Los líderes de la UE cierran filas ante la amenaza de una crisis energética provocada por la guerra en Irán

El canciller alemán Friedrich Merz y el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez asisten a una reunión formal de los miembros del Consejo Europeo.

El miedo a una guerra energética con ecos de la crisis del petróleo del 73 y la dramática situación humanitaria en Gaza y Líbano, junto a la que puede abrirse en Irán, provocan un giro sustancial en la posición de la Unión Europea sobre Oriente Medio. Todavía no de 180 grados como para condenar las operaciones militares ilegales de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica, pero sí muy distanciada del cuestionamiento al orden internacional basado en reglas que pronunció hace apenas diez días la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.

La cumbre europea deja una llamada clara en favor del multilateralismo y en defensa de la Carta de las Naciones Unidas, esa organización tan atacada por el estadounidense Donald Trump. El propio secretario general de la ONU, António Guterres, estuvo en Bruselas y dentro de la reunión agradeció personalmente a “los líderes de la UE por su decidido apoyo al multilateralismo y el derecho internacional”, en medio de una discusión continuada luego sobre la situación en Oriente Medio.

El Consejo Europeo declaró que “los acontecimientos en Irán y en la región amenazan la seguridad regional y global” y pidió claramente “una desescalada y la máxima contención a todas las partes”, en una llamada no sólo a la República Islámica sino también a los Estados Unidos e Israel, mientras “deplora la pérdida de vidas de civiles” y pedía “vigilar estrechamente el impacto de amplio alcance de las hostilidades, incluyendo la estabilidad económica”. Críticas a la guerra y sus consecuencias que no se habían escuchado, por ejemplo, a Von der Leyen, al tiempo que reconocimiento explícito de un fuego en Oriente Medio muy peligroso para los intereses europeos.

“Esta cumbre se celebra en un momento muy trascendental”, alertó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, debido a la guerra en Irán “ilegal" y que "ya empezamos a sufrir" no solo "en términos de vidas humanas, de desplazados y refugiados, sino también desde el punto de vista del bolsillo de nuestros ciudadanos”. La gran mayoría de los líderes comparten este mensaje, convencidos de que “la UE no quiere verse arrastrada a un conflicto sobre el que no fuimos consultados”, criticó Luc Frieden, primer ministro de Luxemburgo. “Sólo nos involucraremos una vez que el conflicto termine”, recalcó el canciller alemán, Friedrich Merz, ante la posibilidad de que su país participe en una operación como la de garantizar el paso en el Estrecho de Ormuz. “Necesitamos hablar de los precios de la energía” porque “hemos visto una rápida subida en Europa y en todo el mundo”, expresó el canciller.

Ese debate era uno de los dos platos fuertes de una cumbre inicialmente destinada a empezar la negociación sobre el presupuesto comunitario para 2028-2034 y a potenciar la competitividad de los 27 con medidas industriales, ayuda financiera a la inversión e innovación y simplificación administrativa. Sin embargo, las crisis políticas y las guerras internacionales rodean a la Unión como los romanos la aldea gala de Astérix y Obélix. Por ello, la agenda tuvo que enmendarse.

El segundo plato fuerte fue la discusión sobre Ucrania, ante el bloqueo húngaro del préstamo ya aprobado en diciembre de 90.000 millones de euros para Kiev. El primer ministro Viktor Orbán no dio su brazo a torcer en medio de acusaciones de mantener una actitud “inaceptable”. “No voy a apoyar aquí ninguna decisión en favor de Ucrania mientras los húngaros no sean capaces de obtener el petróleo que nos pertenece”, se enrocó Orbán en referencia a la falta de suministro a su país por culpa del roto oleoducto de Druzhba, en Ucrania, una causa que para él “es un cuento de hadas”. Tal fue el voltaje de este debate interno, que Orbán recabó el apoyo de otro euroescéptico, el eslovaco Robert Fico, y sólo 25 socios comunitarios pudieron aprobar un comunicado de solidaridad y respaldo a Kiev.

El incendio en Oriente Medio une a la UE

Por esperada, la división de la familia europea no enturbió el crucial debate sobre Oriente Medio, una región en la que las guerras y conflictos se suceden, puerta trasera mediterránea, importante fuente de suministro de hidrocarburos y potencial emisor de refugiados hacia el viejo continente. El miedo a una doble crisis, energética, con el petróleo en máximos de los últimos cuatro años, y migratoria, por los miles de desplazados fruto de las bombas israelíes, centró gran parte del debate de la cumbre, de ahí que se discutiesen “posibles formas de mejorar la situación en la región, especialmente en Líbano, Gaza e Irán”, según una fuente comunitaria.

Las tesis de España, que condenan la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel, han ido calando en las cancillerías europeas. Aunque todavía no existe una condena explícita, sí se aprecia “una convergencia creciente de todos los Estados miembros”, en palabras de una fuente diplomática. Ese acercamiento se basa, según la misma fuente, en el convencimiento de que, en defensa del interés europeo, es necesario preservar elementos clave como el respeto a las reglas internacionales. En el caso del Estrecho de Ormuz, además, "las preguntas que se plantean son muchas, como cuáles son los siguientes pasos de EEUU".

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“Lo que es importante para todos nosotros en la Unión Europea, lo que queremos ver, es el fin de la guerra”, lamentó la Alta Representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, que añadió: “Estamos definitivamente viendo el caos que se está causando en Oriente Medio, pero también las ramificaciones que tiene en el resto del mundo”. El 85% de lo hidrocarburos que navegan por el Estrecho de Ormuz llevan destino Asia, lo que implica que potencias como China, Japón, Corea del Sur o India saldrán al mercado en busca de otras fuentes de petróleo y gas, añadiendo más presión a los envíos que recibe Europa.

Europa responsabiliza explícitamente a Irán de la actual situación por atacar a los países del Golfo, pero también implícitamente a la acción militar de Estados Unidos e Israel, como causa directa de esta respuesta. “Ayer por la noche hablé con el presidente Trump y él mismo habló de cesar los bombardeos contra las infraestructuras civiles”, reconoció el presidente francés, Emmanuel Macron, quien demandó “una moratoria sobre los bombardeos a las infraestructuras y los civiles” ya que “el precio del gas y petróleo ha aumentado desde que empezó la guerra, pero también si las capacidades de producción son destruidas tendrá un impacto duradero”.

Europa teme que la escalada continuada de los precios del petróleo y del gas termine por trasladarse desde las gasolineras a la cesta de la compra de los hogares y a las cadenas de suministro de las empresas, provocando una onda inflacionista. Dentro de la cumbre, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, informó que ya prevé como mínimo una inflación del 2,6% este año, siete décimas más que lo informado en diciembre, “porque los precios energéticos serán más altos debido a la guerra en Oriente Medio”. Es, aun así, una predicción optimista. Ese marco se calcula suponiendo que la normalización del suministro de hidrocarburos del Golfo empiece ya, pero si no fuera así, el BCE habla de un escenario adverso del 3,5% y de otro severo con una inflación del 4,4% en la eurozona. Cualquiera de las previsiones implica la subida de tipos de interés este año, lo que frenará la economía del continente para disgusto de los líderes reunidos en Bruselas.

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