La investidura navarra

PP y Cs falsean el pacto de Gobierno de Navarra para presentarlo como un “homenaje a ETA” y atacar así al PSOE

La secretaria de Organización del PP, Ana Beltrán, y su portavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, a su llegada al Parlamento de Navarra,

PP y Ciudadanos se movilizaron este jueves para dejar constancia de su escándalo porque la socialista María Chivite se vaya a convertir en presidenta de Navarra con el voto a favor de las marcas locales de PNV, Podemos e Izquierda Unida y la abstención de EH Bildu. Con el objetivo de desacreditar a los socialistas no dudaron en volver a utilizar ETA como arma arrojadiza en el debate político y en denunciar que el PSOE ha aceptado un inexistente plan para dejar Navarra en manos de Bildu y anexionarla al País Vasco.

Ana Beltrán y Cayetana Álvarez de Toledo, recién nombradas por Pablo Casado secretaria de Organización y portavoz el Congreso del PP, respectivamente, quisieron escenificar la gravedad de la “traición” que, según ellas, está cometiendo el PSOE navarro asistiendo en persona a la primera jornada del debate de investidura que este viernes concluirá, si no hay sorpresas, con la elección de Chivite como presidenta.

Tampoco faltó a la cita Lorena Roldán, en su estreno al frente de la portavocía nacional de Ciudadanos. La sustituta de Inés Arrimadas en su doble faceta de candidata naranja a la Presidencia de Cataluña y también como portavoz del partido eligió para calificar la investidura las palabras “infamia” y “farsa”.

La decisión de Chivite de liderar un pacto de izquierdas para gobernar Navarra sin Bildu, que en los últimos cuatro años sí estuvo gobernada por un cuatripartito del que formaba parte la formación abertzale, escuece en las filas de la derecha. PP, Cs y UPN, un partido fundado en 1979 para oponerse expresamente a la posibilidad de que la comunidad foral decida libremente integrarse en el País Vasco utilizando para ello los mecanismos establecidos por la Constitución española, unieron fuerzas en las elecciones forales y se presentaron bajo la marca Navarra Suma. Quedaron en primer lugar, pero no consiguieron mayoría absoluta (20 de 50 escaños). Así que desde el día de las elecciones han exigido al PSN (11 diputados) que les permita gobernar en nombre de la unidad de las fuerzas constitucionalistas, una condición que, paradójicamente, tanto Cs como el PP niegan a los socialistas en el conjunto de España.

El PSN desoyó los cantos de sirena de la derecha y negoció un acuerdo de gobiernoacuerdo con Geroa Bai —la coalición de la que forma parte el PNV navarro—, Podemos y la coalición Izquierda-Ezkerra, en la que participa IU, mientras rechazaba expresamente negociar, y mucho menos pactar, con EH Bildu. Ese acuerdo es el que este viernes va a hacer posible la investidura de María Chivite, una socióloga de 41 años con 20 años de militancia socialista a sus espaldas, la mitad de ellos con ETA todavía activa. Y un acuerdo que saldrá adelante sin el apoyo de Navarra Suma, que votará en contra, y de EH Bildu, que se abstendrá.

Aunque se trata de una abstención —en 2011 la formación abertzale se abstuvo en la primera investidura de Mariano Rajoy sin que nadie especulara con pactos secretos—, PP y Ciudadanos insisten en afirmar que el PSN, el PSOE e incluso Pedro Sánchez han pactado con Bildu y con su líder, Arnaldo Otegi, a los que ocho años después de que la organización terrorista dejara de matar siguen llamando “los amigos de ETA”.

En plena escalada verbal de PP y Cs contra los socialistas navarros, Ana Beltrán habló de “traición” y anticipó que tanto Bildu como los nacionalistas vascos planean “imponer el euskera” y “la ikurriña” y poner en marcha una estrategia de “anexión al País Vasco”, además de “sacar de Navarra a la Policía Nacional y a la Guardia Civil” y convertir la comunidad foral en “una provincia más de Euskadi”.

No explicó por qué si esos son sus planes no los llevaron a cabo en la anterior legislatura, cuando una coalición en la que sí estaba Bildu gobernó Navarra sin el PSN. Y pasó por alto que la Policía Nacional y la Guardia Civil siguen en el País Vasco, donde gobierna el PNV desde hace años.

Un pacto que no existe

Una y otra vez ignoró, además, que el PSN no ha negociado nada con Bildu y remarcó, en entrevistas en la radio y en declaraciones a los medios, que Chivite “ha sido muy irresponsable al querer ser presidenta con el apoyo de Bildu”.

Cayetana Álvarez de Toledo, la nueva portavoz del PP en el Congreso, tampoco ahorró calificativos. Sánchez, dijo, “anexiona Navarra a la indignidad de su proyecto” y “abdica” no ya del “consenso constitucional” sino del “consenso moral español”.

Según ella, “todo el proyecto político de Sánchez se basa en la abstención de Bildu-Batasuna”. La investidura de Chivite constituye, remarcó, un “homenaje público al mundo de ETA”. Y, en línea que con la acusación que en 2005 dirigió Mariano Rajoy, entonces líder de la oposición, al presidente  José Luis Rodríguez Zapatero —“usted traiciona a los muertos”, le dijo—, se propuso rendir homenaje “a los nueve militantes socialistas asesinados por la banda terrorista ETA” leyendo sus nombres delante de la prensa.

En la pelea por liderar las expresiones en contra de la elección de la candidata socialista como presidenta ese Navarra entró tanbién la portavoz naranja, Lorena Roldán, quien la acusó de tener “como socio colaborador a Arnaldo Otegi”. “Sánchez”, enfatizó, “ha pisado una línea roja gravísima e intolerable para los constitucionalistas al entregar Navarra a Bildu: por primera vez un presidente español pacta con Batasuna para poder alcanzar el poder”.

“La libertad y la igualdad están en jaque aquí en Navarra”, prosiguió la representante de Albert Rivera, desplazada a Pamplona para la ocasión. “Entregar Navarra a Bildu es la madre de todas las infamias de Sánchez” porque la Comunidad Foral, aseguró sin precisar más, “es un asunto de Estado”.

Las acusaciones de PP y Ciudadanos contra el PSOE coincidieron en el tiempo con el anuncio de que ambos partidos han acordado repartirse el Gobierno de la Comunidad de Madrid con el apoyo de los diputados ultraderechistas de Vox.

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