Más incendios y menos marisco: la crisis climática que ya afronta Galicia

Miguel Pardo (Praza.gal)

La intensa sucesión de borrascas que está sufriendo la península ibérica, y especialmente Galicia, en las últimas semanas hace que el país bata récords de precipitaciones, vientos y alertas. Fuertes temporales azotan de forma continuada desde este otoño, con avisos constantes amarillos o naranjas en tierra y en el mar, e incluso inéditos avisos rojos por la cantidad de agua que se acumula en poco tiempo en algunas zonas.

Con los suelos gallegos ya al límite y las autoridades manteniendo una vigilancia especial sobre varios ríos ante el riesgo de nuevas inundaciones, nuevas borrascas amenazan con prolongar una situación que tiene —también— en el cambio climático buena parte de su explicación. O eso es lo que consideran muchos expertos, que advierten de que, aunque no es el calentamiento global el que causa este continuo tren de borrascas, sí modifica las condiciones en la atmósfera hasta acabar provocando una mayor intensidad en las precipitaciones y en la crudeza de los temporales.

Son muchos los meteorólogos y científicos que señalan el debilitamiento del vórtice polar (una gran zona de bajas presiones y aire muy frío que en invierno se sitúa sobre el Ártico) y el excepcional calentamiento de los mares, que emiten grandes cantidades de humedad a la atmósfera, como la combinación perfecta que provoca esta intensidad y continuidad de las borrascas.

Cuando el vórtice polar se debilita, algo que suele relacionarse con el calentamiento del Ártico, el aire frío que normalmente quedaría confinado en latitudes altas desciende hacia latitudes medias, alterando la denominada corriente en chorro, una autopista de viento que se descuelga hacia el sur y provoca la llegada constante de borrascas a la península Ibérica, que impactan de lleno en Galicia la mayoría de las veces.

Esta situación llega solo unos meses después de que Galicia sufriese el verano más cálido desde que existen datos comparables, con largas sequías y clima extremo que favorecieron la expansión de los que fueron los incendios más grandes, importantes y devastadores de la historia del país. Y con los cuatro últimos años confirmados ya como los más calurosos de la serie histórica.

Son consecuencias del cambio climático, de un impacto que provoca que España se enfrente a 141 “riesgos climáticos”, como advirtió el Ministerio para la Transición Ecológica al presentar el pasado mes de octubre las conclusiones de un documento científico y técnico que servirá de base para las políticas de adaptación al calentamiento global. Entonces aún no publicado en su totalidad, el informe —ahora completo— advierte de un escenario complejo, también en Galicia, con afectaciones económicas, en la salud, sobre la biodiversidad y un mayor riesgo de incendios graves y de temporales más duros.

Respecto, precisamente, a los temporales, el informe coordinado por la Oficina Española de Cambio Climático (OECC) y titulado Evaluación de riesgos e impactos derivados del cambio climático en España (ERICC-2025) advierte de la intensificación de estos fenómenos, además del aumento del nivel medio del mar y de la erosión costera, un escenario que afecta especialmente a Galicia, la comunidad autónoma con más kilómetros de costa.

“Áreas con elevada exposición a temporales”

Más en concreto, el documento sitúa al país como uno de los que presenta mayor riesgo por la “pérdida de funcionalidad u operatividad de infraestructuras de protección portuarias” debido al “aumento de la intensidad y frecuencia de los eventos de nivel del mar, oleaje y viento extremo”, dada la localización de muchos muelles en “áreas con elevada exposición a temporales”.

También se advierte del riesgo que Galicia corre ante la subida del nivel del mar por contar con “infraestructuras críticas situadas en cotas bajas, como redes de transporte, plantas energéticas o equipamientos sanitarios y educativos que podrían verse afectados por la alteración permanente del borde litoral”. Y alerta de la “concurrencia de factores” que incrementan la peligrosidad de los “temporales atlánticos de invierno”, como cuando estos “coinciden con pleamares astronómicas, lo que intensifica el nivel del mar alcanzado por forzamientos atmosféricos”, una circunstancia que sufren Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco.

Además, el aumento de precipitaciones extremas y de “lluvias torrenciales”, aunque amenacen más al suroeste de la península, también impacta en Galicia, una de las comunidades autónomas con más zonas inundables junto con Cataluña, la Comunidad Valenciana, Andalucía, Castilla y León o Castilla-La Mancha.

Del mismo modo, el “cambio de régimen de lluvias (mayor irregularidad) y el aumento de las temperaturas favorecen las condiciones propicias para que los incendios forestales sean más virulentos y extensos”, advierten los expertos en el informe, que alertan de una realidad ya vigente: la mayor dificultad para extinguirlos debido a “un mayor volumen de combustible expuesto a períodos de sequía cada vez más prolongados”. Así, el país registró varias prealertas por sequía el pasado año, incluso en octubre, abarcando municipios que sumaban más de 800.000 habitantes.

El estudio sitúa a Galicia entre las zonas donde “el peligro de incendio se incrementa notablemente”, con proyecciones climáticas que apuntan a que la frecuencia de incendios inducidos por el calor aumente un 14% a finales de siglo o incluso un 30% en el peor escenario y en determinadas zonas. “Con eventos más extremos y temporadas de peligro más largas, que se espera que se extiendan hasta junio y, en menor medida, hasta septiembre”, explican.

Los numerosos incendios simultáneos que se produjeron en distintas zonas de España, señala el documento, “favorecidos por olas de calor extremas y montes cargados de combustible nos alertan del potencial para la catástrofe bajo un clima recalentado”, añade en una referencia específica a los incendios forestales del verano de 2025.

Además, advierte de que este es un riesgo “clave” que afecta especialmente a Galicia, donde otra circunstancia eleva la peligrosidad: el número de personas expuestas al fuego por su “proximidad a la interfaz urbano-forestal (IUF) y al tipo de urbanismo predominante”. “En regiones como Galicia, donde existe una importante continuidad entre el bosque y los asentamientos urbanos, la IUF es extensa”, alerta.

Respecto al impacto de las sequías, el informe recuerda la sufrida especialmente por Galicia y Castilla y León en 2017, “con grandes pérdidas de las cosechas de cereal y un alto impacto en la ganadería, así como un incremento considerable del precio de la electricidad”, aunque señala también que los estudios apuntan a una disminución en el número de episodios de este tipo en el país frente a la tendencia contraria en el nordeste y el sur peninsular.

Por otro lado, y en cuanto a impactos más concretos de la crisis climática, el documento advierte de que “el territorio climáticamente apto para el eucalipto globulus podría aumentar significativamente en el interior de Galicia y reducirse ligeramente en el resto del norte del Estado para el período 2050-2070”.

Los avisos sobre la expansión de esta especie llegan después de que los últimos datos del inventario forestal cifren en casi 440.000 las hectáreas de eucalipto en Galicia en 2024, 19.000 más que en 2023 y 25.000 más que en 2022, a pesar de una moratoria que la Xunta ha flexibilizado aún más.

El informe del Ministerio para la Transición Ecológica también señala “el riesgo de pérdida de producción de productos forestales no maderables por cambios en las variables climáticas”, situando en ese grupo a la castaña, un producto sobre el que las organizaciones agrarias llevan años advirtiendo de su precaria situación.

“El riesgo de pérdida de hábitat y de función de los sotos aumentará cuanto mayores sean las emisiones de gases de efecto invernadero y el consiguiente calentamiento global. El aumento del estrés hídrico que este provoca disminuye la producción y la calidad de las castañas”, advierten varios expertos.

Además, el documento señala también el fuerte impacto que el cambio climático tiene en la pesca, el marisqueo y la acuicultura debido al aumento de la temperatura del agua y a su acidificación, entre otros factores.

Crisis marisquera

Así, advierte de la incidencia en especies como “la sardina, el pulpo y el mejillón”. La grave crisis marisquera, que en Galicia ejemplifica como en ningún otro lugar el desplome de la producción en la ría de Arousa, también es señalada. “La biomasa de especies marisqueras como la almeja babosa, fina y japonesa ha disminuido y se prevé que el calentamiento global agrave esta tendencia”, que, según los expertos, también se ve influida por “factores adicionales como la contaminación y las mareas rojas”.

“Las olas de calor favorecen el crecimiento de organismos perjudiciales que afectan negativamente a los moluscos, debilitando su capacidad de adhesión y provocando pérdidas en la producción, así como en la disponibilidad de semilla de mejillón silvestre”, añaden.

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En la ría de Muros y Noia, por ejemplo, el paso de los sucesivos temporales de estas fechas provocó que miles de berberechos apareciesen muertos por la baja salinidad de las aguas. Una mortandad de entre el 70% y el 80% que vuelve a situar al sector marisquero en una situación crítica.

Por supuesto, el informe advierte también de toda una serie de riesgos globales para la salud humana que afectan de manera especial a Galicia, como el caso de las muertes atribuibles al calor, con datos que el pasado mes de septiembre ya habían convertido a 2025 en el año con más fallecimientos atribuibles a temperaturas extremas.

El impacto en la salud mental y en los trabajadores más expuestos al calor durante su labor, la pérdida de biodiversidad, la aparición de nuevas plagas y enfermedades, la afectación a la polinización y sus efectos en el sector agrario, el incremento de la demanda energética, la incierta disponibilidad y el aumento del coste de determinadas materias primas o los cambios en el sector turístico son otras de las consecuencias globales de la crisis climática que Galicia afronta también de cara al futuro.

La intensa sucesión de borrascas que está sufriendo la península ibérica, y especialmente Galicia, en las últimas semanas hace que el país bata récords de precipitaciones, vientos y alertas. Fuertes temporales azotan de forma continuada desde este otoño, con avisos constantes amarillos o naranjas en tierra y en el mar, e incluso inéditos avisos rojos por la cantidad de agua que se acumula en poco tiempo en algunas zonas.