Las epidemias que vienen y el miedo que tenemos Beatriz Gimeno
Esa es la pregunta: ¿se puede estar a punto de recibir en un solo año a cien millones de turistas extranjeros, es decir dos y pico por cada habitante, y a la vez ser xenófobos? La respuesta fácil es evidente para la ultraderecha y la derechita cobarde que le compra el discurso: si vienen con dinero, se llaman turistas y son bienvenidos; si son pobres, se llaman inmigrantes y hay que echarlos. Ya saben, la prioridad nacional y todo eso que no es más que lo mismo de siempre, la estrategia fascista de toda la vida, que consiste en avivar el odio para luego ofrecerse a apagar el fuego. Odia conmigo y serás feliz, podría ser su lema.
La prioridad nacional y todo eso no es más que lo mismo de siempre, la estrategia fascista de toda la vida, que consiste en avivar el odio para luego ofrecerse a apagar el fuego
Si a los que vienen con la tarjeta de crédito en la mano y el pasaporte en regla les abrimos los brazos, luego habrá que atenderlos, ¿no?, que esa gente tendrá sed y hambre, necesitará un lugar donde echarse la siesta y demás. Pero no veo por aquí brigadas de patriotas dispuestos a ocuparse de los hoteles y los restaurantes, ni de las huertas, ni de las ganaderías. ¿No será que lo que quieren es personas sin derechos, eso que llaman, con toda la crueldad del mundo, “ilegales”? A ver si va a ser eso.
Pero hay que admitir que les funciona, y para demostrarlo no hay más que ver lo que acaba de pasar en las elecciones andaluzas, donde Juanma Moreno ha pisado la misma cáscara de plátano que sus colegas del partido en Castilla y León, Aragón y Extremadura: su misión era menos Vox y las cuatro veces ha sido más. O sea, que a las y los votantes les han convencido los argumentos de Abascal –no añado lo de “y compañía”, porque se los ha cargado a todos–, que en estos momentos le está echando un pulso a Isabel Díaz Ayuso: no se sabe cuál de los dos se debe estar riendo más, deben de ir empate, porque cuantos más escándalos y trapicheos les salpican, cuantos más billetes llueven por donde pasan, más veces la pillan a una con el carrito del helado o denuncian a otro sus antiguos compañeros de viaje, que uno tras otro le señalan como autor de graves delitos económicos con las cuentas, financiaciones y regalos destinados a la formación pero que acaban en sus cuentas privadas, mejor les va en las urnas. Sarna con gusto no pica, dice el refrán, pero salpica.
Ahora, el moderado a los cuatro vientos que es Moreno va a tener que demostrar quién es de verdad y a qué nivel de coherencia está dispuesto por defender su supuesto talante centrista, aunque me temo que no irá más allá del tópico de pedirle al PSOE, que está en la UVI y ha pasado de ser un régimen a ponerse a régimen de escaños, que le dé un apoyo que evite que se lo tenga que pedir a los ultras. Al tiempo.
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