El amor es la energía del mundo

César Moya Villasante

Esta frase la pronuncio un tal Albert Einstein hace muchos años y ella me ha hecho pensar en el futuro de la humanidad, esa que hoy se debate entre odios políticos que a nada conducen. Una humanidad que me obliga a presentar un panorama sombrío, pero con cierta esperanza en que vuelva el amor. Esa palabra que hoy parece hasta cursi.

La familia bien avenida es algo que siempre supuso un bienestar, pero, al mismo tiempo, un ejemplo de estabilidad personal de los que la componen. Y eso crea que ese grupo de personas formen un grupo de fuerza humana capaz de conseguir objetivos distintos, pero con la posibilidad de llegar a ese bienestar que llamamos a lo que supone vivir de forma coherente y beneficiosa para el grupo. Se supone esto a nivel general, sabiendo las distintas circunstancias que cada grupo puede sufrir. Y la mayoría de las familias nacen de un amor primario de una pareja que después la desarrolla y amplía.

En España vivimos un momento difícil y extremado en demasiadas circunstancias. Desapareció la familia clásica del franquismo creada a través de un matrimonio católico y apostólico. Y en donde el sexo era un tabú que se conseguía pasando por vicaría. En los últimos años, hemos pasado de una situación anterior a otra donde el amor formaba vínculos sólidos, hacia parejas con hábitos muy diferentes, en las que el sexo se ha convertido en el principal factor al iniciar una relación. De forma que antes se empezaba por el amor o un sentimiento primario hacia la persona que podría derivar en sexo, pero actualmente el sexo parece casi como la primera parte de esa relación, y obviamente hablo de una generalidad de juventud actual, no toda ni mucho menos. Pero muy frecuente, y hablo conociendo el asunto al tener nietos mayores de edad y en donde existen opiniones distintas en ese aspecto. Quizá intervenga aún aquel absurdo de mi época en donde el sexo era consentido si habías pasado por la vicaría. Y ahora hemos pasado el extremo opuesto, algo muy natural en nuestro país, con muchas posibilidades de que la pareja no se estabilice al haber cambiado la ilusión de antes por una realidad actual que no sé si es mejor o peor. Pienso que la ilusión es algo muy necesario para vivir.

La falta de ilusión en conseguir un objetivo, y el amor es el mejor objetivo, hace que las familias creadas no sean duraderas

Y eso repercute en la política y la marcha del mundo, yendo a aquella frase de Einstein. Porque la falta de ilusión en conseguir un objetivo –y el amor es el mejor objetivo– hace que las familias creadas no sean duraderas, anulando así la vida normal de desear una mejora personal para una larga vida en común. Pero creo que deshace la lucha política por mejorar hasta la situación personal.

Quizá es lo que el fascismo que vemos en lo que representa Trump busque precisamente, deslavazar la unión de la fuerza entre gentes con objetivos claros. Hoy el objetivo a la vista no existe, es dejar hacer a “los que mandan”, pero que precisamente son los que tratan de deslavazar la unión de la fuerza para su propio beneficio.

Todo lo escrito es una opinión muy personal de un viejo que ha vivido los cambios mayores de la humanidad en su periodo de vida en un país en donde es habitual pasar de un extremo a otro que en algunos casos nos impide avanzar socialmente por movernos entre el amor y el odio con demasiada facilidad. Sigo pensando que Einstein tenía razón. 

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César Moya Villasante es socio de infoLibre.

César Moya Villasante

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