Coronavirus

Los mayores, de la indiferencia como primeras víctimas a la incertidumbre del confinamiento prolongado

Imagen de un anciano leyendo un libro.

Fueron las primeras víctimas visibles del coronavirus, cuando apenas era una amenaza remota. Las vidas que se fue cobrando el covid-19 cuando aterrizó en el país quedaban marcadas por un dato: su edad. Sosiego para algunos, desvelo para otros muchos. Las personas mayores asistían inquietas al permanente goteo infomativo, pero acataron las medidas de seguridad con intachable obediencia. Ahora, observan con incertidumbre el final de su confinamiento. Aunque el Gobierno de Pedro Sánchez pedirá una nueva prórroga, el objetivo hoy es caminar hacia una "desescalada paulatina" que permita despejar el aislamiento de la ciudadanía. ¿Y qué pasa con los ancianos? El debate avanza ya por los países europeos y aterriza ahora dentro de las fronteras. El escenario es, por el momento, incierto. Y los expertos lo miran con cautela pero con una idea clara: las personas mayores merecen un debate riguroso que tenga en cuenta sus derechos.

En Reino Unido, donde la cifra de contagios confirmados supera los 121.000 y las muertes rondan las 16.000, el Gobierno ha diseñado una estrategia basada en tres fases distintas. Algo así como un semáforo con una etapa verde, otra amarilla y una roja. En esta última se encontrarían las personas mayores de 70 años, que deberán aguardar varios meses hasta retomar su vida normal e incluso extremar las medidas de confinamiento hasta la existencia de una vacuna. Se enfrentan a un encierro que se puede prolongar hasta más de un año, según la prensa nacional.

En Francia la polémica no ha dejado de crecer desde que el presidente de la República, Emmanuelle Macron, introdujera la posibilidad de aumentar el confinamiento de aquellas personas mayores de 65 años. El aluvión de críticas no cejó hasta que el Elíseo encaró una rectificación: el presidente "no desea una discriminación" de las personas mayores o frágiles y "llamará a la responsabilidad individual". En el país galo, donde el confinamiento prevé finalizar el próximo 11 de mayo, los casos confirmados rozan los 155.000 y los fallecimientos ya superan los 19.700.

Mucho más taxativa se ha manifestado la líder alemana, Angela Merkel: "Aislar a los ancianos para recuperar la normalidad tras el coronavirus es éticamente inaceptable". Con estas palabras zanjó la canciller el pasado jueves un debate que rechaza plantear en el país. El coronavirus ha dejado en Alemania más de 4.600 muertes y casi 146.000 casos positivos confirmados.

España tampoco se mantiene ajena al debate, pero la respuesta está todavía lejos. Tal y como informan desde el Ministerio de Sanidad, actualmente las autoridades se encuentran "en una fase en la que se están estudiando diferentes iniciativas de desescalada" y por tanto existen "muchas líneas de trabajo abiertas".

Todos esos frentes, entienden los expertos consultados por infoLibre, deben ser ampliamente analizados. El debate sobre cuál es el camino que deben seguir los mayores no es baladí: ellos han sido los grandes perjudicados de la crisis y su bienestar, coinciden, tiene que ser asunto prioritario en su gestión.

Confiar en los mayores

María Carme Triadó es profesora de Psicología en la Universitat de Barcelona (UB) y especialista en psicología del envejecimiento. Entiende el debate como un asunto complejo con diversas aristas y no deja de subrayar las muchas preguntas que a ella misma le surgen al abordarlo. "La edad es relativa", introduce, "hay personas son 70 años que tienen muchos problemas, les cuesta salir de casa porque tienen miedo ya en circunstancias normales, pero otras a la misma edad hacen deporte y vida normal".

En ese sentido, cree fundamental igualmente aclarar si se empleará el mismo baremo para las personas mayores con problema o no. "Habrá mucha diversidad, es muy relativo", reitera. Una personas mayor que "esté bien, sin enfermedades crónicas peligrosas" y que tome las medidas de precaución adecuadas "no tendría por qué estar confinada" una vez se estabilice la situación, sopesa la psicóloga. "A ver con qué derecho podemos tener a las personas confinadas tanto tiempo".

Mayte Sancho es gerontóloga social y preside la ONG Grandes Amigos. Al otro lado del teléfono, coincide en destacar la importancia de una "fundamentación clara, tanto del sí como del no". La evidencia científica, aclara, debe ser el criterio principal. Así se ha hecho en el caso de la infancia, "donde enseguida se recurrió a la evidencia científica". Sancho confiesa sus temores sobre que el debate en torno a los mayores no se rija por los mismos parámetros.

Sin embargo, destaca que las personas mayores son "un grupo de población que acata al dedillo las indicaciones sanitarias" y de hecho se posiciona como "el grupo que mejor atiende a conductas preventivas". "Creo que somos un grupo absolutamente fiable para poder establecer unas normas", tales como "salir en los horarios establecidos y de manera responsable".

Ventajas y desventajas

Sancho recuerda que los efectos negativos del confinamiento prolongado "son evidentes en todos los sentidos". En primer lugar en cuanto a la salud física, "es imprescindible" mantener cierta actividad para evitar "una pérdida de función que de lo contrario sería progresiva". Pasar largos periodos de tiempo sin moverse dificultará sobremanera "la reanudación de una actividad física basada sobre todo en caminar". Estas secuelas serán especialmente dañinas en las "más de dos millones de personas mayores que viven solas", cuya salud corre el riesgo de quedar "totalmente fragilizada".

Por otro lado, resalta la gerontóloga, entre los mayores también existen grupos especiales "que necesitan salir, como las personas con demencia" que adolecen de grandes "dificultades de reconocimiento de otras" personas vitales en su desarrollo, como sus hijos o cuidadores. "Estar aislados para ellos puede ser otro desgarro".

En consecuencia, remata la gerontóloga, el aislamiento prolongado "tiene consecuencias individuales, pero también globales como grupo de población". Se refiere Sancho a la "actitud discriminatoria" que se puede extraer de "la toma de decisiones basada en criterios como la edad". "Hablamos de nueve millones de personas y cuatro generaciones", un grupo lo suficientemente heterogéneo como para presentar particularidades propias que no siempre responden a decisiones genéricas.

Triadó pone en valor los beneficios lógicos de salir a la calle, aunque sea de manera progresiva. Pero plantea dudas: ¿qué quiere decir salir?, ¿pasear un poco?, ¿ir a comprar?, lanza. Todas estas preguntas tendrán también diferentes respuestas en función del "barrio en el que vivan o el hogar que habiten". Al final, lamenta, "decir que los últimos en salir sean los mayores es lo más fácil".

"No hay una respuesta única"

También Juan Gómez Salgado, profesor en el área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Huelva, pone en valor la necesidad de abordar el debate con rigurosidad. Y en medio de la discusión, resulta clave "balancear los pros y los contras". Gómez Salgado recuerda que los ancianos "tienen que cubrir sus necesidades, pero también tienen riesgos". Unos riesgos que, recuerda, son altos. Por ello hay que conjugar ambos extremos y ver qué supone cada opción.

En caso de permitir la salida progresiva de los mayores, será urgente "limitar la salida, cuidar dónde salen, que sea sin gente, con medidas de distancia de al menos dos metros, mascarillas y mucha cautela". Insiste el experto en la cautela, precisamente porque hablamos de "personas con un sistema inmune que no es igual" al de los más jóvenes y con "una mortalidad muchísimo más alta".

Con toda la precaución debida, lo ideal es que "en la medida de lo posible salieran lo suficiente para satisfacer sus necesidades fisiológicas y psíquicas", dice Gómez Salgado siempre desde la prudencia. También él habla de los matices: "No es lo mismo un piso pequeño que una casa con patio". Por tanto, subraya, "no hay una respuesta única".

Lo que sí entiende es que los más mayores "serán los últimos en salir por el riesgo extra". El motivo, detalla, tiene que ver con que "a medida que la población vaya saliendo, más se irá inmunizando". Es lo que se conoce como inmunidad de rebaño. En esa dinámica surgirá una suerte de "barrera entre el potencial contagiado y la persona mayor cuando salga". "Si esperamos más tiempo, habrá más personas barrera", detalla. Esa barrera sólo se consigue con una mayor "exposición al virus" para que las personas queden "naturalmente inmunizadas". Aunque las estrategias a seguir requieren de un estudio exhaustivo, y no todas las fórmulas tradicionales tendrán resultado con un virus todavía por conocer, sí parece ser "muy estratégico que los mayores sean los últimos", asevera el experto.

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