¡Y tú menos!
Se ha debatido, escrito, argumentado, defendido o atacado la supuesta persistencia en el discurso político del '¡y tú más!' elevándolo a categoría de axioma político y verdad ineludible. Así el sólo nombramiento de, por ejemplo, Gürtel es ya en sí un ataque a la oposición que hay que suscribir en el marco del '¡y tú más!' consiguiendo con ello que adquiera más fuerza negativa o repelente. Y ¡bingo! Una vez más, los mismos que consiguieron introducir en el relato político el sanchismo como el belcebú atrincherado en La Moncloa, consiguen ahora que el mundo mediático (no sólo los suyos), tertulianos, columnistas y ciudadanos en general, crea que ese discurso no es bueno porque a quien beneficia es a la extrema derecha. Y se termina por conseguir que todo aquello que tenga que ver con la necesidad de clarificar como dan respuesta unos y otros a los autores de actividades corruptas no consigan introducir en el debate político los mecanismos que posibiliten terminar con esa misma corrupción.
Sánchez Cuenca, escribe en El País, (22/07/2025) ¡Y tú menos! Con ese texto pretende dar respuesta a cómo salir de este bucle, pero la verdad, lo he leído dos veces y no he sido capaz de encontrar las claves que nos permitan el cambio de discurso. Es al final cuando entiendes el porqué. No se puede luchar contra un supuesto principio (¡Y tú más!), cuando se mete en el eslogan todo y te quedas sin discurso, sin pedagogía y sin relato. El relato ya está escrito. El propio Sánchez Cuenca señala: “La alternativa al “¡y tú más!” es el “¡y tú menos!”. Con esto quiero decir que la mejor manera de hacer frente al vendaval de descalificaciones consiste en reconocer en primera instancia los errores y luego mostrar que, a pesar de los fallos cometidos en la selección de colaboradores que traicionaron el proyecto, dicho proyecto sigue siendo más sólido y más atractivo que el del rival”. Pero ¿no es esto lo que dijo Sánchez en su intervención del Congreso, el pasado 9 de julio? Admitiendo, una vez más, los errores cometidos, pidiendo disculpas a los ciudadanos, señalando las medidas adoptadas con los corruptos y presentando el Plan Estatal de lucha contra la corrupción (pueden gustar más o menos, pero ese es el debate y el momento de introducir mejoras y ampliación por parte de la oposición)
¿Y la respuesta de Feijóo? Insultos, descalificaciones, agravios, improperios, ultrajes... Ni una sola referencia a las propuestas presentadas por el presidente del Gobierno. Para terminar metiéndose con su familia y mezclando el negocio de las saunas que tenía su suegro con la prostitución. ¡Que espaldas hay que tener para aguantar la embestida y volver al relato de '¡y tú menos!'
El otro eslogan que se ha instalado en el discurso político y mediático: Todo esto sólo beneficia a la extrema derecha
¿Cómo es posible articular un discurso más propositivo y no decir nada sobre el acto de corrupción más deleznable en democracia ejercido —presuntamente— por Cristóbal Montoro (último ministro de Aznar no imputado) utilizando el BOE para sus corruptelas a cambio de beneficios económicos —lo más equivalente a un golpe de Estado—? Para, a continuación, tener que aguantar las lecciones de ética y responsabilidad que Aznar nos brinda, con una cara de cemento descomunal. ¡Demasiado fuerte!
El otro eslogan que se ha instalado en el discurso político y mediático es el de 'todo esto sólo beneficia a la extrema derecha'. A tenor de los datos de las encuestas, parece que es así. Pero entramos en un terreno delicado o, si se me permite, más escabroso todavía. En febrero de 2015, Podemos representaba esa fuerza política antisistema. Representaba el hartazgo popular (con una intención de voto del 28,8 %) porque era un partido político limpio de corrupción, la antítesis de “no hay pan para tanto chorizo”. Hoy, Abascal y Alvise, no representan para nada ese espíritu. Los casos de corrupción alrededor de estos dos personajes llevan ya algún tiempo demostrando lo que podrían hacer si tuvieran responsabilidades de gobierno. Si los ciudadanos deciden darles su voto, tenemos un problema. Un problema muy grave… ¡Y tú menos!
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Marcelo Noboa Fiallo es socio de infoLibre.