Hasta que me quede sin voz

Pako Martí

Malditos sean todos los asesinos que están quebrando el mundo. Quemando los recuerdos y destruyendo las expectativas. Malditos sean, así se les desvíe un dron y les reviente la cabeza.

Nada nuevo que no se conozca. El reto es componer el relato y darle forma, de modo que se puede ir yendo a tomar por saco cuando vas cuesta abajo, sin frenos y con el DRS abierto para ir mas rápido. Hasta que me quede sin voz o me partan la cara. A carita de perro y sin renunciar a nada. A tiempo real. El presente no es más que ponerse a portagayola y esperar a ver qué aparece por la puerta de chiqueros. Día tras día, sin miedo y por derecho. El futuro va en diferido, como las muertes y deportaciones del ICE que se emitirán mañana. El pasado no es amable ni educado, nunca lo fue. Sobrevivir no es más que un ejercicio de funambulismo en la delgada cuerda del presente.

Nada nuevo que no se sepa. Nos venden el miedo y la ansiedad en cómodos plazos, adjuntos a las pastillitas blancas y rosas de los tecnoligarcas y a sus orgías de selfies en las redes. Extraños a tiempo completo, comprando relatos que no son más que humo y patrañas.

Nos venden el miedo y la ansiedad en cómodos plazos, adjuntos a las pastillitas blancas y rosas de los tecnoligarcas y a sus orgías de selfies en las redes

Nada nuevo, y esto va tomando un cariz de realismo mágico sin haberle dado un mordisco al cielo.

Malditos sean todos los asesinos que están quebrando el mundo. Destruyendo ciudades y ejecutando a la población con las armas del hambre o el frío. Destruyendo infraestructuras energéticas. Cientos de drones y misiles recorren en madrugadas hostiles los cielos de Ucrania.

Mientras tanto, en la Casa Blanca un descerebrado desayuna Fanta de naranja y Donuts.

Hasta que me quede sin voz, cabronazo.

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Pako Martí es socio de infoLibre.

Pako Martí

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