Sanidad

¿A qué se deben los cada vez más recurrentes colapsos en las urgencias hospitalarias?

Servicio de urgencias del Hospital San Juan de Dios de Bormujos (Sevilla).

Los colapsos en los servicios de urgencias, aunque cada vez más habituales, no han dejado de ser noticia por la repercusión que tiene para la calidad asistencial el hecho de que los pacientes, a veces incluso instalados en camas situadas en pasillos, tengan que ser atendidos sin todas las garantías como consecuencia de las aglomeraciones en el servicio y la falta de espacio y personal. Recientemente se ha llegado incluso a vivir casos dramáticos como la muerte de dos pacientes en los pasillos del servicio de urgencias del Hospital de Toledo sin que los médicos pudieran atenderles en otro lugar. Aunque la palabra recortes planea casi siempre alrededor de este tipo de situaciones, la realidad de los colapsos en urgencias es un problema con muchas aristas, según relatan a infoLibre los profesionales consultados para la realización de este reportaje. 

Según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, el sistema público de hospitales atendió 21.010.549 urgencias en el año 2011, 162.874 más que en 2008. Un 11,4% de ellas requirieron después un ingreso en planta. Este último dato es relevante porque la falta de camas en planta es precisamente uno de los principales motivos de los colapsos. "La causa más importante de saturación en los servicios de urgencias hospitalarios es la permanencia de pacientes en espera de cama. El aumento de la demanda no incide de forma llamativa. Que haya más saturación en época de epidemias no está relacionado con la llegada de más pacientes, sino con que los pacientes que acuden vienen peor, y más graves, y requieren más frecuentemente ingreso hospitalario", señala el doctor Juan Armengol, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes). Este argumento rebate las explicaciones que, de forma sistemática, dan las diferentes administraciones responsables cuando se les pregunta por unos colapsos que suelen atribuir a casos excepcionales relacionados con picos de demanda. 

Reducción del número de camas 

Entre 2008 y 2011 el número de camas en los hospitales públicos aumentó un 4,3%. Pasó de 105.450 a 110.191. No obstante, los profesionales del sistema público consultados creen que los datos oficiales no reflejan la realidad del día a día de los centros hospitalarios. "Hay siempre un tira y afloja con la dirección con respecto al cierre de camas. Cuando el servicio se colapsa abren zonas que suelen mantener cerradas porque así hay un ahorro en personal. Aguantan al máximo. La media es que haya entre 15 y 20 pacientes a la espera de cama en nuestro centro", argumenta Concepción de Tera, auxiliar administrativa en el servicio de urgencias del Hospital Joan XXIII de Tarragona, uno de los ocho que gestiona el Instituto Catalán de la Salud (ICS). Las restricciones presupuestarias están, según De Tera, detrás de estas decisiones. El Joan XXIII ha sufrido un importante recorte desde 2010, cuando contaba con un presupuesto de 127,4 millones de euros. Para este año está prevista una asignación de 102 millones. "Digan lo que digan los políticos que haya menos presupuesto repercute en la atención a los pacientes y la actividad del hospital", sentencia. 

"Tener camas en los pasillos resulta más económico. Abrir una sala implica contratar a personal y en esa partida es en la que más se está ajustando el presupuesto. En lo que va de año al menos en dos ocasiones nos hemos visto sin camas disponibles para ingresar a pacientes y eso con el centro funcionando al 100% incluso con una sala especial que se abre para establecer a los pacientes que deberían pasar a planta pero para los que no hay sitio. Atendemos a un alto porcentaje de población anciana y eso también se nota", dice una enfermera del Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid) que prefiere que no se publique su nombre. 

A principios de abril los enfermeros del Hospital La Paz de Madrid enviaron un parte al juzgado de guardia denunciando la saturación del servicio, según adelantó la Cadena Ser. Los profesionales aseguraron que muchos pacientes pasaban más de dos días en urgencias sentados en un sillón, que había escasez de mantas o que no había comida suficiente para las personas que pasaban más de 24 horas en boxes. Victoria Trujillo, presidenta de la Asociación Madrileña de Enfermería (AME), asegura que las aglomeraciones provocan también otro tipo de problemas no menos graves como que los cuidados de enfermería se hagan sin la intimidad que merecen los pacientes. "Urgencias es un servicio ideado para una estancia corta y así lo marcan sus protocolos. No está contemplado, por ejemplo, que se hagan planillas de comidas por lo que un enfermo puede estar dos o tres días tomando una dieta que no es la adecuada", asevera. 

La influencia de la atención primaria 

El doctor Manuel Carmona Calderón, vocal del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, que agrupa a los colegios de todo el país, cree que los colapsos tienen su punto de partida en las carencias del nivel ambulatorio. "La atención primaria se está deteriorando por la falta de sustituciones y las reducciones de personal. Eso hace que el paciente no pueda ser atendido en el mismo día, lo que le lleva a acudir al servicio de urgencias no porque le guste o porque sea más rápida la atención, sino porque frecuentemente es la única salida que le queda para ser atendido por un médico un tiempo razonable", señala. 

En 2012, según el barómetro que publica el Ministerio de Sanidad, sólo el 14.9% de los pacientes que acudieron al servicio de urgencias de un hospital público lo hicieron por indicación de su médico de cabecera. El 74.9% lo hicieron por iniciativa propia. Según este mismo informe, el 43% acudió a un hospital porque el horario no coincidía con el de su médico de cabecera. La doctora Ana Belén Velázquez, que trabaja como médica de familia en varios pueblos de la provincia de Teruel, considera que el escaso tiempo que los profesionales tienen para atender a los pacientes en la atención primaria puede ser otro de los factores que influyen en el colapso de los hospitales. "Es más rápido atender el síntoma que buscar o indagar sobre lo que pasa realmente. Explicar las cosas cuesta más...", señala. 

Camas en los pasillos de urgencias del Hospital Santa Lucía de Cartagena. EP

La dificultad en el acceso a la atención primaria es, según la doctora Velázquez, otra de las circunstancias que ayudan a la saturación de los servicios de urgencias. Cita, por un lado, los horarios de los médicos de cabecera que dificultan el acceso de la población fuera del horario laboral y la limitada oferta de centros de atención primaria continuada. Y, por otro, la demora para tener cita en muchos ambulatorios –puede estar entre los tres y los cinco días–, lo que hace que muchos pacientes acudan a los servicios de urgencias donde saben que la atención va a ser inmediata. El doctor Juan Armengol abunda en esta idea. "La cita previa, que ayuda a la programación, es una barrera ante la percepción de pérdida de salud. Si la demora es importante, el ciudadano busca alternativa a esa necesidad de atención. No podemos distinguir si ese uso es adecuado o no. Una medida disuasoria en el acceso, a priori, perjudicaría tanto al potencial buen usuario, que es mayoritario, como al 'menos bueno', aunque este tipo de nomenclatura me parece muy peligrosa", razona. De esta forma, Armengol muestra su oposición a la propuesta del presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, que a finales de marzo se mostró partidario de establecer multas cuando se dé un abuso desproporcionado y reiterado de las visitas a las urgencias hospitalarias.

Estas declaraciones abrieron el debate sobre la deficiente educación sanitaria de la población española y sobre si este hecho contribuye a los cada vez más frecuentes colapsos en las urgencias hospitalarias. "En la actualidad información hay de sobra, pero otra cosa es la calidad. Quizá hay un número de pacientes, no masivo, que pueden ir en primer lugar a un centro de atención primaria, pero esto es una apreciación subjetiva. Lo más objetivo son los datos que se extraen ser los servicios de clasificación de urgencias, que detallan que menos de un 10% de las personas que acuden a urgencias tienen un diagnóstico no urgente", analiza Armengol. 

Demora y educación para la salud

Asimismo, la doctora Velázquez cree que la saturación y la dificultad de acceso a pruebas complementarias, donde las listas de espera son muy abultadas, es otro de los factores. "En Aragón las ecografías preferentes tienen más de tres meses de demora, los TAC, cuatro... Así que la urgencia se convierte a veces en un atajo para llegar a un diagnóstico o descartar patologías que se podrían haber estudiado de forma ambulatoria. También existe una medicina poco racional y defensiva que retroalimenta esta situación. Existe la creencia de que si hay medios, por qué no utilizarlos todos. En la actualidad se apuesta mucho por una medicina defensiva que abona la creencia de que en urgencias todo se resuelve de una forma más rápida y completa", añade. 

Las carencias organizativas son, a juicio de los profesionales consultados, otras de las causas que, en ciertos momentos, pueden influir en la saturación. "Quizá haría más falta más organización, quizá no somos todo lo eficientes que deberíamos ser", dice una enfermera del Severo Ochoa. La doctora Velázquez, por su parte, señala que la "escasa coordinación entre hospitales y centros de salud" dificulta la fluidez en la información. "Es importante que ahora usemos las nuevas tecnologías para tener servicios más informatizados con los que se pueda evitar la duplicidad de pruebas o facilitar los historiales de los pacientes", subraya. 

Otros profesionales, como es el caso del doctor Armengol, dejan caer las pungas que, a veces, aparecen entre los diferentes servicios de hospital para contar con espacio en que atender a sus pacientes. "Los programas de listas de espera suponen una actividad importante y son prioritarios junto a los ingresos desde consultas externas u otras unidades como la UCI. En esta demanda tiene que haber una cierta flexibilidad para dar cabida a todo. No es raro que surjan situaciones de competencia por la cama. En no pocas ocasiones el ingreso desde urgencias se demora ante otras prioridades. Lo más importante es que el hecho de enfermar no entiende de horarios clásicos y es cierto que a menudo no hay una respuesta adecuada a la demanda de camas", concluye el presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias.

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