Natalia Verbeke: "Lola y Balaiba me ladran cuando sobreactúo, son peores que Stanley Kubrick"

Natalia Verbeke con Lola y Balaiba

Lola y Balaiba son los dos chihuahuas de Natalia Verbeke (Buenos Aires, 1975). De cinco y tres años, respectivamente, son una compañía imprescindible en su vida diaria y dos miembros más de su familia desde que los trajeron los Reyes Magos el pasado enero. "Mi hija, Chiara, fue la que le puso los nombres. No sabemos de dónde los sacó. Es un misterio. La verdad está ahí fuera", apunta divertida a infoLibre.

Y añade: "Siempre he tenido perros en mi vida. Llegan cuando el anterior se va. Paso por un luto en el que siempre prometo a lo Escarlata O'Hara que nunca volveré a tener nada que se muera antes que yo, y a los pocos días, ¡zasca!, toma dos tazas. Lola y Balaiba me enamoraron en cuanto las vi en la Protectora Alba y me las traje a casa sin pensármelo. Siempre me pasa, siempre actúo por impulsos y arrebatos. Se me parte el alma".

A lo largo de estos meses, su sola presencia ya ha propiciado cambios en la vida de Natalia y el resto de la familia. "Simplemente por por estar ahí, obvio, te pueblan la casa y el tiempo", resume, para luego explicar que han mejorado la calidad de vida de todos: "Son una lección permanente de ternura, responsabilidad y delicadeza. No te dejan que te andes con tonterías, porque te miran y ladean la cabeza. Y te prohíben estar triste", destaca.

Tan intensa es su relación que bromea la actriz al asegurar que a ella no le acompañan, sino que le persiguen por la casa, lo cual provoca que mantengan conversaciones "permanentemente". "Ensayo mucho con ellas. Me ladran cuando sobreactúo y me hacen repetir mil veces la escena, hasta que la clavo (según ellas). Son peores que Stanley Kubrick", desvela entre risas.

En general, los animales hablan menos que las personas, y eso es muy de agradecer

Como es de esperar a la luz de sus palabras, se declara Natalia más perruna que gatuna, aunque tampoco sabe muy bien el motivo: "Probablemente por llevar la contraria, ya que por mi profesión todo el mundo me decía que mejor los gatos, que son más independientes, más de que los dejen en paz y de hacer su vida, no hay que pasearlos y se les puede dejar más tiempo solos". 

Esta descripción del carácter general de los mininos lleva a la actriz a confesar que ella es "un poco así también, medio gata", de que no le anden mareando ni atosigando. "Así que puede que sea por la atracción de los contrarios. O porque con una gata en casa acabaríamos las dos como Joan Crawford y Bette Davis", lanza con guasa.

No se atreve para terminar a afirmar eso tan extendido de que los animales son mejores que las personas y, de hecho, admite que por más que lo intenta no consigue "empatizar" con ciertas especies: "Hay algunos insectos y algunos pájaros a los que jamás invitaría a mi cumpleaños. Igual que pasa con ciertas personas. Pero, en general, los animales hablan menos, y eso es muy de agradecer".

Como se agradece también la época veraniega para poder pasar más tiempo libre con nuestros seres queridos, ya sean humanos o animales. Natalia aprovecha para ello mientras paladea el éxito de la serie de televisión Todos mienten y la obra de teatro Tercer cuerpo que, tras su paso por Madrid, proseguirá en otoño por ciudades como Valencia.

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