No es momento de atrincherarse

Pues qué quieren que les diga. Creo que la semana no da para un registro más ni un auto más, ni una prueba más. Cada detalle de todo lo que hemos conocido estos últimos días aleja un poco más la idea de que esto es una campaña orquestada para desestabilizar a un gobierno. Parece más bien lo contrario: una operación de cloacas para comprar favores o voluntades de quienes podían influir en los casos que afectaban al partido, al gobierno y al presidente Pedro Sánchez.

Lo que ha ocurrido esta semana quizás es la mejor explicación de todo: un presidente del gobierno al que el último tsunami político le pilla fuera, en varios actos con organismos internacionales, con audiencias con el Papa, en el que recibe el aplauso y el reconocimiento de los de fuera por su defensa de la legalidad, de los derechos humanos, por denunciar el abuso y por ser baluarte de una nueva corriente, en medio de tanto despropósito. Y que esos aplausos, en cambio, no le dejan oír el ruido que tiene en casa, el terremoto político que hay en su partido y en su entorno más cercano. Y esto es un gran problema. Porque alejarse de la realidad escudándose en las guerras de fuera es alejar a la gente de sus problemas reales, de los que le afectan de verdad, con los que lidia cada día: cómo llegar a fin de mes, cómo afrontar el pago del alquiler, cómo organizarse para este verano, con los peques, con un trabajo o dos que no le permiten conciliar cuando ya no tienen cole. Y todo esto sin tener en el horizonte ni siquiera unos días de vacaciones porque los precios están por las nubes. Los más afortunados harán una escapada, cada vez más cortita —nos dicen las estadísticas— y cada vez con menos gastos.

Negar que lo que está pasando es grave es negar la realidad

Ésta es la vida de la gente que tendrá que ir a votar. Si es que le quedan ganas de ir a votar con la que está cayendo. Y no hay forma mejor de alejarles de todo eso que seguir aparentando normalidad, cuando no la hay.

La justicia tendrá que hacer su trabajo, que, en la mayoría de los casos, lo hace bien. Y en algunos, se cometen errores graves, es así. Pero esos errores no incapacitan a todos los demás. Lo que estamos viendo esta semana es un trabajo conjunto de policía, guardia civil y jueces. Están en un proceso de instrucción los casos de Zapatero y de las maniobras de miembros destacados del PSOE para dinamitar los procesos que afectaban al partido y al propio Pedro Sánchez. Pero las pruebas que vamos conociendo son graves. Luego vendrá la parte en la que se verá si la defensa de quienes aparecen en esos mensajes, en esos audios, en esos apuntes, es sólida o no. Pero negar que lo que está pasando es grave es negar la realidad. Y ahí es cuando todo se desmorona.

Sabemos muy bien qué pasa cuando dejamos que todo ese desencanto se quede sin una respuesta. Quién sabe aprovechar muy bien eso de “a río revuelto”. Si desde el Gobierno siguen con ese mensaje de aguantar, resistir, que enviaban ayer a través de fuentes, esto va a ir a peor.

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