Líbano será la tumba de la paz Alejandro López Canorea
Alberto Núñez Feijóo se proyecta como un gestor austero, pero sus propias declaraciones de bienes muestran otra realidad. Su trayectoria se presenta como la del servidor público de carrera. Pero su declaración de bienes dibuja otro relato: el de un político que pasa, en muy pocos años, de un patrimonio relativamente modesto a casi un millón de euros en depósitos y acciones, varias viviendas en propiedad y cero deudas bancarias. No tiene ni hipotecas, ni créditos bancarios de ningún tipo.
Un político que, viviendo exclusivamente de salarios públicos durante décadas, ha acumulado más de 600.000 € en productos financieros de ABANCA, tres viviendas en propiedad, dos garajes, una finca rústica y miles de acciones de Inditex. Y todo ello sin haber ejercido nunca en la empresa privada. La pregunta es incómoda y legítima: ¿cómo puede un político enriquecerse así sin ofrecer una explicación detallada y cronológica de cada salto patrimonial?
En torno a 2012, cuando llevaba tres años como presidente de la Xunta, Feijóo presentaba un patrimonio elevado para un alto cargo público: unos 120.000 euros en cuentas, cerca de 90.000 euros en planes de pensiones y varias propiedades inmobiliarias: Un ático de 121 metros cuadrados más 15 de terraza en Madrid, otro en Vigo con garaje, y una finca rústica en Ames. Estas propiedades figuran en sus primeras declaraciones conocidas y reflejan una posición acomodada. El ático con terraza en Madrid y el piso con garaje en Vigo los compró el mismo año, en 2001, cuando era presidente de Correos y todavía mantenía contacto con su ‘célebre’ amigo, el narco Marcial Dorado.
Entre 2012 y 2020, la foto patrimonial parece avanzar de forma gradual: sueldos altos (más de 80.000 € brutos anuales como presidente de la Xunta) y algún ingreso por alquiler y depósitos que rondan los 140.000 €. También declara unos 176.000 € en planes de pensiones. Hasta aquí, aunque alto, el patrimonio podría explicarse por el “ahorro constante” de un político con buen salario.
El gran salto llega entre 2020 y 2021. Pero nadie sabía nada hasta que tuvo que presentar obligatoriamente una declaración ante el Senado al llegar a Madrid como líder del PP, y muestra que Feijóo pasa de inversiones modestas en productos financieros a declarar un fondo de inversión de ABANCA por 481.500 euros, más 190.547 euros en un plan de pensiones también gestionado por ABANCA, y más de 200.000 euros en cuentas y depósitos. Es decir, hasta cerca de un millón de euros en activos financieros. Sin actividad privada conocida y sin un negocio familiar que justifique esa capacidad de inversión.
A este salto financiero se añaden sus participaciones en grandes empresas: 2.500 acciones de Inditex y casi un centenar de acciones de Telefónica. Pero lo más relevante sigue siendo la súbita capacidad de inversión: ¿de dónde procede el capital inicial necesario para constituir un fondo de medio millón de euros? ¿Por qué no existe una trazabilidad pública sobre ampliaciones patrimoniales tan importantes? Las declaraciones, tal como están diseñadas, solo permiten ver fotos sueltas, no la secuencia completa.
También en 2021 vendió su chalé en A Fanequeira, en Moaña, en una venta opaca y llena de interrogantes, como todo lo relacionado con su patrimonio.
La oposición en Galicia exigió a Feijóo comparecer para dar cuenta de las constantes ocasiones en las que el expresidente de la Xunta no le dijo al Parlamento cuánto valían sus propiedades ni informó de los cambios en su patrimonio cuando estos se produjeron. El PSdeG y el BNG plantearon su citación en la Comisión de Transparencia, pero la mayoría absoluta del PP gallego bloqueó la petición. El argumento oficial fue que la operación era privada y ya estaba incluida en su declaración pública. Esta negativa a dar explicaciones, como en otras tantas ocasiones, alimentó la sospecha sobre un posible conflicto de intereses y falta de transparencia. De hecho, algunos medios hablaron de un gran empresario español como comprador, y que hasta hace un mes dirigía una multinacional española líder en ingeniería, tecnología y defensa.
En 2022, ya como candidato nacional del PP, compra una nueva vivienda en A Coruña al contado —su tercera propiedad inmobiliaria en España— mientras reorganiza sus ahorros: 403.425 euros en un fondo de ABANCA, lo que quiere decir que pudo retirar una parte para comprar más acciones de Inditex, ya que pasó de 2.500 acciones valoradas en unos 51.050 € en 2022 a 4.000 acciones valoradas en 133.200 € en 2023.
También cerca de 195.000 euros en el plan de pensiones y un patrimonio financiero total que supera los 630.000 euros. Sus inmuebles ahora son: ático con terraza en Madrid, piso en Vigo con garaje, la vivienda recién adquirida en A Coruña, también con garaje y la finca en Ames.
Ya que exige tanto a los demás contrincantes políticos, quizá Feijóo debería empezar por él mismo en cuestiones de transparencia
Pero aquí surge un elemento especialmente turbio: el ático de Madrid, situado en una zona de muy alto valor, no es su residencia. Feijóo lo tiene alquilado a un precio irrisorio. Él vive en una vivienda del barrio de lujo de El Viso, una de las zonas más caras de Madrid, pero cuyo titular no es él. ¿Quién paga esa vivienda? ¿Quién es el propietario? ¿Por qué Feijóo, teniendo piso propio en Madrid, prefiere vivir en otra propiedad ajena situada en uno de los enclaves más elitistas de España? Ninguna de estas preguntas tiene respuesta pública. Su declaración no identifica al propietario, ni las condiciones económicas del acuerdo, ni la naturaleza exacta del uso de esa vivienda. Una opacidad que contrasta con el volumen patrimonial declarado.
Hasta el pasado miércoles en el Congreso, que declaró visiblemente enfadado ante una pregunta del presidente Sánchez que el alquiler de la vivienda de El Viso lo pagan él y su pareja. Sin embargo, no ha hecho público el importe del alquiler ni las condiciones económicas del contrato, pese a que se le ha solicitado en sede parlamentaria. ¿Miente entonces? ¿Por qué tanto misterio?
En su declaración de bienes en el Congreso (agosto de 2023), Feijóo cifra su patrimonio financiero en 769.779,09 euros. Pero de nuevo falta lo fundamental: el detalle. No se exige declarar plusvalías específicas, ni fechas de compra o traspaso, ni movimientos de fondos. El resultado es que un político puede acumular cientos de miles de euros sin que la ciudadanía pueda saber cómo se ha generado ese incremento ni cuándo se han producido las grandes operaciones.
Uno de los aspectos más polémicos es la concentración del patrimonio de Feijóo en ABANCA, banco heredero de las cajas gallegas rescatadas con más de 9.000 millones de euros de dinero público y vendidas a precio de saldo al grupo de Juan Carlos Escotet, amigo íntimo de Feijóo.
Durante sus gobiernos, la Xunta convirtió a ABANCA en intermediario casi exclusivo de servicios públicos: Tarxeta Benvida, Xente Nova, TMG, Tarifa +65… Y al mismo tiempo, Feijóo deposita cientos de miles de euros de su patrimonio personal en fondos y planes gestionados por ese mismo banco.
No hay pruebas de trato de favor directo, pero el conflicto ético es evidente. Las decisiones políticas de Feijóo consolidaron a ABANCA como actor central del ecosistema público gallego y, una vez consolidado ese poder financiero, Feijóo deposita allí buena parte de su dinero. En una democracia madura, esta coincidencia exigiría explicaciones detalladas, no solo un PDF cada varios años con cifras globales imposibles de auditar.
Finalmente, el caso Feijóo abre una cuestión general: ¿qué nivel de enriquecimiento es compatible con el servicio público? Los sueldos de un presidente autonómico o de un senador permiten vivir muy bien, sí, pero ¿permiten acumular cerca de un millón de euros en activos financieros, tres viviendas, una finca y presencia bursátil, todo ello sin deudas y sin actividad privada conocida? ¿Cómo se controla que el uso del cargo no genere ventajas implícitas —acceso a oportunidades financieras, información privilegiada no punible, relaciones de poder— que alimenten ese patrimonio? El sistema de transparencia actual no tiene mecanismos para responder a estas preguntas.
¿Ha presentado Alberto Núñez Feijóo alguna actualización de su declaración de bienes desde la publicada al inicio de la XV Legislatura? Si la ha presentado, ¿por qué no está disponible públicamente con el mismo nivel de detalle?
Aunque la ley no obligue a hacer público el contrato de alquiler, si es que realmente existe, un líder de la oposición que aspira a presidir el Gobierno debería someterse a un estándar de transparencia superior al mínimo legal. Si el origen o las condiciones de una vivienda generan un debate público, publicar el contrato y acreditar quién paga el alquiler contribuiría a disipar cualquier duda. Ya que exige tanto a los demás contrincantes políticos, quizá Feijoo debería empezar por él mismo.
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Cristina P. Marcote es autora del libro 'Feijóo y el narco'.
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