La ciudad y la ciudad Aroa Moreno Durán
En La ciudad y la ciudad, del escritor británico China Mieville, se cuenta la historia de un territorio donde conviven sin verse los habitantes de dos ciudades que están superpuestas. A los ciudadanos les enseñan, desde que son niños, a no ver, a “desver” a los otros habitantes, a no ver la otra ciudad. Romper la brecha significa ver o interactuar con la otra ciudad cuando no debes. Ver significa mirar fijamente a alguien de la otra ciudad. Significa reconocer edificios prohibidos. Significa reaccionar a algo que deberías ignorar. Y significa la desaparición forzada de aquel que abre los ojos a los otros.
Me acuerdo de esta novela de ciencia ficción atravesando Madrid, sureste-noroeste, volviendo a casa, sintiendo que he pisado la otra ciudad, que he roto la brecha en una, para mí, rápida y cómoda visita durante una mañana de primavera. Y aunque haya visto antes, porque una viene de ahí y se conoce el paisaje, y los edificios, las calles, los árboles son los mismos, hoy no es más que una privilegiada de la sierra que ha visto y está de vuelta a casa. Y escribo esto porque creo que es importante reconocer el lugar desde el que una mira y después ve.
He ido para encontrarme con los alumnos y alumnas de un instituto público en uno de los tres barrios más pobres de la región, a los que he ido a hablar de mis libros y de escritura. Uno de los distritos con las rentas más bajas, con altos niveles de desempleo y vulnerabilidad social. Donde en la clase, solo hay uno o dos estudiantes blancos, porque españoles son todos. Chicos y chicas que, para ir a clase, tienen que cruzar una plaza donde duermen heroinómanos sobre cartones. Y al volver, me sale escribir esto, después de buscar a mi hijo en otro centro público muy distinto, donde la proporción es inversa.
Me dice la profesora de literatura del instituto que he visitado que esto no es un barrio obrero sin más, que esta exclusión es otra cosa, que ya no es aquel distrito clase media baja de mis abuelos. Que cuando dicen que las dificultades de acceso a la vivienda son la primera preocupación de los jóvenes, que se están radicalizando ideológicamente o que no les llega el sueldo a fin de mes, le cuesta pensar que hablan de sus alumnos y alumnas, cuyas situaciones familiares son mucho más complejas, que algunos, por ejemplo, ya son padres y madres. Y no quiere contarme más.
Crecemos para no vernos, para no mezclarnos, para perpetuar la desigualdad distribuidos geográficamente. Una desigualdad que pega zarpazos hasta en la esperanza de vida
Madrid tiene muchas ciudades dentro de sí. Es una de las regiones de Europa con más segregación económica urbana. Muchos de los chicos y chicas de ese sur no conocen la Gran Vía, no han pisado el centro y tardarán en hacerlo. Y a los chicos y chicas del norte de la comunidad no se les habrá perdido nunca nada que les lleve al sureste. Podrán pasar toda su vida sin desplazarse la media hora que se tarda en llegar a esos distritos. Además, Madrid es la región con mayor segregación escolar de España y una de las más altas de Europa. Y así, como en esa novela, crecemos para no vernos, para no mezclarnos, para perpetuar la desigualdad distribuidos geográficamente. Una desigualdad que pega zarpazos hasta en la esperanza de vida. Formados para ignorar otras realidades que ni suman ni restan en las cuentas oficiales.
Recuerdo también la novela de Lara Moreno, donde solo hay un territorio vertical en el centro. En La ciudad (Lumen, 2022), tres mujeres conviven en un mismo edificio sin llegar a verse nunca de verdad. Cada una de ellas, sobrevive bajo una violencia distinta. Y no es ciencia ficción.
Escribir esto me incomoda porque el punto de vista es errado. Porque lo escribo y, tranquilamente, puedo continuar siendo ciega. Me preguntó una de las alumnas de Bachillerato de ese instituto por qué escribir, por qué permitir con las palabras que las heridas sigan abiertas, por qué extender el duelo. Por qué esta columna, me pregunto yo. Pues, a veces, no sé responder a eso. Quizá por si a alguien se le ocurriera mirar. Uno solo. Romper la brecha. Ver.
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