal: PP (71,2%), Vox (75%), PSOE (86,9%) y UP (91,3%). Al menos, dos conclusiones: 1) Existe una fuerte demanda de mayor justicia fiscal en el electorado de la izquierda. 2) El tema genera contradicciones en el espectro conservador.

Una conclusión de los trabajos analizados que puede resultar estimulante para el PSOE es que los residentes en autonomías con presidentes socialistas (Comunitat Valenciana, Canarias, Castilla-La Mancha, Aragón, Baleares, Asturias, Extremadura, Navarra y La Rioja) se muestran en conjunto más satisfechos con el funcionamiento de la sanidad pública que quienes viven en comunidades gobernadas por el PP (Andalucía, Madrid, Galicia, Castilla y León y Murcia) o por partidos nacionalistas o regionalistas (Cataluña, País Vasco y Cantabria). Así lo pone de relieve la encuesta de 40 dB., que apunta a la existencia de un margen para que la izquierda reivindique un sello propio en unas autonómicas. Además, el último Barómetro del Ministerio de Sanidad ofrece malas noticias para los dos principales comunidades del PP. Andalucía recibe 5,89 puntos, cayendo al último puesto, que antes ocupaba Canarias. La nota de Madrid cae un 11,59%, cuando la bajada en el conjunto de España es del 7,12%. Andalucía y Madrid han sido, con los últimos datos comparables en mano, las dos comunidades con menor inversión per cápita en sanidad. En Madrid, según una encuesta de El Mundo, la sanidad es vista ya como el principal problema. En ambas comunidades hay en marcha (Madrid) o prevista (Andalucía) una huelga de médicos.

Márgenes y alternativas

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Bartomeus, de la Autónoma de Barcelona, cree que hay margen para que la izquierda hable de impuestos sin proponer su bajada o incluso anunciando subidas a ciertos sectores, como las eléctricas: "La gente es más inteligente de lo que se suele decir. Lo que sobra es miedo a hacer pedagogía política y propuestas complejas". Coincide Nuria Alabao, doctora en Antropología, autora en Ctxt que ha profundizado en las claves ideológicas de la batalla fiscal. A su juicio, al decidir cómo hablar de impuestos los partidos progresistas no sólo se juegan votos, sino su identidad. Y aquí recuerda que Margaret Thatcher consideraba que su mayor éxito era el Nuevo Laborismo, porque había logrado extender su doctrina a sus rivales. Así ha ocurrido, señala, con la cuestión fiscal cuando la izquierda ha optado por "adaptarse" sin "construir".

Alabao se muestra convencida de que no hay motivo para que la izquierda huya del debate. "Si desglosas bien cómo vas a utilizar los impuestos que quieres recaudar, puedes convencer a la gente y lograr apoyos", dice. Según José Pablo Ferrándiz, director de Opinión Pública y Estudios Políticos de Ipsos y autor de un artículo en El Periódico de España sobre "percepción social de los impuestos", es fácil concluir dónde tendría la izquierda que centrar su discurso: en la sanidad. Si temas como defensa-seguridad y cultura polarizan –la derecha quiere gastar más en la primera; la izquierda en la segunda–, en cambio el CIS muestra que hay una mayoría de electores de todos los partidos que consideran que en sanidad se invierte "muy poco": 81,1% en UP, 77,2% en el PSOE, 70,4% en Vox y 62,6% en el PP. Ferrándiz recalca que unir en un solo discurso impuestos y servicios públicos con la sanidad como elemento protagonista ofrece a la izquierda un incentivo electoral añadido: la llegada a las personas mayores. "Son los que más usan la sanidad pública y los que más comprueban su deterioro, su peso poblacional es cada vez mayor y votan más", resume Ferrándiz.

El sociólogo del CSIC Luis Miller señala que los cambios en la forma de encarar la cuestión fiscal ya están de hecho en marcha en el espectro progresista. En un artículo de septiembre de 2022 en Eldiario.es, recalca el salto dado desde 2017, cuando los presidentes socialistas de Andalucía y Extremadura proponían acabar con el impuesto de sucesiones, y 2022, cuando el Gobierno salió a plantar cara a las masivas rebajas fiscales, con los más ricos como principales beneficiarios, anunciadas por los presidentes autonómicos del PP. La clave está en que se va entendiendo que los impuestos, a diferencia de lo que ocurría hace veinte años, "polarizan" al electorado. No sólo las batallas culturales polarizan. Ni todas las polarizaciones carecen de base.

A menudo, durante una campaña electoral, cuando se habla de impuestos parece que el candidato de turno, sea de izquierdas o derechas, se dirige a un solo individuo con una opinión invariable, o a un conjunto homogéneo de sujetos guiados por una sola idea: "Quiero más dinero en mi bolsillo". Por eso se da por hecho que prometer una bajada de impuestos es "populista" o "electoralista". Porque se supone que bajando impuestos se le dice a la gente los que quiere oír. Lo contrario, por lógica, sería políticamente suicida.

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