Talento a la fuga

“Mi madre me dijo: ‘No has estado diez años estudiando para trabajar de cualquier cosa’”

Cristina Torre

Le gusta el “jaleo” de España, el bullicio de su gente y sus largas jornadas de sol, sin embargo, Cristina Torre, una pamplonesa de 29 años, renunció a su país natal hace poco más de un año para viajar hasta Gran Bretaña. Cansada de enfrentarse día tras día a “ningún tipo de expectativas de futuro”, esta graduada en Criminología y licenciada en Ciencias Políticas decidió hacer las maletas y pasar a formar parte de la cada vez más abultada cifra de jóvenes que se han visto forzados a atravesar las fronteras “para buscar el trabajo que no tienen en España”.

Tomó la decisión de marcharse en septiembre de 2014, el mes en el que terminó el Grado de Criminología, una titulación de reciente homologación que, todavía, no logra encajar en un mercado laboral que concede pocas salidas a estos profesionales. “En España no tenía ningún tipo de perspectiva, porque las oposiciones para criminólogos no se convocan al ser un grado nuevo; están cerradas solamente a la gente que viene de Derecho, entonces no tenía ningún tipo de posibilidades de opositar ni de trabajar en nada”. En pleno contexto de crisis, y sin más opciones que las de abrirse paso en una administración pública que limitaba la entrada a los de su especialidad, Cristina vio clara su salida al extranjero. “Tengo casi 30 años. No podía quedarme esperando tres o cuatro más a que se lograra que se publicaran plazas para criminólogos”, asevera.

Esta pamplonesa, que entonces ya conocía a su novio inglés con el que ahora convive, vio en Gran Bretaña la oportunidad de emprender una carrera profesional que está más arraigada en el país anglosajón que en su propia tierra. Allí, según explica, las posibilidades de encontrar un trabajo relacionado con su sector aumentan considerablemente, aunque se empiece desde abajo. “En España funciona todo por oposición y aquí hay muchas posibilidades de trabajar con menores, inmigrantes, mujeres maltratadas u otro tipo de colectivos”, concluye.

Desde el más bajo de los peldaños, Cristina se ha propuesto escalar posiciones en el mercado laboral británico. Primero como camarera para mejorar su inglés, “cómo hacen la mayoría de españoles licenciados que han llegado hasta aquí”, enfatiza; y después como voluntaria en un centro infantil, una manera habitual de aspirar a un puesto de trabajo relacionado con su formación, según indica. “Aquí sí que se ve que progresas. Si empiezas de cero las oportunidades aparecen, aunque por supuesto, te pueden rechazar, eso es evidente, pero puedes optar a mejorar tu posición”, revela al tiempo que protesta por el cada vez más rígido e inmovilista escenario laboral español, en el que “empiezas siendo camarera en un restaurante, y treinta años después sigues dedicándote a lo mismo”.

Cristina, que tendrá que compaginar su actividad como voluntaria en el centro infantil con un trabajo remunerado, no renuncia a los esfuerzos invertidos en su formación durante diez años. “Aunque vivo con mi novio, que tiene una buena posición profesional, tengo claro que en el futuro yo no quiero ser ama de casa ni mujer florero. Yo lo que quiero es aplicarme en lo que he estudiado”. Una condición autoimpuesta con la que también su propia familia la animó a marcharse. “Mi madre me dijo: 'No has estado diez años estudiando dos carreras para trabajar de cualquier cosa. Creo que debes luchar por encontrar un empleo de lo tuyo'”, una meta a la que se han visto obligados a renunciar los miles de jóvenes españoles que, desde la entrada de la crisis económica, han tenido que aceptar trabajos por debajo de su nivel de formación.

Se reconoce en esa generación perdida que, “o se ha tenido que marchar fuera, o se ha visto obligada a renunciar a empleos acordes a su formación”. Se siente parte, en definitiva, de esa masa de titulados españoles que, desde las universidades, soñaban con un éxito profesional que nunca les llegó. “Si valías para estudiar, te licenciabas y después de cabeza a un máster, y después de eso, la promesa de trabajar en lo tuyo. Una mentira”. Es el reproche de alguien que comparte la frustración con otros cientos de compatriotas que ahora viajan al extranjero buscando las oportunidades que les ha negado su país. “Te crees que te vas a comer el mundo y te plantas con 30 años sin nada”. Y contundente, no esquiva el término “emigrante” para referirse a sí misma y a los miles de españoles que han atravesado las fronteras buscando el trabajo que España les ha negado. “Lo siento, pero es lo que somos. Nos marchamos a otros países donde sí hay empleo. Es tan sencillo como eso. Qué le vamos a hacer…”.

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