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Desaten su entusiasmo, regresa Larry David a la televisión

Larry David

Larry David es el humorista de culto definitivo. Sus colegas le idolatran. Y el resto del mundo le devuelve un amor enorme a pesar de ser el santo patrón de los misántropos. Vuelve el día 25 de octubre con Curb your enthusiasm, Contengan su entusiasmoCurb your enthusiasm Contengan su entusiasmo, en HBO, que el día 26 se convertirá en HBO Max. Lo hará con diez episodios que sabrán a poco, como siempre, en lo que será su undécima temporada.

La serie, que comenzó a emitirse en el 2000, sigue la vida de Larry David, una versión libre de sí mismo, bastante, bastante, bastante parecida al real. Judío como su autor, el personaje es una figura respetada del sector televisivo, especialmente por haber sido el creador de la comedia televisiva Seinfeld Seinfeldcon el propio Jerry Seinfeld. El David de la serie no tiene descendencia, al contrario que el autor de la autoficción, que tiene dos hijas. Las personas de su entorno familiar son ficticias, pero algunas amistades son las reales, entre ellas cientos de cameos extraordinarios, desde un Michael J. Fox riéndose de su parkinson a Salman Rushdie o Martin Scorsese.

La genialidad de la serie viene del detalle, de las cosas mínimas a las que nadie dedica una trama en televisión, y sobre todo del inagotable egoísmo de Larry David y de su tozudez. Puso el título porque, para empezar, le irritan las personas que se muestran muy optimistas, según él para hacer de menos a los demás. Una de sus líneas de la temporada que viene le define: “Odio a la gente individualmente, pero amo a la humanidad”.

La comedia más innovadora

David es uno de los mayores innovadores en las series de comedia, porque las reglas y convenciones que él ha roto eran de las más inmutables en televisión. La serie se graba enteramente en decorados naturales, muchos, con cámara al hombro, lo que le da un aire de verosimilitud. Da la sensación de estar observando vidas reales en Los Ángeles. Pero la innovación sustancial de la serie es la improvisación. Larry David es una estrella de la escaleta, la estructura del guion, su división en escenas.

Sabiendo que funcionan los cimientos del episodio, es capaz de construir su serie sin escribirla. A los actores les da indicaciones sobre sus puntos de vista, a veces un pequeño intercambio de frases, les explica el tono que debe tener la situación, donde tiene que terminar la acción y les deja improvisar. A veces sale todo bien en la primera toma, pero la media es de siete u ocho, una enorme carga de trabajo que cae sobre los montadores para lograr una fuerte autenticidad.

Parte de la fuerte personalidad de la serie también fue improvisada. Larry David iba a grabar un especial de monólogos para HBO y el programa se iba a enriquecer con algo de los preparativos. Para hacerlos cómicos creó algunas situaciones. Para que las situaciones no sonaran a falsas contrató a un director de documentales, Robert Weide. Necesitaba un mánager, le pidió a Jeff Garlin, que trabajaba en la oficina vecina a la suya, que lo interpretara. Necesitaba una esposa, Cheryl Hines fue la que mejor entendió que los excesos de David debían ser escuchados con cierta indiferencia amable. Como amigo suyo, quién mejor que uno de los mejores de la vida real, él también cómico y actor Richard Lewis. Y lo que iba a ser un especial se convirtió en una ficción que sigue muy viva veintidós años después.

Una serie de carcajada

En cada episodio se ponen a prueba las convenciones entre las que vivimos y de las que a veces no nos damos ni cuenta. A menudo Larry David se comporta de una manera intransigente o mezquina y de la forma más sorprendente acaba insultado y odiado por cada vez más gente. La comedia llega al espectador por numerosas vías. Las propias situaciones son divertidísimas, la actuación, conocida en el mundo de la comedia como de ‘cara de póker’, combina una cierta imperturbabilidad con momentos acalorados, y la anticipación del desastre es también motivo de risa. Cuando todo cristaliza, esta serie, a diferencia de propuestas más amables, es de rotunda carcajada.

La estructura de los episodios juega libremente con las casualidades. Los Ángeles parece un pequeño pueblo. Personajes que se han encontrado por la mañana, volverán a cruzarse inesperadamente en una cena, o por la calle, y sus mentiras o excusas quedarán expuestas. Todos los directores que trabajan con David señalan como una de sus cualidades la enorme seguridad que tiene en sus decisiones acerca de lo que es gracioso o no. Ese radar superdotado le permite pisar charcos que para otros son peliagudos. No hay discapacidad, asunto racial o que afecte a minorías que no sea tratado mordazmente por un hombre blanco, rico, hetero y de donde no salga airoso.

En esta comedia de la incomodidad o lo embarazoso, la música de la serie se ha convertido en un referente absoluto de las redes sociales. La pieza de los créditos, de Luciano Michelini, no es original para la producción de HBO. David la encontró en un anuncio de televisión años antes de comenzar con esta propuesta y tomó nota pensando que podría venirle bien. Ha declarado que es un gran final para situaciones desagradables y conflictivas que crea, con su toque circense y felliniano. Los tuiteros han entendido perfectamente que es casi un redoble de tambores que remata el chiste y la han hecho suya.

El egoísmo hecho arte

El personaje de David libra las batallas que a nadie más le merecen la pena. Si cree que las normas de la sala de espera de su dentista son injustas lo expone, aunque se enemiste con él y necesite verdaderamente la consulta. Si alguien come demasiado en un bufé le reprende y si llora tan fuerte que no le deja escuchar en un funeral no es capaz de dejarlo pasar. Por eso para algunos espectadores es un molesto intolerante y para otros un héroe que hace lo que nadie se atreve a hacer, pero todo el mundo está deseando. Uno de sus compañeros en sus orígenes, cuando era monologuista en un club, Alan Zweibel, dice de él: “Tiene un punto de vista editorial de la vida y del mundo que pocas personas tienen. Y esos pocos no se atreven a decirlo por miedo o por si van al infierno”.

Aunque sus conocidos afirman que David es mucho más llevadero y encantador en persona que en su versión de la serie, su mirada es genuina y honesta. No le gusta que le toquen, no le gusta que le inviten a ningún sitio, no le gusta casi nada, y ya en los guiones de Seinfeld la verbalización de estas infinitas incomodidades convirtieron la serie en el fenómeno que fue.

El alma de ‘Seinfeld’

El protagonista y coautor de Seinfeld, Jerry Seinfeld, reconoce abiertamente que el humor de la serie de los noventa correspondía en mucha mayor medida a Larry David, que inspiró a su vez el cutre personaje de George Constanza. David ya innovó de manera sorprendente al crear el concepto de aquella comedia. Como luego recrearon en un episodio sus personajes, su idea fue vender una serie ‘sobre nada’ a la NBC. Lo consiguieron. La serie al completo está ahora disponible tanto en Prime Video como en Netflix.

Seinfeld comenzó sus emisiones en 1990 con audiencias muy modestas y a partir de su cuarta temporada explotó como fenómeno convirtiéndose en la comedia más vista en plena edad de oro del género, lo que en el mercado americano y en un momento en el que toda la audiencia se disputaba entre pocos operadores principales lleva a cifras fabulosas. El episodio final fue visto por 76 millones de personas en directo.

Y eso que hacer una serie sobre nada más que valiente era un ejercicio temerario que salió extraordinariamente bien. Huir de los desarrollos tradicionales les dejó espacio para hablar de temas minúsculos sobre lo molesto que es tener que saludar a los vecinos en el ascensor, o depender de un jefe de sala que cuela a otro grupo mientras tú esperas mesa en un restaurante o quejarse porque las chaquetas de ante se estropean al mojarse si son de piel de vaca y nadie ha sabido nunca que la lluvia moleste especialmente a estos rumiantes. Esa mirada inagotable de Larry David hacia las convenciones molestas, los pequeños inconvenientes, o los microabusos de poder es la que da a sus series una especial pureza.

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