La derecha más allá de Colón

Una 'foto de Colón' casi cada semana: PP y Vox han votado lo mismo en el Congreso sobre la mayoría de grandes asuntos

Santiago Abascal, en el centro, aplaude junto al alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, y el presidente del PP, Pablo Casado, en la manifestación de la plaza de Colón del 10 de febrero de 2019.

Fernando Varela

Pablo Casado siempre se cita a sí mismo cuando le preguntan por las diferencias con Vox. Y alude a las palabras que pronunció en el debate de la moción de censura que Santiago Abascal defendió en el Congreso de los Diputados el pasado octubre. En aquella sesión, que todavía no ha acabado de cicatrizar en las filas de la derecha extrema, el líder del PP acusó a los ultras de polarizar la sociedad, de negar la diversidad de España y de separar a los españoles. Y les culpó de haberse convertido, dijo, en el sueño del nacionalismo y el “salvavidas” y el “socio en la sombra” de Sánchez.

“La izquierda llevaba 30 años queriendo que hubiera un partido como Vox: usted se lo ha regalado”. “La izquierda le cuidará como hasta ahora, le usará para que siga su ofensiva contra el PP”, avisó. “Su partido es el seguro de vida política de Sánchez para seguir de inquilino en La Moncloa”. Vox es "la derecha que más le gusta a la izquierda". Abascal, subrayó aquel día, ha hecho la "misma trampa" y cometido el "mismo fraude" que Pedro Sánchez porque ha puesto a los españoles en manos del actual Gobierno al rechazar la unión del centro-derecha antes de las elecciones. Un comportamiento que le hace "colaborador necesario" del Ejecutivo de Sánchez.

Casado habló aquel día de las diferencias entre el PP y Vox. “Tantas como la distancia que media entre el liberalismo reformista y el populismo antipluralismo, entre la economía abierta y el proteccionismo autárquico, entre la vocación europea y atlantista y el aislacionismo, entre el interés general y el oportunismo del cuanto peor mejor”, enfatizó.

Sin embargo, ocho meses después de aquel pleno, al que Casado sigue refiriéndose vagamente cuando se le habla de Vox, lo cierto es que en la política práctica, la que se vota en el Congreso de los Diputados y en el Senado, las coincidencias entre los dos partidos siguen siendo muchas más que las diferencias. Juntos, Casado y Abascal se opusieron a los Presupuestos Generales del Estado (los ultras ni siquiera se molestaron en defender enmiendas) y a la mayor parte de los decretos de Estado de Alarma promovidos por el Gobierno de Pedro Sánchez.

En abril de 2020, el Partido Popular y Vox fueron las únicas formaciones políticas con peso en la Cámara que tomaron posición en contra de los reales decretos que avalaban la prohibición de los despidos por causas objetivas relacionados con el coronavirus y el permiso retribuido recuperable, cuyo objetivo era hibernar al sector productivo no esencial y limitar la movilidad para luchar contra la pandemia.

Los diputados de Casado y los de Abascal no quisieron apoyar, el pasado octubre, la suspensión de las reglas fiscales recogidas en la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, una medida avalada por la Comisión Europea y que el Ejecutivo de Pedro Sánchez adoptó ante la emergencia económica y social de la pandemia.

Juntos se opusieron, el pasado marzo, a la nueva Ley de Eutanasia. Una normativa que, por primera vez en España, permitirá morir con dignidad a los pacientes que lo soliciten y que se encuentren en un contexto de "padecimiento grave, crónico e imposibilitante o enfermedad grave e incurable, causantes de un sufrimiento intolerable".

Economía y Cataluña

Si hay dos temas en los que la coincidencia entre el PP y Vox está asegurada —también la de Ciudadanos— son la política económica y Cataluña. En ambos votan sin fisuras, como si fuesen una sola fuerza política, en justa correspondencia con la ideología ultraliberal que defienden.

Juntos rechazaron la nueva ley antifraude, la creación de un impuesto para gravar a las grandes tecnológicas que como Google obtienen enormes beneficios gracias a la utilización de los datos de los ciudadanos españoles y sin embargo apenas tributan en nuestro país y el nuevo impuesto a las transacciones financieras, diseñado para afectar únicamente a las operaciones de adquisición de acciones emitidas en España de empresas cotizadas cuya capitalización bursátil sea superior a 1.000 millones de euros.

Y juntos cierran filas para oponerse a cualquier medida que intente buscar una solución al conflicto que desde hace años enfrenta en Cataluña a los partidos independentistas con los no independentistas. PP, Vox, y también Ciudadanos, se han opuesto en el Congreso a la mesa de diálogo entre el Gobierno de España y el Govern de la Generalitat constituida en febrero de 2020, y también a cualquier medida que anticipe la salida de prisión de los dirigentes políticos y sociales condenados por el procés, algunos de los cuales habrán cumplido este otoño cuatro años de prisión.

PP y Vox, no obstante, no siempre votan lo mismo. Ha habido excepciones, muchas veces de matiz. La más llamativa, que el PP echa en cara a menudo a los diputados de Vox, fue la votación del decreto que reguló la gestión de los fondos europeos de reconstrucción, que el Gobierno sacó adelante en enero gracias a la abstención de los parlamentarios ultras y al que el PP se opuso.

O la aprobación de la ley reguladora del ingreso mínimo vital, hace ahora un año, que el PP acabó apoyando después de dudar durante días entre el voto a favor y la abstención. Vox se abstuvo en aquella ocasión con el argumento de que era una “medida estrella” de Unidas Podemos.

La más reciente tuvo lugar hace apenas unos días. El Congreso debatía una iniciativa del PSOE para regular los grupos de presión en el Congreso, una norma cuya letra pequeña suscita enormes suspicacias entre la mayoría de los grupos representados en la Cámara alta pero que consiguió iniciar su tramitación a pesar de la abstención del PP y el voto en contra de Vox.

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