Cultura

Residuos amorosos

Residuos amorosos

Pedro Jesús Fernández | Txema Salvans

La pareja llegó de madrugada, tras las olas aceitosas, tropezando con la oscuridad. Venían aparte, extraviados en sus movimientos. Al salir, ella le llevó por delante, las manos en la cintura, mientras el hombre se volvía a cada paso para mirarla con avidez. Se acomodaron contra la arena. En la penumbra se buscaron a tientas: la piel y la saliva abriéndose paso en la otra carne. Aire salino para saborear los reflejos de las huellas. Los recodos de la piel les dirigieron a otros ángulos y se internaron en los pliegues, por debajo de las cumbres de los músculos. La atmosfera se fue llenando de caricias contaminantes. La combustión se produjo entre el aire y el suelo, cerca de las grutas satinadas. Más tarde fueron derramadas substancias inestables a lo largo de los caminos, sobre las laderas del pubis y la cueva del petróleo. Aunque parecía acreditarse intención deliberada de manipular contaminantes biológicos, ellos, por la mañana, ni siquiera levantaron la vista. A mediodía, cuando se hizo la foto, seguían absortos, ajenos al impacto ambiental.

Al concluir el atestado, el agente declaró a una periodista: “Han dejado la arena de la playa hecha un asco”. Ella sonrió con levedad pensando en el título de la crónica. Residuos amorosos.

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