Crisis del coronavirus

Siete preguntas (y pocas respuestas) sobre el origen del coronavirus: ¿conspiración, negligencia o navaja de Ockham?

Fachada del Instituto de Virología de Wuhan.

¿De dónde viene el SARS-CoV2? No se sabe todavía. 

Esa es la versión corta de este artículo. En la versión larga hablaremos de evidencia científica, pero también de sospechas, indicios, probabilidades, intereses geopolíticos y de una viróloga china, la doctora Shi Zhengli, que ya era conocida antes de la pandemia como la mujer murciélago.

Este jueves trascendió que la Unión Europea apoyará al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en sus intentos de clarificar cuál es la zona cero de la crisis sanitaria. Hay cuatro opciones sobre la mesa: un acto de bioterrorismo global cometido por el Partido Comunista Chino, un escape accidental, un experimento fallido y la generación de una zoonosis de forma natural, en la que el coronavirus saltó de los animales a humanos para paralizar el mundo.

Pero, sin equidistancias: no todas son igual de consideradas. Algunas están prácticamente descartadas. 

Las cartas se juegan sobre el tapete del gigante asiático. Tres escenarios: el mercado húmedo de animales salvajes de Wuhan, su Instituto de Virología situado a las afueras y las cuevas del país donde los virólogos chinos han estado años investigando a los murciélagos para intentar anticiparse a la próxima epidemia. Sin suerte.

Nos hacemos siete preguntas para intentar esclarecer qué hay de conspiranoia, qué de desinformación y qué de duda razonable a la hora de determinar cuál fue la chispa que prendió el efecto mariposa. Qué acontecimientos exactos se sucedieron a 9.800 kilómetros de distancia que provocaron que ahora tengas que llevar mascarilla para salir a la calle. 

¿Qué pruebas hay de que se trata de un acto de bioterrorismo cometido por China?

Absolutamente ninguna. Que el coronavirus se detectara por primera vez en China y que el país haya salido pronto de la emergencia sanitaria no es una prueba. 

¿Y de un escape accidental?

Tampoco. Desde febrero de 2020, las miradas se han dirigido al Instituto de Virología de Wuhan (China), en el extrarradio de la ciudad donde se detectó el primer brote de covid-19 del mundo. La institución es referente internacional en investigación de coronavirus y sus medidas de seguridad han sido cuestionadas. Parece demasiada casualidad, pero eso tampoco es una prueba. 

Dentro de la teoría del escape accidental hay dos derivadas. Una, la que afirma que el instituto encontró el SARS-CoV2, comenzó a trabajar con el patógeno y un descuido lo propagó por Wuhan y por el mundo en pocas semanas. No hay pruebas ni ningún indicio, aunque sea circunstancial, de que la institución hiciera tal descubrimiento ni de que manipulara el virus mientras el resto del planeta desconocía aún lo que es un test PCR. 

La otra versión apunta a que el instituto investigaba sobre un virus parecido al SARS-CoV2. Los trabajadores se contagiaron y el virus mutó en sus cuerpos para hacerse transmisible entre humanos, o bien ya lo era, por lo que no se necesitaron cambios en su genoma. El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, desveló un informe de inteligencia que explicaba que varios científicos del centro enfermaron durante el otoño de 2019 con síntomas de covid-19. Pero, evidentemente, los síntomas de covid son demasiado inespecíficos como para asegurar nada: puede tratarse de una gripe o de un resfriado fuerte. El instituto asegura que ninguno tiene anticuerpos contra el covid.

El instituto trabajaba con un virus denominado RaTG13. Pero es demasiado lejano como para que con solo una mutación se convirtiera en el SARS-CoV2. Harían falta entre 40 y 70 años, no un paso accidental por el cuerpo de un científico chino.

¿...entonces?

La mayoría de los que piensan que el Instituto de Virología de Wuhan tiene algo que ver en el origen de la pandemia apuntan ahora (porque no siempre ha sido la versión más defendida) a una mezcla entre el escape accidental y la intencionalidad. Aseguran que es posible que, mediante lo que se conoce como un experimento de ganancia de función, los investigadores chinos cogieran el RaTG13 para modificarlo y añadirle peligrosidad, con la intención no de provocar una catástrofe sanitaria global, sino de entender cómo pueden evolucionar estos patógenos de manera natural y anticiparse. El riesgo de esta práctica es evidente. Y se ha hecho en el centro biológico que está en el foco de la sospecha. 

Sí, en el Instituto de Virología de Wuhan se ha experimentado con coronavirus mediante la ganancia de función. Es algo reconocido por la mujer murciélago, la viróloga Shi Zhengli, la primera persona del planeta que secuenció el genoma completo del SARS-CoV2. Sin embargo, en un extenso cuestionario de la revista Science, la investigadora niega rotundamente que el centro hiciera experimentos de ganancia de función no comunicados. 

Respuesta de la viróloga Shi Zhengli a una pregunta de Science sobre experimentos con virus.

Al contrario de lo que se comunicó al principio de la pandemia, un virus sí puede modificarse sin dejar rastro. En este controvertido artículo, que ha avivado el fuego de la duda, el periodista científico Nicholas Wade apunta a dos elementos del SARS-CoV2 que, a su juicio, son muy improbables que hayan aparecido mediante la selección natural: el "sitio de corte por furina" y los "codones", dos partes de la secuencia del virus. El reportero, con años de experiencia a sus espaldas en Science, Nature y The New York Times, asegura que son poco frecuentes en los virus que saltan de manera espontánea a los humanos. También señala que la comunidad científica aún no ha podido averiguar cómo se supone que pasó el SARS-CoV2 de la fauna a la Humanidad, a través de qué especies en concreto, o cuál es su antecesor directo. 

¿Tampoco hay pruebas de la teoría de un origen 'natural' del virus?

Aún no se sabe cómo se produjo exactamente la zoonosis que defienden, como opción más probable con diferencia, la mayoría de los virólogos más reputados a nivel internacional que estudian el tema. No se sabe exactamente si el coronavirus saltó directamente de murciélagos a humanos, si utilizó una especie intermedia como el pangolín, o qué papel jugó el famoso mercado de animales salvajes de Wuhan, donde especies que no se han criado en cautividad se despiezan y se venden para su consumo sin ninguna medida de bioseguridad o higiene. Pero, por otro lado, los expertos venían avisando durante años de que este tipo de espacios, así como la mayor cercanía entre estos animales y el ser humano debido a su caza y a la deforestación, así como el papel de la ganadería intensiva, eran una bomba de relojería. 

A pesar de estos claroscuros que la comunidad científica espera despejar, la hipótesis de un salto natural, sin que el instituto de la doctora Zhengli tuviera nada que ver, sigue siendo la más defendida. En este artículo de Sergio Ferrer para la Agencia SINC, varios virólogos critican duramente las afirmaciones de Wade. "No hay apoyos serios a estas ideas, que defiende gente que no habla con expertos en coronavirus ni sabe de virus respiratorios", ataca el investigador de la Universidad Estatal de Luisiana Jeremy Kamil. También echan por tierra los supuestos indicios de la furina y los codones. Unos de los más críticos con las voces que señalan al instituto, el especialista Kristian Andersen, asegura que esos codones, aunque raros, se encuentran en otros coronavirus: también la furina, identificada en un patógeno encontrado en Camboya. 

Más allá de estos debates técnicos, la probabilidad de una zoonosis sin intervención directa del ser humano es mayor por la navaja de Ockham: la explicación más simple es la que suele ser cierta. Es más creíble que explote una bomba de relojería anunciada desde hace años que la participación de decenas de cargos políticos chinos, virólogos, técnicos, investigadores y especialistas en Salud Pública para ocultar la verdad. 

Pero aún no se sabe nada con certeza. Y el papel del Instituto de Virología de Wuhan en la pandemia de covid-19 debe ser investigado. 

¿Qué ha cambiado desde febrero de 2020?

Los virólogos han pasado de considerar que es imposible un origen artificial o parcialmente artificial del SARS-CoV2 a considerarlo "improbable". Varios medios estadounidenses tacharon estas teorías de bulos y han tenido que rectificar. En la teoría, no parece un gran cambio. En la práctica, sí lo es. Una carta del periodista que cubría pandemias para The New York Times hasta enero de 2021, Donald McNeil, resume bien este viaje que han hecho expertos de todo el mundo, cuestionándose las creencias a las que se aferraron tras la explosión de la crisis. De escribir un artículo titulado El nuevo coronavirus no es una fuga de laboratorio a reconocer: "Todas las explicaciones que tenemos son insatisfactorias", aunque sigue abonado a la teoría natural como la más sensata.

En los últimos meses se han sucedido varios eventos que han dejado entornada una puerta que estaba completamente cerrada. En primer lugar, el grupo de investigadores enviados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) a China para investigar el origen de la pandemia, que pese a que descartaron la teoría del laboratorio no lograron identificar los pasos exactos que siguió la mutación fatal. Principalmente, por las trabas impuestas por el Gobierno chino, que no les dejó explorar con total libertad. La censura del Partido Comunista ha alimentado las sospechas. El propio secretario general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, reconoció que las conclusiones alcanzadas no eran del todo satisfactorias.

Por otro lado, una carta en Science firmada por varios especialistas que pedía "una auténtica investigación" del origen de la pandemia estableció como igual de probables la teoría del laboratorio y la teoría natural, agitando el avispero político. Una equidistancia muy criticada por muchos colegas virólogos, que pese a que se niegan a sentenciar nada con rotundidad, siguen pensando que la intervención del instituto chino es poco creíble. 

¿Por qué redoblan ahora Biden y la UE la presión?

Además de los nuevos posicionamientos científicos, los intereses de la administración estadounidense para presionar a China, que ha sido dramáticamente opaca durante toda la pandemia, son evidentes. Mantienen una guerra comercial encarnizada. A la Unión Europea también le conviene acercarse al líder demócrata. Pero podría tratarse de un arma de doble filo: que Estados Unidos considere que una fuga del laboratorio es posible puede ser interpretado como un reconocimiento parcial de que los republicanos comandados por Donald Trump tenían razón. 

El politólogo Maxime Lepoutre advirtió este viernes en The Conversation del riesgo de considerar que los políticos quieren investigar el origen de la pandemia como una prueba irrefutable de que China diseñó el coronavirus para erigirse como la gran potencia mundial. "Los políticos deberían ser cautos a la hora de defender públicamente la hipótesis de la fuga del laboratorio de Wuhan. Al hacerlo, se arriesgan a alimentar teorías conspirativas infundadas y peligrosas". ¿Las prácticas del Instituto de Virología de Wuhan pueden despertar sospechas? Sí. ¿Es todo un gran complot? No. 

¿Es posible que nunca sepamos qué pasó exactamente?

Sí. 

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