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Talento a la fuga

“Cuantas más puertas se te cierran en España, más bonitas ves las ventanas de Latinoamérica”

“Cuantas más puertas se te cierran en España, más bonitas ves las ventanas de Latinoamérica”

“Antes de matricularme revisé la lista de carreras que había y pensé: A ver, si ya me he licenciado en periodismo, que no tiene futuro, ¿cuál es la otra que todavía tiene menos? Y me decanté por antropología. Y así decidí mi porvenir”, ironiza Sonia Guerra, una sevillana de 29 años que ha preferido siempre adentrarse en territorios desconocidos antes que escoger el camino fácil. Una manera de vivir y de tomar decisiones que la ha llevado hasta Nicaragua, Palestina o México, el próximo país al que viajará en febrero con la ayuda de una beca y en el que asegura que se quedará si le ofrecen la estabilidad económica y profesional que le niega su tierra natal. “Cuantas más puertas se te cierran en España, más bonitas ves las ventanas de Latinoamérica”, sentencia.

Terminó la carrera de periodismo en 2010, cuando la crisis económica comenzaba a causar estragos en los medios de comunicación a los que aspiraba a encontrar un empleo. Han pasado casi seis años y Sonia ya se ha decantado por la antropología, pero recuerda perfectamente cómo se iban desmoronando una tras otra las plantillas de las cabeceras nacionales y con ellas, cualquier expectativa de emprender una carrera profesional en el sector para el que se había formado. “Ya estaba empezando a caer todo y llegaron los ERE. De hecho yo fui testigo de uno cuando estaba haciendo las prácticas y luego fueron despidiendo a muchos otros. Se quedó la gente joven y los becarios”. Y en ese escenario en ruinas se estrenó Sonia, que, desmoralizada, un año más tarde se decantaría por la antropología. “Claro que en mi decisión influyó la situación que vivía la profesión, porque si tú te ves con un futuro laboral aprovechas de otra forma ese aprendizaje y lo valoras más”, explica, “pero si ves que cuando terminas de becario te van a echar porque van a coger a otro, o que vas a estar trabajando 12 horas con un contrato de 4 o de 5, pues te desmotivas”.

Sonia rompió con el periodismo después de desfilar durante un año por las plantillas de diversos periódicos buscando hacerse un hueco en una de las profesiones más castigadas por la crisis. Entonces emprendió un viaje a Nicaragua, el lugar que terminaría por marcar su verdadera vocación. “Me marché con una beca de cooperación de la universidad de Sevilla y luego ya me quedé un poco más trabajando con una ONG. Tratamos el tema de la alfabetización en las comunidades indígenas y fue ahí donde se despertó mi interés por la antropología”, explica.

Reconoce que ha elegido un terreno profesional todavía más denostado que el del periodismo, “ya no solo por los efectos de la crisis, sino porque las ciencias sociales en general han tenido poco peso en España”, una tendencia que, señala, se ha agudizado en los últimos años: “La investigación se ha reducido, los cursos no se dan y la adaptación a grado no está siendo buena”. Se refiere así a un escenario laboral que, según indica, contrasta con el mexicano, donde el interés por la antropología es notablemente mayor. “México es uno de los países punteros en la materia, entre otras cosas porque tiene un porcentaje importante de población indígena. Allí no solo le dan valor, sino que también hay puestos de trabajo disponibles, publicaciones y mucho más movimiento académico”.

“Mi madre me dijo: ‘No has estado diez años estudiando para trabajar de cualquier cosa’”

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"Pongo mi mano en el fuego por México", afirma confiando en que el país centroamericano le ofrecerá más opciones laborales, sobre todo, asegura, teniendo en cuenta que la antropología y el periodismo “son dos actividades que en España están casi muertas”. Así que Sonia concentra casi todas sus esperanzas profesionales al otro lado del Atlántico. “Me quedaré si ese país me ofrece una estabilidad económica y laboral”, promete.

Antropóloga de vocación, Sonia no logra desprenderse de su faceta como periodista, un rasgo que siempre le acompaña y que le permite examinar con una mirada crítica las realidades a las que se ha enfrentado, en ocasiones sorteando obstáculos impuestos por intereses políticos de una de las zonas más conflictivas del planeta. “Cuando me fui a Palestina yo ya estaba vinculada con la antropología”, declara. “Trabajamos con los beduinos del Valle del Jordán, una zona bastante reprimida, dentro de la represión que vive todo el territorio”, explica. “Aquella experiencia me sirvió, no solo a nivel académico, sino para poder acceder a una realidad que no se refleja bien en los medios. Y te das cuenta de la manipulación informativa en torno al conflicto”, denuncia dejando que su otra vocación como periodista se abra paso. “La manipulación está en el enfoque, y creo que lo más flagrante es el tratamiento de las víctimas de uno y otro bando”.

De Nicaragua a Palestina, a Sonia siempre le ha acompañado esa capacidad para enjuiciar las realidades más lejanas que ahora le ha valido una nueva oportunidad en México. Mientras cuenta los días que le faltan para emprender esta nueva fase de su carrera, no puede evitar contemplar con el mismo espíritu crítico la España que está a punto de abandonar: "Me apetece ser viajera, no emigrante. Es que es diferente. Me gusta pasar un tiempo en los países, vivir ahí, conocer, pero me gusta la idea de poder volver a casa, y eso es lo que me da más pena. Saber que no me voy porque quiera realmente, sino porque aquí no me ofrecen nada".

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