Casi medio siglo sin Arturo Ruiz, el joven asesinado por un ultraderechista en 1977

Era un día normal para la familia Ruiz. Arturo, el séptimo de ocho hermanos, tenía tan solo 19 años, era estudiante y combinaba sus estudios con varios trabajos como albañil. Estaba afiliado a Comisiones Obreras (CCOO) y no era ninguna novedad verle en las manifestaciones. Aquel día, se unió a sus compañeros para pedir la amnistía de los presos políticos que seguían en la cárcel. Era una manifestación más. Un día más. 

Entre la muchedumbre de la protesta se oye un grito. “¡Viva Cristo Rey!”. Luego dos disparos. Uno al aire. Otro que impacta contra Arturo. Horas más tarde, la familia Ruiz tiene de fondo el telediario. Han asesinado a un joven en las manifestaciones de Madrid. Arturo.

23 de enero de 1977. Ahora, también recordamos ese día como el inicio de la Semana Negra de la Transición. Un día después del asesinato de Arturo Ruiz García, casi 100.000 estudiantes salieron a protestar por su muerte. Allí, la Policía se cobró una nueva víctima, Mari Luz Nájera, que falleció en medio de la Gran Vía madrileña por el impacto de un bote de humo lanzado por los grises. No acabó ahí. El mismo día –esa misma noche–, varios ultraderechistas irrumpieron en el despacho de Atocha de los abogados laboralistas dirigidos por Manuela Carmena. Asesinaron a cinco de ellos. Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz, Francisco Javier Sauquillo, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez Leal.

23 de enero de 2026. Casi medio siglo sin Arturo. Para poder recordarle, el Colectivo por los Olvidados de la Transición (COT) se reúne en la Plaza Soledad Torres Acosta de Madrid, junto a la placa en la que figura Arturo Ruiz, como hacen todos los años para protestar contra un crimen “causado por el odio ciego y brutal contra alguien que se atrevió a discrepar de la sinrazón”. 

Esta mañana de viernes han acudido al homenaje familiares directos de Arturo y Manuel (Olga, Blanca o Elisa); la directora general de Memoria Democrática, Zoraida Hijosa; representantes de formaciones políticas como Manuela Bergerot, de Más Madrid, e Isa Serra o Julio Rodríguez, de Podemos Madrid, así como ciudadanas y ciudadanos que apoyan el trabajo moral y memorialístico del COT y periodistas como Jesús Maraña, director Editorial de infoLibre.

Un crimen cargado de odio

En un primer momento, la policía identificó como posible autor a Jorge Cesarsky, vinculado a Triple A –Alianza Anticomunista Argentina–. Estaba bien posicionado en los círculos franquistas de la época y tenía una buena relación con las Fuerzas de Seguridad de la época, gracias a su trabajo como vendedor de pólizas de seguros. La condena fue de seis años de prisión por terrorismo y tenencia ilícita de armas. Solo estuvo bajo rejas un año. Pero él no era el asesino. 

Tras recoger los datos de varios testigos, la Jefatura Superior de Policía de Madrid finalmente dio con el nombre que buscaban: José Ignacio Fernández Guaza, que en ese momento también estaba asociado a grupos de extrema derecha como Triple A o los Guerrilleros de Cristo Rey. Nunca entró en la cárcel. 

Cuando dieron con su nombre ya era demasiado tarde, no quedaba rastro de él en Madrid. En su domicilio encontraron cartuchos y pólvora. Luego, supieron que estaba en el País Vasco, pero, cuando cruzó a Francia, se le perdió la pista por completo. 

Esto era así hasta finales del 2023, cuando El País le localizó en Argentina, bajo un nombre falso. Cuando los periodistas llamaron al asesino, negó hasta tres veces ser quien era. Cuando finalmente confesó, accedió a una entrevista con los redactores. Fue en Maschwitz, un municipio residencial cerca de Buenos Aires, de 15.000 habitantes de clase media, en el que ahora vive en una casa con jardín. 

Allí confesó el crimen sin ningún tipo de remordimiento. “—[Ruiz] me tiró una piedra. Agarré la pistola y le pegué al corazón. De mala leche. [...] ¿Arrepentimiento? Está usted hablando con una persona que nunca se ha arrepentido de nada”, aseguró.

Ayudado por el Estado

Guaza confesó al periódico que el motivo por el que pudo salir impunemente del país fue gracias a las autoridades españolas, que sabían donde se encontraba. También afirmó tener relación con los servicios de información en España y que, incluso, varios funcionarios españoles con los que había colaborado antes de fugarse fueron a visitarle en 1979. 

Según su propio testimonio a El País, el asesino también colaboró con las fuerzas de seguridad en investigaciones contra ETA. Presuntamente formaba parte de un comando que mató a varios miembros de la banda en el sur de Francia a mediados de los setenta. El grupo supuestamente trabajaba para la Guardia Civil y cobraba de los fondos reservados. En el sumario del caso de Arturo Ruiz hay testimonios e indicios que confirmarían la relación del ultraderechista con la guerra sucia contra ETA, realizando los trabajos que las fuerzas de seguridad no podían hacer o ayudando con “jaleos”. 

“No ha habido interés en investigar”: 45 años tras el pistolero fascista que asesinó a Arturo Ruiz

Ver más

La familia de Arturo pidió en enero de 2024 que se desclasificaran los archivos del caso para poder comprobar si el testimonio del asesino era cierto, reactivar las indagaciones y detener al autor. Sin embargo, la Audiencia Nacional rechazó la petición de la investigación judicial contra Fernández Guaza. El delito había prescrito. 

Ahora, el caso sigue vigente en la investigación de la llamada Querella Argentina.

El asesinato de Arturo Ruiz precedió en cuestión de horas al de Mari Luz Nájera, a quien se rendirá homenaje este sábado a las 19 horas en Alameda de Osuna, y a los asesinatos de Atocha, hitos sangrientos sin lo que es imposible explicar la transición democrática y la realidad de su grado de violencia.

Era un día normal para la familia Ruiz. Arturo, el séptimo de ocho hermanos, tenía tan solo 19 años, era estudiante y combinaba sus estudios con varios trabajos como albañil. Estaba afiliado a Comisiones Obreras (CCOO) y no era ninguna novedad verle en las manifestaciones. Aquel día, se unió a sus compañeros para pedir la amnistía de los presos políticos que seguían en la cárcel. Era una manifestación más. Un día más. 

Más sobre este tema