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El pacto presupuestario entre ERC y PSC dinamita los bloques del 'procés' y allana la legislatura de Sánchez

El president de la Generalitat, Pere Aragonès, y el líder del PSC, Salvador Illa, durante la firma del acuerdo para aprobar los presupuestos.

Lo que pasa en Barcelona afecta directamente a Madrid. Y viceversa. El acuerdo presupuestario alcanzado este miércoles entre el Partit dels Socialistes (PSC) y Esquerra Republicana (ERC) en la Generalitat no se entendería sin el papel que juegan los 13 diputados de ERC en el Congreso. De los republicanos depende gran parte de la estabilidad parlamentaria del Ejecutivo de coalición. Y el PSC ha querido desempeñar ese mismo rol en Cataluña, después de una década en la que cualquier pacto fuera del bloque independentista estaba absolutamente vetado.

“Con este acuerdo, Cataluña pasa de la inercia a la acción”, ha señalado el líder del PSC, Salvador Illa, tras pactar unas cuentas públicas cifradas en 41.000 millones de euros y con una inversión comprometida en más de 3.000 millones. Tras tres meses de negociación, ERC ha dado el visto bueno a las grandes infraestructuras que reclamaba el PSC como condición sine qua non, entre las que se incluye el desbloqueo del cuarto cinturón, la “modernización” del aeropuerto del Prat o el desarrollo del complejo de ocio del Hard Rock Café.

Sin embargo, Illa ha desvinculado el apoyo a los Presupuestos de otras implicaciones a largo plazo. “Este acuerdo no es un acuerdo de legislatura”, ha asegurado el socialista, un punto en el que también han incidido los republicanos. Con todo, desde el equipo del president Pere Aragonès creen que estas cuentas cierran el paso a la convocatoria anticipada de elecciones. "El objetivo es agotar la legislatura", ha asegurado la consellera de Presidència, Laura Vilagrà. Tras la salida de Junts del Govern el pasado mes de octubre, los republicanos gobiernan en minoría y necesitan de otras formaciones para sacar cualquier proyecto adelante.

Lo que sí ha querido remarcar Illa es que su visto bueno a las cuentas es “el intento explícito, deliberado, de buscar consensos”: “Queremos unir a los catalanes, poner los esfuerzos en lo que nos une”. Con esta estrategia, los socialistas catalanes buscan dejar atrás la política de bloques y ahondar en la brecha del independentismo para demostrar que “el procés ha acabado”, tal y como afirmó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, hace escasas semanas. Desde el PSC se muestran muy satisfechos con el acuerdo alcanzado y creen que, por primera vez en una década, se discute de “políticas progresistas” y no “de banderitas” ni “proclamas absurdas”,  señalan fuentes del partido a infoLibre.

Las implicaciones en Madrid

Los socialistas ponen el foco en las implicaciones que conlleva un pacto de este calibre, tanto para Cataluña como para el Gobierno del Estado. En ese sentido, creen que también repercutirá en las negociaciones para sacar adelante la ley de vivienda y la reforma de la ley mordaza en el Congreso. En ERC no se muestran tan optimistas y rechazan vincular el acuerdo en Cataluña con cualquier tipo de contraprestación en Madrid. Sin embargo, sí que admiten que están “condenados a entenderse” con el PSOE y esa es, precisamente, la estrategia que ha seguido la formación esta legislatura pese a las presiones del sector duro del independentismo. 

Con todo, a nadie se le escapa que ERC, que hasta la fecha amagaba con tumbar el dictamen de la ley mordaza, ha avalado este miércoles que la norma se debata en la comisión de Interior. Desde el PSOE afirman que los republicanos tenían “un papelón” porque sabían que Junts y Bildu iban a votar en contra y afirman que en los últimos días habían “aumentado la presión” para permitir que la reforma siguiera su curso si lograban sacar los Presupuestos en Cataluña. Los de Gabriel Rufián apostaban por iniciar el trámite en comisión después de más de 40 reuniones de la ponencia. "Queríamos ponerle luz y taquígrafos para saber hasta donde está dispuesto a llegar cada uno con el tema de la 'derogación'", señalan fuentes de ERC. En ese sentido, recalcan que la negociación presupuestaria en Cataluña no ha tenido nada que ver con su voto favorable en el Congreso. "Entendemos que la coincidencia temporal está ahí, pero nadie nos ha dicho lo que teníamos que hacer", afirman. Es más, aseguran que si el PSOE no se mueve de sus posiciones no tendrán su apoyo.

Lo que sí admiten fuentes de ERC es que el acuerdo en vivienda está cerca. Al menos, más cerca que el de mordaza. Desde el Ejecutivo de coalición confían en aprobar la ley en marzo para llegar a los comicios municipales y autonómicos luciendo esa bandera y los republicanos, junto con el resto de formaciones nacionalistas e independentistas, piden que se respete el marco competencial autonómico. Desde ERC siempre defienden que la Generalitat fue pionera al aprobar su propia ley de vivienda, que el Gobierno de Sánchez recurrió al Constitucional en 2021, parcialmente anulada por el alto tribunal el pasado año. 

Ambas formaciones son conscientes de que este último tramo de la legislatura es decisivo para sacar adelante todas las normas que aún están en el tintero. “Lo que no saquemos antes de verano ya no va a salir”, admiten sin ambages desde las filas socialistas. Un argumento que también comparten desde ERC, que temen un futuro gobierno de la derecha comandado por el PP y apoyado por la extrema derecha de Vox que revierta todos los avances logrados hasta la fecha. Como dicen en el partido, “mejor malo conocido que malísimo por conocer”. Por ese motivo creen que no se pueden perder en “debates absurdos” y abogan por sacar adelante el mayor número de iniciativas que beneficien al conjunto de la ciudadanía. 

Las implicaciones en Cataluña

El pacto entre socialistas y republicanos, avalado también por los comunes de Ada Colau, ha granjeado críticas desde Junts. Su líder parlamentario, Albert Batet, ha augurado el nacimiento de un nuevo tripartito similar al que gobernó Cataluña con Pasqual Maragall y José Montilla a la cabeza. “No volvemos al 2017, volvemos al 2004 y se constata un cambio de ciclo en la política catalana. Aragonès ha abandonado la mayoría independentista”, han sido sus palabras. El expresident de la Generalitat, Quim Torra, también ha expresado su contrariedad. “Qué grave es ver el escudo de la Generalitat al lado del logo del PSC. De una legislatura para culminar la independencia a otra para pararla”, ha señalado a través de su cuenta de Twitter.

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Desde Junts constatan un “cambio de ciclo” y aseguran que este acuerdo supone “un punto de inflexión en la política catalana”. La raíz del choque entre ERC y Junts es la estrategia a seguir para conseguir la independencia de Cataluña. Los republicanos han hecho una apuesta clara por el diálogo y por buscar una solución pactada con el Gobierno central, mientras que Junts opta por la vía más dura y por el "ho tornarem a fer" (lo volveremos a hacer), en referencia a la vía unilateral. Esa vía de diálogo es lo que le está provocando más críticas a Aragonès y al líder de ERC, Oriol Junqueras, por parte del independentismo más ortodoxo. Es más, durante las protestas de los independentistas por la cumbre entre España y Francia celebrada hace dos semanas, Junqueras fue abucheado y tuvo que irse de la manifestación.

Tanto Junts como ERC llevan años en plena competición por ser la primera fuerza en Cataluña y lejos queda aquella época en la que formaron la coalición Junts Pel Sí. La formación de Carles Puigdemont busca situar a ERC como un partido que ha traicionado a sus bases y que, incluso, ha renunciado a la independencia. Los republicanos, por su parte, señalan que la estrategia de “dar carnets” de pureza independentista no lleva a ningún lado. “ERC saca más votos que el hiperventilismo, pero en la calle hay más movilización de los hiperventilados”, resumen en la formación.

La relación entre ERC y el PSC también puede suponer un problema, según reconocen ambas partes, de cara a las elecciones municipales del próximo mayo. Esquerra y socialistas entran de lleno en la batalla por algunos grupos de electores en clave de políticas progresistas. De hecho, una de las grandes batallas será la de la ciudad de Barcelona (ERC ganó en las anteriores pero no logró gobernar). En esta ocasión el PSC se siente de subidón y cree que Jaume Collboni podría dar la campanada. Por su parte, los republicanos no descartan que el PSC acabe apoyando a Xavier Trias, representante de Junts, frente a su propio candidato, Ernest Maragall. 

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