'Política y ficción. Las ideologías en un mundo sin futuro'

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Pablo Bustinduy y Jorge Lago

"¿Cuál es el origen del mal social, y cuál es la mejor forma de combatirlo? No hay desigualdad, ni contradicciones sociales, ni conflicto de clase: hay personajes malvados, hay intrigas y conspiraciones, hay oscuros entramados de malas intenciones", advierten Pablo Bustinduy, doctor en Filosofía, y Jorge Lago, sociólogo y editor, autores de Política y ficción. Las ideologías en un mundo sin futuro, ensayo que acaba de publicar Península.

infoLibre adelanta un extracto del último capítulo, titulado Populismo y ficción y dedicado a plantear algunas propuestas para "salir de esta encrucijada".

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Un futuro sin anclajes

Siempre amaré el tiempo de las cerezas. Es de esa época de la que aún conservo una herida abierta.

Hay algo común a los grandes relatos ideológicos que hemos analizado en este libro. Todos ellos movilizaban lo que hemos llamado ficciones resolutivas, es decir, un cierto juego discursivo entre una imagen del futuro (en la que el conflicto social se presenta como algo que ya ha sido resuelto o que es posible resolver) y un relato sobre el origen de ese conflicto (que explica quién es el «nosotros» de la política, atribuyéndole una identidad más o menos fija). Si hoy la coyuntura política presenta una mezcla característica de ansiedad y desorientación es porque ese juego ha quedado bloqueado, porque ninguno de los dos elementos parece ya disponible, porque hay una enorme dificultad para anudar una imagen deseable del futuro social y un «nosotros» capaz de anclarse en la realidad presente de forma estable y duradera. El repliegue nostálgico en un pasado imaginario y los cierres identitarios en torno a la política del daño son dos formas de intentar suplir esa doble carencia de la política contemporánea, pero ambas son incapaces de darle una solución satisfactoria y acaban encerrando los anhelos de nuestro tiempo en un callejón sin salida.

¿Cómo salir de esta encrucijada? ¿Cómo hacerlo de una manera que no absolutice una idea del futuro hoy por hoy inverosímil, pero que tampoco convierta el sujeto político en un dogma anclado en un supuesto orden necesario de las cosas? ¿Y cómo rescatar una idea de la emancipación capaz de incorporar su propio legado histórico, pero también los límites que impone la profunda crisis ficcional de nuestro tiempo?

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Creemos que una respuesta inicial a estas preguntas pasa por concebir dos dimensiones separadas para el trabajo político contemporáneo. La primera tarea concierne el trabajo ideológico propiamente dicho: necesitamos más que nunca producir ficciones nuevas, relatos que nos permitan imaginar y anticipar el futuro, explorarlo antes de vivirlo, generar nuevos horizontes que le den dirección y sentido a las movilizaciones políticas de nuestro tiempo. Para ello es fundamental huir de dos extremos igualmente nocivos para la imaginación política: la idea de un futuro lineal, determinado mecánicamente por el presente, que a menudo se deja entrever en buena parte de los relatos contemporáneos sobre el colapso inminente de nuestros ecosistemas o sobre el retorno inevitable del fascismo; pero también la idea neoliberal de un futuro virgen, desprovisto de raíces o de contexto social, como un lienzo en blanco en el que fuera posible proyectarse a voluntad.

Sin embargo, pese al aura pesimista que envuelve nuestra era y pese a todas las carencias que hemos señalado en estas páginas, hay que decir que esto es algo que ya está ahí, que ya está sucediendo. De los levantamientos democráticos de 2011 al estallido de la revolución feminista, del Black Lives Matter y las movilizaciones por el clima al emerger de nuevas formas de sindicalismo, un magma popular y democrático está produciendo sin cesar imágenes y discursos sobre nuestros futuros posibles. Ese poder constituyente, ese imaginario radical (como lo llamaba Cornelius Castoriadis) está haciendo su trabajo .El principio más importante que puede deducirse de aquí para las fuerzas políticas quizá sea el de primum non nocere (lo primero es no hacer daño): se trata ante todo de no secar ese imaginario, de no absorberlo ni colonizarlo, de dejarse guiar por él sin ahogar la potencia de la ficción en las necesidades inmediatas de la política.

Una segunda tarea tiene que ver con el trabajo democrático — hoy gravemente amenazado por la emergencia ambiental, por la valorización capitalista de toda necesidad social, por el ímpetu de las fuerzas reaccionarias— y remite a las condiciones necesarias para que la producción de esas ficciones siga siendo posible. Se trata aquí de blindar aquello que permite el ejercicio colectivo de la libertad, lo que quiere decir cosas muy concretas: hablamos ante todo de un derecho garantizado a la existencia, de las condiciones materiales y los marcos normativos que hacen posible la construcción colectiva de sí mismos. Es una evidencia, en este sentido, que hoy carecemos de la gran idea de a qué se debe parecer la sociedad por venir. 

"¿Cuál es el origen del mal social, y cuál es la mejor forma de combatirlo? No hay desigualdad, ni contradicciones sociales, ni conflicto de clase: hay personajes malvados, hay intrigas y conspiraciones, hay oscuros entramados de malas intenciones", advierten Pablo Bustinduy, doctor en Filosofía, y Jorge Lago, sociólogo y editor, autores de Política y ficción. Las ideologías en un mundo sin futuro, ensayo que acaba de publicar Península.

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