4M | Elecciones en la Comunidad de Madrid

Los dos mitos que hace saltar el 4M: ni la alta participación beneficia a la izquierda ni los bloques son inamovibles

El candidato del PSOE, Ángel Gabilondo, durante la noche electoral.

Domingo, 25 de abril. Queda algo más de una semana para la cita con las urnas y la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, aprovecha un acto en Alcorcón, una de las grandes urbes del conocido como cinturón rojo, para tratar de atraerse a los socialistas descontentos. Sabe, con los sondeos en la mano, que existe la posibilidad de pegar un bocado al electorado del que un par de años antes había bebido Ángel Gabilondo. Un trasvase de izquierda a derecha que finalmente parece haberse confirmado en las urnas y que tira por tierra esa idea de que los bloques eran inamovibles. "Todo indica que el PSOE ha tenido una fuga hacia el PP", coinciden todos los politólogos consultados. Hasta que no haya análisis postelectorales, no obstante, será complicado cuantificar la dimensión del agujero abierto a pesar de la histórica movilización. Una participación masiva de la que, sin embargo, parece beneficiarse la derecha, rompiendo también ese mito de que una afluencia elevada beneficia a las formaciones progresistas.

Con una campaña en abstracto apoyada sobre la relajación de restricciones en plena crisis sanitaria, Ayuso logró imponerse con claridad en la cita con las urnas. Ella sola aglutinó más representación parlamentaria que las tres fuerzas de izquierdas juntas. Un bloque que se vio lastrado, principalmente, por la debacle histórica del PSOE. Los socialistas se dejaron, en comparación con los comicios autonómicos de 2019, más de diez puntos porcentuales –274.028 papeletas menos–. Una caída que, sin embargo, no logró amortiguarse con la subida de Más Madrid o Unidas Podemos, los otros dos compañeros de viaje de los socialistas. Los de Mónica García se hicieron con 138.988 sufragios más que hace un par de años, mientras que los de Pablo Iglesias mejoraron en 79.799. En conjunto, el bloque perdió 7,6 puntos, frente a los casi 7 puntos que mejoró la derecha –PP, Vox y Ciudadanos– respecto a 2019.

Díaz Ayuso salió de la cita con las urnas con 900.000 votos más que cuando Pablo Casado la puso al frente de la candidatura conservadora a pesar de ser una auténtica desconocida. A la vista de que la extrema derecha ha sido capaz de mantenerse firme –ha mejorado su resultado en un par de décimas– frente al enorme tirón de la presidenta madrileña, todo hace pensar que la subida de la conservadora se debe, en buena medida, al hundimiento de Ciudadanos, que ha perdido medio millón de apoyos en las urnas. En las últimas semanas, todos los sondeos coincidieron en resaltar el socavón que la formación naranja tenía por el lado del PP. El último barómetro publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) a solo dos semanas de la cita con las urnas mostraba que la mitad de los electores que dieron su confianza a Ignacio Aguado en 2019 se inclinaban en estos nuevos comicios por introducir en la urna la papeleta de Ayuso.

El hundimiento de los naranjas, sin embargo, no explica por sí solo el despegue de los conservadores. Los politólogos están convencidos, con los datos que se tienen a día de hoy sobre la mesa, de que la dirigente conservadora ha sido capaz de pescar en el caladero de votos socialista. “El PSOE no solo no parece haber logrado atraerse el voto de Ciudadanos, sino que parece haber perdido apoyos hacia el PP, por lo que el patinazo ha sido doble”, apunta Víctor Lapuente, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Gotemburgo. Coinciden los politólogos Eduardo Bayón y Javier Lorente. “Una parte puede haberse ido a la abstención y otra a Díaz Ayuso. Pero no creo que sea algo que le haya pasado solo al PSOE. No descarto que haya habido también trasvase de Más Madrid al PP, aunque este partido haya sido capaz de compensarlo sacando votos de la abstención y de los socialistas”, apunta Lorente, profesor de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos.

La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata por el Partido Popular, Isabel Díaz Ayuso, acompañada por el presidente del partido, Pablo Casado.

Ninguno de los expertos consultados se atreve a estimar el tamaño del agujero hacia la derecha. No es tan sencillo como interpretar, simplemente, que siete de los diez puntos de caída socialista que no han logrado amortiguar sus socios de bloque se han ido directos hacia los conservadores, aunque la correlación parezca casi perfecta. Al final, dicen, se producen “flujos cruzados” en todas las direcciones. Por eso, creen que habrá que esperar a que se publiquen los primeros análisis postelectorales para poder poner cifras fiables a la fuga socialista. No obstante, algunos sondeos previos a las elecciones dejaban entrever que más de un 5% del electorado del PSOE podía ponerse el 4M detrás de Ayuso. El último CIS publicado antes de los comicios dejaba entrever que un 6,2% de votantes socialistas en 2019 se inclinaban ahora hacia el PP, mientras que la última entrega de la encuesta de Sigma Dos para El Mundo calculaba un trasvase del PSOE hacia los conservadores del 5%.

Del voto castigo a una campaña en positivo

¿Y a qué pueden deberse estos movimientos? Los expertos ponen sobre la mesa varias posibles explicaciones que, a día de hoy, no dejan de ser más que simples hipótesis. Para Lorente, puede que se haya producido, en parte, una suerte de voto “castigo” por el acercamiento de los socialistas a Unidas Podemos. “Hay una parte del electorado [socialista] que no les traga”, dice. O que, en unas elecciones que se han asumido en clave nacional, sea una manera de propinar un tirón de orejas al propio Pedro Sánchez, quien se encargó de diseñar y tutelar desde Moncloa la campaña de Gabilondo. Los expertos también creen que la pandemia y la gestión que se ha hecho de la misma pueden explicar estos movimientos entre bloques. “Puede que haya votantes más en el centro convencidos de que el modelo de Madrid es el correcto, que valoran positivamente la decisión de mantener abiertos los negocios, de continuar con la vida”, apuntan los politólogos.

Algunos expertos creen que los madrileños ya se han acostumbrado a los hospitalizados y fallecidos diarios. Y que lo que quieren en medio de una fatiga pandémica como la actual es un regreso a la vida previa a la crisis sanitaria. “Ese es justamente el concepto que ha centrado la campaña de Ayuso”, apunta Bayón. La reflexión que hace el profesor de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos va por esos mismos derroteros. La candidata conservadora, señala, ha planteado un discurso “en positivo”, frente a una izquierda que ha actuado como una suerte de “enanito gruñón”. “No han puesto sobre la mesa ningún tipo de medida de distensión de cara al futuro. Se puede decir que hay que defender la salud pública, sí. Pero, al mismo tiempo, se pueden plantear, por ejemplo, conciertos al aire libre”, sostiene Lorente, quien califica de “errática” la campaña de los socialistas.

La derecha recorta distancias a pesar del incremento de participación

Desde que la presidenta madrileña apretó el botón nuclear, las tres formaciones de izquierdas trataron de trasladar el mensaje de que una movilización masiva podía provocar un vuelco electoral en una comunidad autónoma dominada por los conservadores de manera ininterrumpida desde 1995. De ahí el “Que hable la mayoría”, el lema de campaña con el que Unidas Podemos trataba de trasladar la idea de una mayoría silenciosa en suelo madrileño, concretamente en los barrios y municipios obreros, capaz de acabar con más de dos décadas de dominio del PP. Sin embargo, las elecciones de este martes han puesto de manifiesto que la realidad es mucho más compleja y que una participación elevada no anticipa, ni mucho menos, una mejora sustancial de los resultados progresistas. Porque todo parece indicar que otro de los motores de Ayuso en la cita con las urnas ha estado en la bolsa de abstencionistas.

A pesar de la pandemia y de que fuera día laborable, los comicios de este martes han registrado la mayor afluencia a las urnas de la historia –76,25%, seis puntos más que el récord que había hasta la fecha–. En los cuatro distritos de renta más baja –Usera, Puente de Vallecas, Villaverde y Carabanchel–, el incremento respecto a hace un par de años ha sido importante, aunque ni han llegado a batir su marca histórica ni han registrado una participación por encima de la media de la ciudad. También ha sido destacable la subida de afluencia a las urnas en los principales municipios del histórico cinturón rojo, en los que las fuerzas de izquierdas han centrado buena parte de su campaña electoral. En Móstoles se disparó once puntos y marcó un nuevo récord. En Fuenlabrada se situó casi trece puntos por encima de la registrada en las últimas autonómicas. Alrededor de diez puntos de subida se experimentó en Getafe y Leganés. Y casi ocho en Alcorcón.

Un aumento de la participación que, sin embargo, no se ha traducido en esas zonas en un incremento de la brecha que separa al bloque de izquierdas del de derechas. Todo lo contrario. En Puente de Vallecas, la diferencia a favor de las formaciones progresistas se ha reducido de los 38 puntos de 2019 a los 25 actuales, mientras que en Usera y Villaverde se ha quedado en 10 y 9 puntos –de los casi 23 que había–. En Carabanchel la tendencia, incluso, se ha invertido. Si en los últimos comicios autonómicos el bloque de izquierdas aventajaba al de derechas en 10,6 puntos, ahora la suma de PP, Vox y Ciudadanos saca a la del PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos 1,5 puntos. Puente de Vallecas, Villaverde y Usera son, justamente, los distritos de la capital en los que el desplome de los socialistas ha sido más pronunciado: alrededor de doce puntos menos que en la anterior cita con las urnas.

Una reducción de la brecha que también se ha experimentado en las principales urbes del cinturón rojo. Si en Fuenlabrada, Coslada, Getafe o Leganés la diferencia a favor de la izquierda se situó en 2019 claramente por encima de los 15 puntos –llegando a 23 en el primer municipio–, ahora no alcanza los cinco de ventaja. En Móstoles y Alcorcón, incluso, se ha experimentado un vuelco: las tres formaciones de derechas han conseguido en ambos municipios mayor respaldo que las progresistas. “En los sitios en los que ganaba el PP, la diferencia a favor de la derecha se ha incrementado, mientras que en los lugares en los que se imponía la izquierda la diferencia se ha reducido”, resume Lorente.

Puede, en definitiva, que los abstencionistas en estas zonas no se muevan políticamente como el resto de sus vecinos, sino que sean un electorado desencantado y sin ideología, muy volátil, que se “activa” movido por “factores a corto plazo”. De nuevo, piensa Lorente, la “fatiga pandémica” y “el discurso en positivo” de Ayuso pueden haber sido claves.

Es la primera vez en unas elecciones autonómicas que Ayuso consigue todo un hito: que el PP sea la fuerza más votada en Puente de Vallecas. ¿Quiere esto decir que las zonas más empobrecidas son ahora de derechas? No, de momento. En este distrito, el bloque de izquierdas sigue acumulando mayor respaldo en votos, lo mismo que sucede en Villaverde, Usera, Villa de Vallecas o Vicálvaro –solo Carabanchel se sale de esa tónica–. Lo mismo sucede en algunas de las principales ciudades del cinturón rojo. Los conservadores se han impuesto en las urnas, sí. Pero las fuerzas progresistas siguen aglutinando un mayor número de papeletas en Coslada, Fuenlabrada, Getafe, Leganés o Rivas Vaciamadrid.

La gestión de la pandemia fue clave para la victoria de Ayuso en Madrid, según el CIS

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