Feminismo

El movimiento feminista se enfrenta al reto de reeditar el éxito del 8M

Manifestación del 8M en Madrid.

Las calles de las ciudades, pueblos y barrios quedaron el pasado 8 de marzo teñidas de morado. La huelga y movilización con motivo del Día Internacional de la Mujer marcó un antes y un después en la lucha del movimiento feminista. Las activistas que trabajaron en torno a la Comisión 8M pusieron sobre la mesa las condiciones laborales de las mujeres, la desigualdad en la esfera educativa y aglutinaron los cuidados y el consumo bajo el paraguas de la perspectiva de género. La ciudadanía se echó a las calles bajo un mismo grito y reflexiones colectivas.

Parte de aquella reacción masiva provino de un fenómeno muy concreto: la necesidad de dar respuesta a situaciones dolorosas que habían marcado la agenda pública. El movimiento MeToo, que denunció las agresiones sexuales en el mundo del cine, o el abuso por parte de cinco hombres hacia una joven en los Sanfermines de 2016, que iniciaba entonces su andadura judicial, pusieron a las mujeres en guardia. Y ellas respondieron en las calles.

Meses después, las mismas mujeres continúan su actividad frenética. La organización de cara al 8M de 2019 comienza a articular sus principales aristas, pero con un nuevo interrogante: ¿existen esta vez impulsos suficientes para lograr el apoyo masivo de la población?

Fefa Vila es activista y profesora de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). En conversación con infoLibre reflexiona sobre los ciclos del movimiento feminista. "Hay una cuestión coyuntural que influye siempre en la reacción de los movimiento sociales", afirma, "y el feminismo no es ajeno". En este sentido, recuerda, "el caso concreto de La Manada, pero también todo el impulso internacional del que se vio acompañado", sirvieron como detonante de la movilización en las calles. Influye, por tanto, "un contexto de intensidad en alza y eso crea estados emocionales, políticamente hablando, que consiguen que se sume mucha gente". Aquello, unido a la difusión en los medios de comunicación, "supuso un punto de inflexión importante".

La pregunta ahora, entiende la socióloga, tiene que ver con el mantenimiento de ese éxito. "La experiencia y los estudios dicen que es imposible mantener un movimiento social en su alto grado de intensidad por mucho tiempo", revela, porque "lo normal es que suba y baje". Pese a ello, Vila vaticina que el próximo va a ser un "8M muy potente", aunque reconoce dudas respecto a que "suceda de la misma manera, con la misma tensión política, la misma emoción". En todo caso, matiza, "pueden pasar muchas cosas" y en el contexto actual el feminismo tiene el reto de "crear alianzas con movimientos latentes".

El feminismo y sus alianzas

Que el actual sea un "momento de paradigma político, de inflexión y de toma de conciencia activa", entiende Vila, posibilita que el feminismo "permee socialmente y masivamente". Es necesario, teniendo en cuenta el escenario, "salirse de los discursos puramente identitarios, reubicar todo este tipo de cuestiones en la materialidad de la vida".

La socióloga observa que muchas "chicas jóvenes hacen análisis de género vinculados a la relación entre capitalismo y patriarcado, el feminismo lo ha unido en esta nueva ola". Ahora, dice, el feminismo debe aprovechar ese camino para combatir dos enemigos claros: "El racismo y el conservadurismo, que se redefinen". Por ello, "no hay que olvidar los contextos europeos y mundiales: está creciendo la ultraderecha y los sistemas conservadores", por lo que es necesario "estar en guardia". Es ahí, concluye Vila, donde el feminismo ocupa un papel esencial.

Patricia Ponce, feminista, migrante y directora de Haurralde Fundazioa, cree fundamental que las plataformas que se organizan en las comunidades autónomas "puedan tener una mirada plural, desde la diversidad". Menciona también la importancia de crear alianzas "con las mujeres racializadas o las trabajadoras del hogar" para que "se sientan partícipes". Es un error, entiende, creer que existe sólo un feminismo válido. Es importante "un 8M que nos represente como ciudadanía, a todas las mujeres, que el movimiento no sea cooptado por el feminismo blanco". Para que la fecha marcada en el calendario "tenga representitividad y fuerza", por tanto, es necesario "que tenga cintura ancha, que las voces de las mujeres diversas se manifiesten y sean incluidas".

Un movimiento con memoria

"La convocatoria de la huelga feminista del 8 de marzo de 2018 superó todas las expectativas". Habla Patricia Aranguren, activista y miembro de la Comisión 8M. A su juicio, aquella cita "debe su éxito a un proceso colectivo" que las activistas fueron construyendo a lo largo del año "desde la autonomía, la autogestión y la descentralización".

Pero el triunfo no vino solo, bebió de todo un proceso gestacional. Surge, dice Aranguren, "mucho antes, porque es imposible comprender el éxito de la huelga feminista sin pararse a analizar su genealogía". En ese sentido, la activista recuerda que ya en 2017 hubo un paro de una hora y apela también a los lazos internacionales. "Paramos porque en Argentina, cinco meses antes, las feministas pararon todo el país para denunciar los feminicidios" y porque unas semanas antes "las feministas pararon también en Polonia para protestar contra una reforma de ley del aborto".

Pero además, subraya Aranguren, el movimiento feminista viene de organizarse en torno al 8 de marzo, 28 de septiembre –Día de Acción Global por el acceso al aborto legal y seguro– y 25 de noviembre –Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer– desde hace cuatro décadas. Viene, además, "de los movimientos sociales, del ecologismo, el antirracismo, del movimiento LGTB, del sindicalismo, de las luchas por el derecho a la vivienda, a las pensiones, a la sanidad o a la educación". En este sentido, Aranguren menciona también otras fechas exitosas marcadas en el calendario feminista, como las jornadas estatales que en 2009 reunieron a más de tres mil activistas o la movilización masiva en 2014 por el derecho al aborto libre.

Pese a ello, la activista coincide en que la actualidad "repercute en la movilización y su alcance". Por este motivo, agrega, "un contexto de hartazgo y de denuncia como el que vivimos está sirviendo para poner el foco sobre el movimiento feminista y sus llamamientos". Visibilizar casos como el MeToo o el de La Manada "ha puesto sobre la mesa temas de los que antes era impensable hablar en muchos espacios", reconoce Aranguren, quien estima que "ha servido para denunciar la cultura de la violación y la justicia patriarcal". Pero al final, zanja, "el impacto de estos y otros casos se debe a un grito global que el feminismo ha construido durante décadas".

Gracias a ese grito "las movilizaciones, convocatorias y reivindicaciones del movimiento feminista seguirán teniendo ese impacto en la sociedad: porque se construyen desde un movimiento feminista global, autónomo, interseccional y con mucha memoria".  Pero ese alcance, agrega la activista, no sólo se mide a través de las movilizaciones en las calles, sino también en la existencia de "asambleas feministas en barrios, pueblos e institutos", algo que resulta asimismo "consecuencia de un proceso que se abrió hacia la huelga feminista". Existe, sin embargo, aún "mucho camino" por recorrer. "Las vidas de mujeres siguen estando atravesadas por violencias y desigualdades que es urgente solucionar", sentencia la activista.

Y ese será el principal impulso que mantenga el auge del movimiento que orbita en torno al 8M. "Son muchas las cuestiones por las que tenemos que salir, todas las demandas que no están conseguidas", observa Patricia Ponce y cita la ejecución total del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, la escasa formación del poder judicial o casos concretos como el asesinato de Laura Luelmo y el abuso contra las temporeras marroquíes –cuya causa acaba de ser archivada–. "La violencia no termina y los motivos por los que saldremos a las calles son múltiples", concluye.

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