Ojalá

A esta hora escribo sin saber qué va a pasar con Hernán, el hombre enterrado bajo toneladas de hormigón, en su garita, en La Guaira. Lleva ahí más de una semana, consciente, rezando primero para que le localizasen y después, cuando dieron con él, por que consigan desenterrarlo de la muerte. 100 hombres ahora mismo están buscando desesperadamente la manera de poder sacarlo de ahí. 100 hombres manteniendo una lucha titánica contra la lógica, contra la aplastante realidad que tienen alrededor, la de un edificio de viviendas derrumbado sobre un hombre, y contra el tiempo. No saben en qué condiciones está Hernán. Pero mantiene la esperanza, es lo único que le queda. Pasó casi 4 días consciente, calculando cuáles eran sus posibilidades, escasas. Un hombre solo, en una garita, milagrosamente vivo a pesar del derrumbe. 4 días enteros hasta que dieron con él.

Saben que el foco internacional dejará de estar sobre ellos, que dejarán de ser portada de todos los informativos. Y que, lo que venga, lo afrontarán más bien solos

Y ese rescate se ha convertido en el último milagro al que se aferran los venezolanos antes de enfrentarse a una dura realidad, la que queda tras el doble terremoto. Un país que ya lo tenía todo en contra y que, ahora, va a tener que asumir que hay que empezar otra vez de cero. Reconstruir barrios enteros. Devolver a decenas de personas un techo bajo el que vivir. Sobrevivir ha sido para muchos casi una condena: con sus familiares desaparecidos, con sus vidas perdidas, sin casas, sin pertenencias, sin nada…

Los rescatistas se van marchando y eso, quizás, es lo más duro ahora mismo. Saben que el foco internacional dejará de estar sobre ellos, que dejarán de ser portada de todos los informativos. Y que, lo que venga, lo afrontarán más bien solos. Toca la parte más difícil: aprender a vivir con lo que ha quedado, con los que han quedado.

Mientras, Hernán sigue aferrándose a esas voces que le llaman, a esas manos que ha llegado a rozar, nos decían que esta pasada noche, habían logrado por primera vez el contacto de piel con piel.

Envío esta columna con la esperanza de que se quede obsoleta cuando llegue a su buzón. Sería la mejor de las noticias que hoy podría contarles. Poder enseñarles cómo Hernán logró salir a la luz, logró burlar a la muerte a pesar de que lo tenía todo en contra, a pesar de las largas noches y días enterrado en vida. Ojalá poder ver su cuerpo tumbado en una camilla, su sonrisa, su abrazo con esos rescatistas. Ojalá que hoy esto que escribo, a esta hora, se quede viejo. 

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