El camino de Europa

Todo ha saltado por los aires de una sola jugada. ¿Trump el artífice? Lo dudo. No creo que un showman libidinoso y engreído pueda pergeñar todo esto. Primero cuida con esmero la jugada. Moviliza una gran flota aérea y marítima para hacerse con el objetivo. ¿Instaurar una democracia liberal? Bien, que cada cual piense lo que quiera. Conseguido el abastecimiento en Venezuela, prepara otra mayor. Pone en jaque a Latinoamérica como aviso a China y, acto seguido, ataca Irán. Desestabiliza la región, crea una crisis energética y un peligro para Europa, la obliga a alinearse contra China y consigue que la derecha europea (que es quien domina actualmente los organismos europeos) se pliegue a sus intereses. ¿Sus intereses, los de EEUU? No, los de la camarilla que soporta a Trump

Europa debilitada y desconcertada, se apoya en Trump para aislar más aún a China. Los grandes líderes europeos viajan a China de ida y vuelta. Y al final, se pliegan a Trump. Dice que China es el enemigo. Es su competidor global más peligroso. ¿Competidor de quién? ¿Del pueblo estadounidense, del país democrático liberal más potente del mundo? ¿Enemigo de los pueblos europeos, de los Estados europeos? ¿De sus economías quizá? Ni siquiera de sus economías, sino de aquellos que ahora gobiernan a espaldas de las instituciones y detentan el poder, plegándolo a intereses de las grandes tecnológicas íntimamente unidas a la industria armamentística. No parecen al margen de otros intereses más de fondo: la desregulación bancaria. Promocionan el valor en red, red libre, libre como la libertad Ayuso, libre como Milei, libre como los aparentes antojos de Trump, libre como la esclavitud misma. Pues tratan de imponer la moneda digital frente al antiguo y obsoleto dinero regulado y controlado por los bancos centrales. No soy yo, un ciudadano atribulado más, quién afirma esto. Hay numerosos análisis que alertan de este dominio global de estas grandes tecnológicas y su contigüidad con otros grandes intereses al margen de naciones, Estados e instituciones. 

Ya no valen los argumentos porque quienes no quieren ver lo evidente desde su burbuja no lo verán jamás. O sólo cuando las bombas les caigan encima

¿Y Europa? ¿Qué postura ha adoptado, ante la arremetida trumpista? Bueno, hay que cuidar las formas, mejor moderarse, defenderemos a Chipre contra Irán… En fin, aliados con el estropicio de Trump. Y en nuestro país, Sánchez se ha quedado solo, también en Europa. ¿El valor de un gobernante? Pues sí. Apenas un par de países han afirmado rotundamente lo obvio: el ataque a Irán rompe el derecho internacional, como ya lo ha hecho al secuestrar, saltándose todas las reglas, al presidente de un país (nos guste más o nos guste menos). Con la operación “quirúrgica”  en Venezuela ya dejó bien claro que la comunidad internacional sólo debe atender a la ley del más fuerte, y no a las zarandajas del Derecho Internacional. Además, como dice Hegseth “nosotros no perdemos el tiempo” (le faltó decir en respetar las leyes democráticas). 

¿Hacen falta más argumentos? No, simplemente la racionalidad ha perdido el valor. Ya no valen los argumentos porque quienes no quieren ver lo evidente desde su burbuja, no lo verán jamás. O sólo cuando las bombas les caigan encima. Y otros por no querer o poder acceder a una información más veraz, caen en la credulidad al ofrecerles una diana apetitosa para sus cuitas. De nuevo ¡el sanchismo! Mientras, otros dedican su miserable y triste vida a lanzar infundios, mentiras, y azuzar el odio y el veneno de la desafección política y la desconfianza. ¿Debemos volver la cara al cielo y rogar al altísimo? 

Que cada cuál piense lo conveniente. Pero si no hay política verdadera, nos quedamos indefensos. El voto blanco de Felipe González (por cierto, ¿qué piensa de esta intervención?) y los desengañados melancólicos vale para Abascal y su primogénito Feijóo, pero no para que este país marche bien. ¿Dejar pasivamente que los ultramontanos se apoderen del Estado y lo utilicen para la depredación y el descalabro de todos? Bueno, parece la opción mayoritaria, entonces será verdad.

Mientras escribo esto, las redes se llenan de bulos con el consentimiento global de quienes las sostienen. Odio, cinismo, poca vergüenza, falta de respeto, intromisión, insultos… ¿Es eso lo que queremos en este país? Si es así, nada mejor que dejarse llevar por la distracción del móvil y sus redes “sociales”. Olviden los periódicos, no se informen, no voten. Así, podremos dejar la verdad y el periodismo riguroso y profesional para los museos. Quienes sobrevivan podrán admirar cómo en nuestro siglo había quién, a pesar de todo, escribía siguiendo reglas, ateniéndose a la verdad, contrastando fuentes y respetando a la opinión pública que, en definitiva, está compuesta por ciudadanos libres. 

_____________________

Sergio Hinojosa es licenciado en Filosofía por la Universidad de Granada y profesor de instituto.

Más sobre este tema
stats