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Las razones que explican el hundimiento del bipartidismo

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en su primer encuentro en el Palacio de la Moncloa.

El presente es complicado para PP y PSOE. Al menos, a la luz de los datos que esta semana arrojó el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Desde 2011 socialistas y conservadores han perdido el 30% de su electorado. Ambos partidos sumarían ahora el 51,2% de los votos –su peor resultado histórico– y una cifra muy similar a la obtenida en las europeas del pasado 25 de mayo, cuando se hicieron con el 49,06% de las papeletas. En las últimas generales recibieron el apoyo del 73,39% de los electores. La caída es, por tanto, de 22 puntos. 

Los españoles que darían ahora su confianza al partido de Mariano Rajoy son el 30%, lo que supone 14,6 puntos de caída respecto a las generales de 2011. Es su índice más bajo en toda la serie. Mientras, en el PSOE no se ven síntomas de recuperación. Los socialistas siguen sin capitalizar el trecho perdido por los conservadores y también obtienen en este barómetro de julio su estimación de voto más baja: el 21,2%, una caída de 7,5 puntos sobre el batacazo electoral que sufrieron hace tres años. Hay que señalar que el trabajo de campo del sondeo del CIS se realizó junto antes de que Pedro Sánchez fuese elegido nuevo líder del partido.

Pero PP y PSOE logran retener al electorado de mayor edad y socialmente más acomodado, al que vive en núcleos de población más pequeños, a los agricultores y jornaleros, a los pensionistas, a las amas de casa... Por contra, los sectores en los que el bipartidismo tiene menos respaldo son los tradicionalmente más dinámicos, como los jóvenes, los habitantes de las grandes ciudades, los estudiantes y el grupo de “empresarios, altos funcionarios y ejecutivos”. 

01. Los datos 

A ojos del CIS es el electorado más envejecido y periférico el que, en la actualidad, sostiene a socialistas y conservadores. La intención directa de voto a ambas formaciones (lo que los españoles responden de forma espontánea cuando se les pregunta por su comportamiento electoral más probable, sin cocina previa) es en total del 23,4%. Los datos demuestran que ese apoyo viene principalmente de determinados sectores rurales y de mayor edad y menos formación. De hecho, la intención directa de voto a PP y PSOE sólo supera el 25% entre los mayores de 55 años, las personas que viven en municipios de hasta 10.000 habitantes, las que tienen estudios primarios o ninguna formación, los pensionistas y las amas de casa, las "viejas clases medias" (pequeños empresarios, autónomos y agricultores) y los obreros no cualificados (obreros de la industria y de los servicios y jornaleros). 

Para José Fernández-Albertos, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Harvard e investigador en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, lo que más llama la atención de estos datos es el sesgo generacional, pues es en los grupos de edad de personas más jóvenes donde se dan porcentajes de apoyo a PP y PSOE más bajos. Entre los que tienen entre 18 y 24 años sólo el 13,4% dicen que darían su respaldo a uno de los dos principales partidos. El porcentaje es tres puntos superior entre los que tienen entre 25 y 34 –se sitúa en el 16,4%–, prácticamente igual que en el grupo de 35 a 44 –16%. "El joven es un tipo de votante más hostil a los partidos del pasado. Es este grupo de población el que se considera más afectado por la precariedad laboral, por eso se aleja de las formaciones que han estado tradicionalmente en el poder", asevera Fernández-Albertos. 

Una opinión similar tiene Lluis Orriols, doctor por la Universidad de Oxford y profesor de Ciencia Política en la Universidad de Girona. "La gente mayor es la que durante más tiempo ha estado expuesta al sistema tradicional de partidos, ha generado unas lealtades que le cuesta más romper. No obstante, hay que tener en cuenta que en sectores en los que ambos partidos han sido hegemónicos también pierden votantes a pesar de que sigan ganando", señala. 

Berta Barbet, politóloga y estudiante de doctorado en la Universidad de Leicester (Reino Unido), cree que el hecho de que PP y PSOE conserven el voto rural tiene que ver con el hecho de que en los municipios más pequeños se establecen relaciones más próximas entre representantes y representados, y eso puede generar mayores lealtades incluso en comicios de carácter estatal o autonómico. 

Por su parte, Fernández-Albertos considera que estas cifras también tienen una explicación socioeconómica. "Al PP se le han ido los golpeados por la crisis, pero sí han logrado retener al electorado más mayor y socialmente más acomodado. Son los grupos de población más temerosos de las turbulencias económicas, que buscan la estabilidad con el objetivo de que se mantengan los depósitos bancarios o no se ponga en cuestión la pertenencia al euro", asevera. Entre tanto, añade, ha renacido con fuerza un voto de clase que no ve al PSOE como opción, igual que tampoco lo ven los jóvenes. 

El panorama que dibuja el CIS es "especialmente preocupante" para los socialistas, según señala Ignacio Urquizu, profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y colaborador de la Fundación Alternativas. "Aunque mantengan un cierto grado de apoyo, llama la atención la caída en sectores como los obreros no cualificados, que tradicionalmente ha sido uno de los graneros de votos del PSOE. Además, los datos reflejan cómo es posible que el PSOE pierda la hegemonía de la izquierda entre determinados grupos de población como los jóvenes o los habitantes de grandes ciudades", destaca Urquizu. 

02. Las razones del hundimiento 

La foto fija del CIS evidencia una situación de desgaste en PP y PSOE, aunque no sólo en ellos dos. En este punto, Orriols apunta a la baja fidelidad de voto que tienen los partidos que, a nivel estatal, tuvieron más apoyos en las últimas generales. Según el último CIS, sólo el 38,1% de los electores que optaron por el PSOE en 2011 volverían a votarle ahora. En el PP el porcentaje de votantes que repetirían es del 50,5%; en IU, del 45,5% y en UPyD, del 48,2%. "El caso de los socialistas es especialmente peculiar porque evidencia una fidelidad baja entre un grupo de votantes, los que le apoyaron en 2011, que ya de por sí eran los muy fieles", explica. 

No es de extrañar, por tanto, que los sociólogos y politólogos consultados por infoLibre reparen especialmente en las dificultades que tiene el PSOE no ya para recuperar su base electoral, sino para no seguir perdiéndola. Y eso a pesar de que está en la oposición. "En la memoria de muchos votantes se ha instalado que la política de lucha contra la crisis del PSOE no fue muy diferente de la que ahora está haciendo el PP. El giro que dio Zapatero y los recortes que llevaron a cabo los socialistas en su segunda legislatura son un lastre para el PSOE actual. La opinión pública ha metido en el mismo saco a los dos", señala Fernández-Albertos. 

"En determinados temas que están marcando en este momento la agenda mediática, como la corrupción o la forma en que se afronta la crisis económica, los ciudadanos siguen percibiendo al PSOE como un partido que está muy cerca del PP. Los socialistas han perdido parte de su credibilidad, en el imaginario de la gente ha calado que no son sinceros en sus discursos. Tampoco supieron explicar y defender el giro dado en mayo de 2010. No tuvieron valentía para hacerlo", dice Barbet. 

Urquizu también aporta algunas claves para analizar este hundimiento de los socialistas. "En el último tiempo se ha centrado el análisis en la falta de credibilidad de Rubalcaba, pero de lo que realmente carece el PSOE es de un proyecto ilusionante. Han confundido tener un buen proyecto político con escribir 600 páginas. Me cuesta pensar que haya jóvenes o habitantes de grandes núcleos de población que se ilusionen con el proyecto actual. Sin embargo, la realidad es que tampoco IU o UPyD despiertan ilusión", analiza. 

03. La ubicación ideológica del PSOE

Dentro de esta crisis socialista, los analistas aluden a la percepción que los votantes tienen del PSOE como una de sus posibles causas. Aquí también el CIS ofrece información elocuente. Y es que, a los ojos de los votantes, el PSOE es un partido que se ubica cada vez menos a la izquierda. El porcentaje de personas que sitúan a los socialistas en el centro o centro-derecha (las posiciones 5 y 6 en una escala de 1 a 10, donde el 1 es la extrema izquierda y 10 la extrema derecha) ha pasado del 25,7% en 2010 al 31,9% en 2014. Es decir, casi uno de cada tres votantes ubica al partido que ahora lidera Pedro Sánchez en ese espectro ideológico. Por otro lado, los que lo sitúan a la izquierda (posiciones 3 y 4) han pasado de ser el 37,1% al 33,6% en el mismo espacio de tiempo. 

¿Por qué ocurre esto? Eva Anduiza, profesora de Ciencias Políticas de la Universidat Autònoma de Barcelona (UAB), considera que hay un salto importante en 2010, "seguramente a raíz del giro radical que dio el Gobierno de Zapatero en mayo de ese año". No obstante, apunta a otro factor: "Al aparecer otros actores a la izquierda del PSOE, este partido y otras formaciones se ven más desplazados a la derecha en la ubicación de los electores". "Por ejemplo, el porcentaje de gente que sitúa al PP en la extrema derecha ha pasado del 24% en 2009 al 39% en 2014. Es un aumento bastante espectacular, que sitúa al Partido Popular a niveles de 1989. En todo caso, el PP sufre menos esta fragmentación en su espacio electoral y a pesar del desgaste puede presumir de seguir apareciendo como fuerza más votada", analiza.

Orriols, por su parte, señala que determinadas medidas llevadas a cabo por el PSOE también han provocado un "efecto rechazo" en su base electoral. "El votante socialista desencantado tiende a alejarse y por eso sitúa al que consideraba su partido más a la derecha. Eso desplaza la percepción de su ubicación ideológica", estima. En este punto, Urquizu alude a determinadas situaciones recientes para explicar esta deriva. "La posición de los últimos años ha sido muy institucional y conservadora. Un ejemplo reciente es el hecho de que Rubalcaba decidiera permanecer en el liderazgo del partido tras las elecciones europeas hasta la abdicación del rey sólo para controlar los movimientos del partido. Ese tipo de actitudes indignan a cierta base electoral". 

"Al PSOE hay una cosa que le hace mucho daño y es que es percibido como muy de izquierdas para los de centro y como muy de derechas por parte de los electores de izquierdas. Eso es algo que no le pasa al PP, donde se sienten cómodos perfiles moderados con otros más escorados a la derecha. Y tampoco a Podemos, donde se ve reconocida la gente de izquierdas más moderada y también los de extrema izquierda", asevera, por su parte, Fernández-Albertos. 

04. El 'efecto Podemos'

Todos los analistas consultados coinciden en que la irrupción de Podemos –que arañó 1.245.948 votos en las europeas del 25 de mayo– ha supuesto un auténtico terremoto en el panorama político. También afirman que el partido de Pablo Iglesias ha conseguido meterle un buen bocado al bipartidismo a través del desgaste que ha provocado en los socialistas. De hecho, el barómetro demuestra cómo ha sabido infiltrarse en las bases electorales de PSOE, IU y UPyD. El 27,8% de los votantes que respaldaron al partido de Cayo Lara en las últimas generales de 2011 dicen que ahora votarían a Podemos, al igual que el 16,9% de quienes apostaron hace tres años por el PSOE y el 16,1% de quienes votaron a Rosa Díez. 

"Podemos ha llegado y ha envejecido a todos. El debate es lo nuevo frente a lo viejo. Ahora, cada vez que un dirigente del PSOE nombra a Felipe González, Podemos gana votos. La gente se lo imagina sentado en el consejo de administración de Gas Natural y no como presidente de un Gobierno que universalizó la sanidad", señala Urquizu. Y Orriols destaca que la irrupción del Partido de Iglesias ha hecho un daño especial a los socialistas: "Hay votantes del PSOE que, con la llegada de Podemos, han abandonado el barco por la izquierda. Y por la forma en la que lo han hecho se deduce que tardarán en volver".

No obstante, Fernández-Albertos tampoco cree que Podemos vaya a tener un recorrido mucho mayor del que marcan ahora las encuestas. El CIS señala que irrumpiría con fuerza en el Congreso si ahora se celebraran elecciones generales, con el 15,3% de los sufragios. "Esta encuesta se hizo en julio, un mes después de las europeas, cuando Podemos ya era vista como una opción nueva e ilusionante, pero también creíble. A partir de ahora también tienen el foco mediático encima, sus pasos van a ser más analizados y también puede incidir cómo reaccionen otros partidos, por eso creo que no habrá un crecimiento espectacular respecto a lo señalado por el último barómetro delCIS", sentencia.

Por otro lado, dice Orriols, el terremoto también también ha afectado a IU y UPyD. Más de la mitad de los electores que en 2011 optaron por la formación de Cayo Lara (el 54,5%) no volverían ahora a votar a la federación de izquierdas. Entre los que votaron a UPyD, los que no repetirían opción son el 51,8%. "Cuando se creó, parecía que UPyD era el partido mejor preparado para captar el voto anti-establishment, por su discurso de la desafección, además del de la cuestión nacional. Pero la realidad es que no supo hacerse con el votante desafecto. La causa puede ser su líder, Rosa Díez, a la que tendrían que haberle buscado un remplazo si el objetivo era realmente la regeneración política".

05. ¿Hay marcha atrás? 

Los analistas consultados creen que el bipartidismo está tocado. Muy tocado. Y ven complicada una recuperación a corto plazo. Fernández-Albertos no cree que, de cara a los próximos comicios, PP y PSOE vayan a ser capaces de recuperar a muchos votantes. "Su grupo de activables es muy reducido. La estimación de voto que hace el CIS ya absorbe este efecto", señala. Según el último sondeo, PP y PSOE sumarían ahora el 51,2% de los votos. Sería su peor resultado histórico y una cifra muy similar a la obtenida en las europeas del pasado 25 de mayo, cuando los dos principales partidos lograron el 49,06% de los sufragios.

Anduiza señala que tradicionalmente las tendencias de cambio electoral pueden anticiparse en las ciudades y entre los jóvenes y los grupos sociales más centrales. "Estos datos no dan la impresión de que los dos grandes partidos vayan a recuperar votos rápidamente. El PSOE ni siquiera parece capaz de recuperar parte de lo que pierde el PP", explica. Una opinión similar tiene Berta Barbet, que además apunta a la tendencia que estas percepciones actuales pueden marcar en el futuro: "Aunque la gente se haga más conservadora con los años, las primeras etapas de sociabilidad política marcan mucho. El voto de castigo al bipartidismo puede que no cambie demasiado a pesar de que la situación socioeconómica mejore, aunque eso también dependerá de cómo lo hagan el resto de partidos. Ya no elegimos sólo entre dos opciones, el panorama es mucho más amplio". 

El CIS sitúa a Podemos como tercera fuerza a sólo seis puntos de un PSOE hundido

Para Barbet, el PSOE se enfrenta a los mismos problemas que el resto de formaciones socialdemócratas en Europa. "Los socialistas se sienten seguros abanderando el cambio social, donde sí hace políticas que realmente les diferencia de la derecha. El problema lo tienen cuando deben abordar cuestiones económicas. Ahí hay asuntos que vienen obligados por la mera pertenencia a la Unión Europea y que enfrentan al partido con su base electoral". 

A juicio de Urquizu, si en las próximas generales el resultado va en la línea de lo que viene pronosticando el CIS, se generará un escenario complicado en términos de gobernabilidad. "El PP tendría pocas alianzas donde escoger junto a un PSOE debilitado". Y considera que los socialistas sólo podrán coger algo de aire si hacen propuestas de cambio más radicales, dejan de lado el "discurso encorsetado actual" y admiten que hay cosas que no han hecho bien.

"La solución pasa por elaborar un discurso que rompa con las costuras del partido, que hable del futuro y muy poco del pasado", analiza. Urquizu también cree que el PSOE tiene la oportunidad de demostrar que "no se trata de un simple cambio de discurso llevando a cabo medidas realmente de izquierdas en Andalucía y Asturias", las dos autonomías en las que gobierna. 

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