Igualdad

De la reclamación del divorcio a la contrarreforma del aborto: otros hitos del feminismo antes del 8M

Manifestación en Pamplona este 8 de marzo de 2017.

Las mujeres españolas se colocaron este jueves en la vanguardia del feminismo mundial al responder de forma masiva a la llamada a la movilización contra las múltiples vertientes de la desigualdad que sufren precisamente por su condición de mujeres: diferencia salarial y techo de cristal, acoso y violencia sexual, inequitativo reparto de cuidados familiares y ausencia de corresponsabilidad...

Las multitudinarias manifestaciones celebradas por la tarde fueron el colofón de una jornada en la que estaba convocada la primera huelga general de carácter feminista de la historia. Sin duda, el día 8 de marzo de 2018 será recordado como un hito en la historia del movimiento feminista en España, que en los últimos tiempos se ha servido de las nuevas formas de participación para convertirse en un actor intergeneracional en el que las mujeres jóvenes, cuya presencia fue muy numerosa este jueves, han cogido el testigo y se movilizan codo a codo con las generaciones que las preceden. 

Pero hasta llegar hasta aquí, la fuerza transformadora del movimiento feminista ha recorrido en el período democrático un largo camino con diferentes etapas, con muchos obstáculos, pero también con importantes logros y conquistas que han hecho avanzar a toda la sociedad. De manera más reciente, las expertas recalcan movilizaciones como las que tuvieron lugar el pasado noviembre en apoyo a la víctima de la presunta violación grupal ocurrida durante los Sanfermines de 2016. 

"¡Tranquila hermana, aquí está tu manada!" o "¡No es no, lo otro es violación!" fueron algunas de las consignas más escuchadas en estas movilizaciones, también plagadas de jóvenes. Este caso contribuyó a poner el foco sobre la inseguridad que sufren muchas mujeres al regresar a casa solas de noche por el temor a sufrir asaltos verbales e incluso agresiones sexuales sólo por el hecho de ser mujeres. 

Dos años antes, el 7 de noviembre de 2015, miles de personas habían participado en Madrid en la primera manifestación estatal contra las violencias machistas en España, en la que se exigió, entre otras cuestiones, medidas para facilitar la recuperación social, económica y vital de las víctimas y de sus hijos, que la custodia compartida no sea obligatoria o que se retire la patria potestad a los maltratadores. También la revisión de la ley contra la violencia de género para ampliar la consideración de víctimas fuera del marco de la relación de pareja. De esta manera, mujeres como Diana Quer pasarían a ser contabilizadas como víctimas de violencia machista.

Otro hito reciente del feminismo español es la iniciativa del Tren de la Libertad, la idea de un grupo de mujeres asturianas de viajar a Madrid en enero de 2014 para manifestarse contra el proyecto de reforma con el que el Gobierno de Mariano Rajoy pretendía eliminar el aborto como derecho para la mujer y que retrotraía a España a una legislación anterior a la de 1985. Esa nueva legislación planteaba únicamente permitir la interrupción del embarazo en los supuestos de violación o de riesgo para la vida de la madre, aunque en este caso se requería la autorización de dos médicos.

El proyecto inicial de manifestación acabó en una gran movilización de mujeres de todo el país, entre ellas muchas jóvenes que vieron amenazado con este borrador el derecho a decidir libremente sobre su maternidad sin tutelas degradantes. Poco más de medio año después de esa protesta, en septiembre de 2014, el ministro que había promovido el proyecto, Alberto Ruiz Gallardón, dimitió tras anunciar el Gobierno que lo retiraba. Sí se modificó la ley para que las mujeres de 16 y 17 años no puedan abortar sin permiso de sus progenitores. 

Despliegue legislativo 

No obstante, el grueso de la norma que sigue vigente en materia de interrupción voluntaria del embarazo es la aprobada en 2010 con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que desplegó una relevante agenda social en los siete años y medio en los que estuvo en la Moncloa. Tres años antes, en 2007, se había puesto en marcha con la abstención del PP la Ley de Igualdad, que impuso la paridad en las listas electorales, aumentó el permiso de paternidad y mejoró las excedencias para el cuidado de hijos. 

En 2004 se aprobó la ley contra la violencia de género, que por primera vez trató esta lacra como un asunto público que es consecuencia de la desigualdad existente entre hombres y mujeres. La norma trajo consigo una serie de instrumentos policiales, judiciales y asistenciales que se pusieron al servicio de las víctimas. Y también la consolidación de una conciencia social cada vez más sólida contra los maltratadores. 

Este despliegue legislativo se corresponde con una época en la que el movimiento feminista se decantó principalmente por una vía institucional, según detalla la investigadora y profesora de la Universidad Complutense de Madrid Soraya Gahete. Para encontrar otros hitos relevantes del feminismo español en el período democrático hay que retrotraerse a 1985, cuando se aprobó la ley que despenalizaba el aborto en las primeras 12 semanas de embarazo en el supuesto de violación, hasta 22 semanas en casos de riesgos de malformaciones en el feto y sin límite en el supuesto de riesgo para la salud de la madre.

Durante la Transición, las universidades y los barrios fueron los principales centros de movilización social. Y en ellos mujeres de perfiles diferentes sí adquirieron un protagonismo importante, según relata Gahete. En los barrios la participación se dio sobre todo por parte de mujeres casadas y con hijos, que se movilizaban en torno a reclamaciones sociales como el empedrado de las calles, las subidas de precios o la falta de servicios públicos. En las universidades la movilización femenina estuvo protagonizada por mujeres más jóvenes que empezaban a participar en asambleas políticas

Tras cuarenta años de dictadura, las mujeres tenían mucho que reivindicar. Entonces, las principales demandas de las feministas estuvieron encaminadas a acabar con la penalización del llamado adulterio femenino, lo que se consiguió en 1978; a avanzar en los temas relativos a la libertad sexual sin el miedo a quedarse embarazadas a través de la legalización de los métodos anticonceptivos, que estuvieron prohibidos hasta 1978; y a lograr que en la nueva Constitución se reconociese y se reforzase la igualdad entre mujeres y hombres. 

Otra reivindicación clave, que también tardó en ser conseguida, fue la del divorcio, que no fue aprobado hasta el 22 de junio de 1981. Aunque se reconoció el divorcio por mutuo acuerdo tras un año de matrimonio, quedó recogida la necesidad de presentar unas causas justas para obtenerlo cuando no hubiese consenso entre los cónyuges. Además, las decisiones en torno a la custodia de los hijos, las pensiones y el reparto de los bienes quedaron al total arbitrio del juez. Tuvieron que pasar 24 años para que esta ley se cambiase y adecuase a las nuevas necesidades de la sociedad y de los matrimonios actuales a través de la popularmente conocida como ley de divorcio exprés, actualmente en vigor, que se aprobó en 2005.

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