La paradoja de la delincuencia en Barcelona: lidera la reducción de la criminalidad mientras sube la preocupación ciudadana

Pareja de la Guardia Urbana de Barcelona.

Barcelona ha reducido la delincuencia un 16,4% entre 2019 y 2022. Además, lidera la tendencia a la baja en España. Sin embargo, sus vecinos y vecinas afirman que la inseguridad es el primer problema de la capital catalana. Y lo dicen desde diciembre de 2018. De hecho, es el primer quebradero de cabeza para uno de cada cuatro habitantes. “Nos preocupa mucho la percepción ciudadana”, reconoce a infoLibre el teniente de alcaldía de Prevención y Seguridad de Barcelona, Albert Batlle.

167.698 delitos. 459 por día. Es el balance que ha registrado Barcelona en 2022. En 2019 fueron 200.512. Casi la mitad de las infracciones penales son hurtos; se cometen 219 por día, de media. “Es el delito más frecuente, no implica violencia, pero hay mucha inseguridad”, admite Batlle. Destacan también las estafas informáticas, que han crecido un 45% en tres años y ya son casi 16.000, 44 por día. Así mismo, de media se producen 36 robos con violencia e intimidación.

La capital catalana afronta la dualidad de las cifras, que son positivas, y el feeling de su ciudadanía, que asegura estar muy preocupada con este asunto. Todo a las puertas de unas elecciones municipales, que serán el 28 de mayo, de aquí a dos meses. Y la seguridad, sin duda, será uno de los grandes temas de estos comicios.

“Se hace una manipulación de la sensibilidad con fines económicos y políticos”, asegura Amadeu Recasens, que es doctor en Derecho, criminólogo, exdirector de la Escuela de Policía y excomisionado de Seguridad del Ayuntamiento de Barcelona en la primera legislatura de Ada Colau como alcaldesa, además de exmiembro del Comité Permanente de Asuntos Éticos de INTERPOL. “Si quieres generar alarma social, por motivos económicos, por ejemplo porque tienes una empresa dedicada a la seguridad privada, venderás más si haces que la gente esté muy preocupada porque le ocupen la casa. Campañas como estas, que escuchamos cada dos por tres, especialmente antes de las vacaciones, sensibilizan, cuando la realidad es otra”, argumenta.

Tomar posición sobre lo falaz es como dispararse al pie, sostiene Recasens. “Como partimos de situaciones reales, como las ocupaciones, se incrementa una sensación y rebatir lo fake [falso, en inglés] es imposible. Hace falta criterio propio, no se puede aceptar desde una posición de izquierdas el discurso de la derecha en materia de seguridad”, sentencia.

La seguridad, tema de campaña

Los partidos promueven distintas recetas para abordar la sensación de inseguridad. “Hemos aumentado la plantilla de la Guàrdia Urbana [hay 500 agentes más desde 2015], la coordinación policial con los Mossos d’Esquadra ha mejorado y nuestra policía está más cerca de la ciudadanía”, enumera el teniente de alcaldía de Seguridad, que es concejal por el PSC y que aspira a repetir en la misma área, además de tomar el mando del distrito de Ciutat Vella, donde se concentran la mayoría de infracciones graves.

“El planteamiento no puede reducirse a la cantidad de agentes que hay en la calle”, cuestiona el candidato de Esquerra Republicana a la alcaldía de Barcelona, Ernest Maragall. “Hace falta hablar más de ocupación laboral y de vivienda, porque la ausencia de políticas vigorosas en ese terreno automáticamente se convierten en fábricas de inseguridad”, afirma a este diario. “Hay que combatir los efectos de la delincuencia, pero dediquemos algún esfuerzo también a las causas y no todo a las consecuencias”, pide Maragall.

El cambio en el código penal para acabar con la multirreincidencia es un logro del Ayuntamiento de Barcelona, según cuenta Batlle. “Los efectos se verán a medio plazo, hasta ahora los delitos menores no computaban a efectos de reincidencia y con la modificación ya lo empezarán a hacer [a partir de la tercera sentencia por hurto leve se agravará la siguiente pena, con posibilidad de ingreso a prisión]”, se felicita. En este sentido, ya empiezan a anularse juicios por delitos leves y se transforman en agravados. “De cara al verano esperemos que todos estos nuevos juicios empiecen a causar este efecto”, desea Velázquez.

Los cinco multirreincidentes más activos de la ciudad en 2022 fueron detenidos 117 veces y entre ellos acumulaban 178 antecedentes penales, cuentan los agentes. De hecho, las dos policías han establecido un plan de actuación conjunto con el que se ha logrado reducir los 385 delincuentes frecuentes que hubo en 2021 a 289 en 2022.

“Hemos incrementado la relación con Fiscalía y con la judicatura y creo que estamos yendo por el buen camino”, opina Batlle. Es por eso que con este sumatorio de medidas aspira a rebajar la sensación de inseguridad en la ciudad. “Las percepciones suben enseguida y cuestan mucho de hacer bajar”, apostilla.

Hay más robos con violencia en Barcelona que en Madrid

Los robos con violencia en Barcelona superan los registrados en Madrid –13.236 y 12.856, respectivamente–, a pesar de que la capital española tiene 3.280.782 habitantes, el doble que la capital catalana (1.636.193). “Se producen, básicamente, en los lugares turísticos y es a consecuencia del éxito de Barcelona, de ser una capital turística, mientras que Madrid tiene más población, pero más dispersa”, dice Batlle. La concentración de población de la capital catalana, muy superior a la de Madrid, explica una parte del porqué de la situación. “Tenemos tres veces más densidad que Madrid y eso genera una presión más grande. En l’Eixample hay más gente por kilómetro cuadrado que en Bombay y con turistas es un factor añadido. Muchos robos con violencia se han iniciado con un hurto y ha terminado en robo con violencia”, argumenta Velázquez.

En casi nueve de cada diez ocasiones no hay armas de por medio, según los datos de la policía catalana y de la de Barcelona. En el 45% de las ocasiones el objeto sustraído es un móvil, seguido de un bolso o una mochila, joyas, relojes y dinero.

En Madrid se cometieron más de 400.000 infracciones penales a lo largo de 2022, más que duplicando los datos de Barcelona. En València, tercera ciudad española en número de habitantes, la cifra baja hasta las 61.000. Le siguen Sevilla (49.000) y Zaragoza (26.000). Ninguna de las cuatro grandes ciudades reduce como la capital catalana el número de infracciones penales. Madrid apenas lo hace un 1,2%, comparando los datos de 2022 con los de 2019; mientras que en el resto de urbes las cifras subieron: un 0,5% en Sevilla, un 1,9% en Zaragoza y un 24,8% en València.

Son datos registrados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como la Policía Nacional y la Guardia Civil, los cuerpos de policía dependientes de las comunidades autónomas, como lo son la Ertzaintza, los Mossos d'Esquadra y la Policía Foral de Navarra, así como también por aquellos cuerpos de policía local que facilitan datos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como sería el caso de la Guàrdia Urbana de Barcelona y del resto de policías locales.

Las denuncias por agresiones sexuales, al alza

Los delitos contra la libertad sexual aumentan en las grandes capitales. En la de Aragón se triplican las denuncias por agresiones sexuales con penetración y en la de la Comunidad Valenciana se duplican. En Madrid suben un 59,7% y en Barcelona un 15,2%. “Hemos hecho aflorar una cifra oculta, cada vez se denuncia más”, sostiene Batlle.

Barcelona es una ciudad segura”, se reafirma el teniente de alcaldía de Seguridad. Es una opinión que también comparten el intendente mayor de la Guàrdia Urbana de Barcelona, Pedro Velázquez, y Recasens. “Hay delitos de baja intensidad, pero no graves como homicidios, asesinatos y lesiones graves”, sigue Batlle. “Todo desemboca en la cadena de la droga, para consumir y traficar, y es aquí donde está el crimen organizado”, insiste.

La seguridad no consiste solo en detener delincuentes, cuenta Velázquez. “Barcelona debe abordar la actividad delictiva, pero también está la gestión de la convivencia. Las molestias por ruido son bastante frecuentes y generan fricción y cuando le preguntas a la gente por la seguridad te dicen que tienen problemas con los patinetes eléctricos, por ejemplo”. “Estoy convencido que hay que tener un concepto global de seguridad, estamos trabajando en ello y está dando buenos resultados”, añade.

El tráfico de droga se ha triplicado en la capital catalana, muy por encima de la evolución que ha registrado cualquier otra gran ciudad. “Tenemos un problema, en noviembre ya lo detectamos y dijimos que los Mossos d’Esquadra tenían que reforzar las unidades de investigación sobre el narcotráfico, mientras que nosotros hemos aumentado un 20% las patrullas en el distrito de Ciutat Vella [en el centro de la ciudad]”, cuenta el concejal. “El negocio de la droga está en el fondo de toda la criminalidad, incluso de los hurtos”, añade.

Cuanta más actividad policial hay más delitos detectamos”, argumenta el intendente mayor de la Guàrdia Urbana. “Hay puntos de droga en la ciudad en los que se aprovechan las ocupaciones de pisos para traficar”, explica. El resultado de la acción policial, sin embargo, es escaso. “Las cantidades de droga que requisamos no son muy altas, 30 o 40 gramos de cocaína y quizás medio kilo de marihuana… no es mucho, pero tenemos que mantener la presión, porque si no se para a tiempo se convierte en un problema mucho más grande”.

Los clubes cannábicos son una fuente de conflicto, a tenor de las palabras de Batlle. “Yo estoy por cerrarlos todos, son un negocio que no debería tener cabida”, asegura. Y va más allá. “Tenemos que endurecer el código penal para los delitos contra la salud pública. En la primera década de siglo las prisiones estaban llenas y se tomó la decisión fantástica”, ironiza el teniente de alcaldía de Seguridad, “de rebajar las penas por estas infracciones, cuando es un tema que nos tenemos que tomar muy en serio”.

La solución tiene que ser múltiple, opina por su parte Recasens. “Hace falta una estrategia, que tiene que ir más allá de los titulares que publican los medios más alarmistas, que no pasa por más policía, sino por elementos educacionales”, dice. “Hay que atacar la criminalidad con el empoderamiento de la ciudadanía. Es más, en estos momentos la policía no es ni el elemento central de la seguridad, sino que pasa por una alianza entre distintos actores sociales en los que la ciudadanía es importante. La solución no es poner rejas y alarmas en las casas, sino en la identificación del crimen y en cómo pueden participar de la detección”, añade. “Llevamos más de 100 años haciendo políticas públicas conservadoras y no ha funcionado, hacer más de lo mismo no funcionará”, concluye.

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