Terremoto político

El Gobierno de Andalucía se conjura contra mociones y elecciones y sigue adelante pese a las turbulencias internas

El vicepresidente de la Junta, Juan Marín (Cs), este miércoles.

El Gobierno andaluz sigue en pie, aunque pierde solidez. El presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno (PP), y el vicepresidente, Juan Marín (Cs), coincidieron este miércoles en reivindicar la “estabilidad” del Ejecutivo autonómico, garantizando su continuidad. Las elecciones no están previstas hasta finales de 2022, insisten las fuerzas gobernantes. No habrá camino murciano, con moción de censura de PSOE y Ciudadanos, ni tampoco camino madrileño, con ruptura del pacto. El acuerdo andaluz tiene a su favor el compromiso total de Marín con el pacto con el PP, a pesar del empeoramiento electoral de Cs, y el presupuesto de 2021 aprobado. Ese es el gran asidero: hay cuentas en vigor. Pero las bases del Ejecutivo se han visto mermadas.

Las aguas estén lejos de la calma. En Cs hay un referente dentro del Gobierno, Rocío Ruiz, consejera de Igualdad, que afirma ya claramente que su partido debe ser capaz de “formar gobiernos a izquierda y a derecha”. En unas resonantes declaraciones a la cadena Ser el martes, Ruiz, posible candidata a convertirse en aspirante de Cs a la presidencia de la Junta, se mostró partidaria de un gobierno “regenerador, moderno, progresista en lo social”. No eran unas declaraciones pensando en ahora, pero sí abrieron un escenario de agrietamiento de los bloques.

Justo un día después, llegaba el bombazo desde Murcia. Tras la moción murciana, Vox, sostén parlamentario del Gobierno andaluz, reclamó elecciones inmediatas, en la línea marcada por Santiago Abascal. Y lo hizo agarrándose a las palabras de Ruiz. “Nos cuesta entender cómo se pueden hacer este tipo de declaraciones al tiempo que se comparten responsabilidades en el Consejo de Gobierno. Ciudadanos es una fuerza muy poco fiable”, afirmó Alejandro Hernández, portavoz de Vox en Andalucía.

Vox ya había anunciado en febrero la interrupción de todos sus apoyos al Gobierno andaluz hasta la aprobación del “pin parental”. Sus 11 diputados –se salió una representante, que ahora está en Falange– son imprescindibles para que PP (26) y Cs (21) alcancen la mayoría absoluta, fijada en 55. La fuerza de Vox es mayor en Andalucía, con un 11% de los escaños, que en Madrid, 9,09%, y Murcia, 8,88%. Con la ultraderecha desvinculada ya del acuerdo –tras aprobar, eso sí, tres presupuestos en menos de dos años con PP y Cs–, la estabilidad del pacto pasa por un compromiso total de Ciudadanos. Por eso las palabras de Ruiz tuvieron tanto recorrido: abren la perspectiva de una ruptura futura de los dos bloques, que ha sido el modelo que ha permitido al PP llegar a San Telmo con 26 diputados, 24 menos que los que alcanzó Javier Arenas en 2012 sin conseguirlo.

Este miércoles, Elías Bendodo, consejero de Presidencia, portavoz del Gobierno andaluz (PP), preguntado por las palabras de su compañera, respondió con contundencia a su compañera en el Ejecutivo. Aludiendo expresamente a la “señora Ruiz”, le recordó que el PSOE “de los ERE” es un partido “tóxico”, habló de los los “prostíbulos” del caso Faffe y de los “dos expresidentes condenados”, para concluir que que los socialistas no tienen “compatibilidad para pactar con nadie”. Artillería pesada.

No se oyó en Cs más reacción significativa que la de Juan Marín, vicepresidente andaluz, que garantizó la “estabilidad absoluta” del Ejecutivo. La misma línea siguió Moreno, que apeló a la necesidad de "estabilidad” en tiempo de pandemia y crisis económica. Fuentes del Gobierno andaluz subrayaban que Andalucía tiene presupuesto aprobado, por lo que “la viabilidad de la legislatura está garantizada”. Moreno y Marín tienen prevista una escenificación de unidad esta misma tarde. El gran activo de Moreno ahora mismo es su socio naranja, que tiene previsto intentar ser candidato por tercera vez en las próximas elecciones. A la hora de hacer proyecciones sobre un posible cambio de rumbo de Cs en Andalucía, fuentes socialistas señalan que, con Marín al frente, será imposible. “Es irrecuperable”, dicen.

Los focos apuntan también a Susana Díaz, secretaria general del PSOE, que lleva prácticamente desde el arranque de la legislatura tratando de proteger un liderazgo debilitado por la derrota orgánica ante Pedro Sánchez y la pérdida de San Telmo. Díaz, cuyo argumento ante las acometidas de los críticos suele ser la necesidad de olvidar los líos internos para centrarse en lo importante, mantuvo este martes esta línea. No quiso extrapolar a Andalucía lo ocurrido en Murcia y se negó a “hacer cábalas” sobre un hipotético acuerdo con Cs, aunque sí consideró “evidente” que el partido naranja se ha dado cuenta en Murcia de que “el PP lo está llevando a la ruina”. “Estamos en la pandemia, en lo que tenemos que estar”, dijo, recordando que la crisis sanitaria y económica exigen toda la atención y que Andalucía tiene “más de un millón de parados”, lo cual desaconseja cualquier distracción.

Díaz dirigió el mensaje a Juan Manuel Moreno, cuya dirección ha protagonizado enfrentamientos ahora con la de Pablo Casado en la antesala de las primarias de Sevilla. No obstante, un socialista crítico con la presidenta veía el mensaje lanzado también en clave interna: no es momento de líos, tampoco en el PSOE. De hecho, un líder provincial afín a la presidenta recalcaba que el movimiento murciano, por la inestabilidad que apareja, refuerza la posición de la secretaria general. No todos lo ven así. Un integrante del sector crítico, partidario de un cambio, aseguró que lo ocurrido no cambia la certeza absoluta de que, si Díaz mantiene su compromiso de intentar ser candidata pese a los ofrecimientos realizados para su salida, tendrá rival en las primarias. Está por ver quién es.

Lo que no está sobre la mesa ahora mismo es una moción de censura de un partido en solitario contra el bloque gobernante. Para presentarla es necesario un cuarto de los parlamentarios, por lo que en la práctica sólo podría hacerlo el PSOE, que tiene 33 de los 109. Los visos para que prosperase son mínimos, ya que necesitaría el apoyo no sólo de los 17 diputados del antiguo espacio de Adelante Andalucía, ahora dividido, sino de 5 de Ciudadanos. Que haya diferencias en el grupo parlamentario de Ciudadanos no significa que sea verosímil un escenario así.

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