Hombres florero

El machismo y su sistema conservador siempre ha intentado presentar la igualación como igualdad, no por error, sino como una forma de evitar que se tome conciencia sobre el significado y las causas de la desigualdad, y con ello continuar con su modelo de injusticia en un escenario diferente.

Bajo esa idea, adoptar medidas a favor del grupo de población discriminado se presenta como una injusticia por dejar de lado al resto de la población, y plantea que la “verdadera igualdad” es aplicar las mismas medidas a toda la población, no actuar de manera diferenciada.

Llevado este planteamiento a la desigualdad entre hombres y mujeres, su razonamiento presenta las medidas para corregir la desigualdad que sufren las mujeres como una injusticia y una discriminación de los hombres, como si ellos en su posición de privilegio también las necesitaran. Pero al mismo tiempo se pone en evidencia que se trata de una trampa al comprobar que si hay una desigualdad reconocida que exige adoptar medidas, y estas se aplican sobre quienes la generan y quienes la sufren, no se corrige nada. La desigualdad se mantiene, y como no se actúa sobre las causas que la han generado esta aumentará con el tiempo a pesar de las nuevas medidas.

Esta estrategia de equiparar todo y a todos es el argumento esencial en cualquiera de los temas que surgen, aunque con un razonamiento diferente. Cuando las medidas se dirigen a corregir la discriminación de las mujeres no quieren que cambie nada, pero cuando son para corregir la injusticia que ha llevado a que los hombres dominen las posiciones de poder, entonces se resisten al máximo en nombre de la “mayor y natural capacidad masculina”.

Como se puede ver, nada es casualidad en las decisiones androcéntricas conservadoras. Por ello intentan crear un relato jugando con las formas para sortear el fondo y, en la medida de lo posible, atacar y ridiculizar los planteamientos progresistas y feministas. Un ejemplo lo tenemos tras la aprobación de la Ley de Igualdad y la obligación de presentar listas paritarias a las elecciones con una representación de hombres y mujeres del 60/40. Lo primero que hizo el PP en las elecciones municipales de 2007, que nunca se había acercado al 40% de mujeres en sus candidaturas, fue presentar una lista en Garachico (Tenerife) formada solo por mujeres, iniciativa que hizo que la Junta Electoral la anulara por incumplir la ley. El PP aprovechó la situación para presentarse como el máximo defensor de la igualdad, y criticar la Ley de Igualdad que impedía que hubiera una lista formada solo por mujeres.

Otros ejemplos de esa instrumentalización para mandar mensajes a la sociedad que impiden ver el significado de la desigualdad y la necesidad de abordarla de manera seria son los nombramientos. La primera mujer presidenta del Senado fue Esperanza Aguirre (1999), la primera mujer presidenta del Congreso de los Diputados fue Luisa Fernanda Rudi (2000), la primera mujer alcaldesa de Madrid fue Ana Botella (2011), la primera mujer ministra en el periodo actual fue Soledad Becerril (1981)… Ante este escenario es fácil hacer creer que las políticas conservadoras son las que en verdad apuestan por las mujeres, pero no es así porque no hay coherencia ni consecuencia ni continuidad con el resto de las políticas e iniciativas, se trata de gestos para romper el relato de la izquierda y del feminismo.

Ahora lo vuelven a hacer bajo la misma idea, pero de forma diferente. Y lo han hecho al nombrar a Emmanuel Toro Molina coordinador en Sevilla del Instituto Andaluz de las Mujeres (IAM).

El mensaje es que más vale ser florero que formado, dócil con la masculinidad hegemónica que crítico con ella, pues esa masculinidad de siempre es la que te da poder

La instrumentalización se observa al analizar los dos elementos que deben definir el nombramiento de una persona para determinados cargos:

  1. La decisión para que una persona sea la responsable de una materia y su gestión se debe tomar a partir de su formación, conocimiento, capacidad y experiencia suficiente para abordar las cuestiones sobre dicha materia, y cómo estas se relacionan e imbrican con otras políticas que se gestionan desde otros centros.
  2. Supuesta esa capacidad en lo formal, se debe cuidar el elemento simbólico sobre el significado de la decisión, puesto que este es el que más suele incidir en la conciencia social para conseguir una implicación que contribuya a la transformación de la realidad sobre la que se actúa. El elemento simbólico debe reforzar el componente formal, no entrar en conflicto con él.

El nombramiento de Emmanuel Toro adolece de los dos elementos exigidos.

Por un lado, todas las informaciones aparecidas indican que no tiene la formación, el conocimiento ni la capacidad profesional para dirigir el IAM como exigen las responsabilidades que conlleva.

Por otro lado, si lo que se busca es un efecto simbólico para generar conciencia social y hacer ver que la igualdad es responsabilidad de hombres y mujeres, este no se consigue. Todo lo contrario, se refuerza la construcción machista que ha permitido que durante miles de años hayan sido hombres los que hayan decidido sobre las cuestiones de las mujeres, y que lo hayan hecho desde su mirada masculina, no desde una formación y conocimiento en igualdad.

Lo que han hecho PP y Vox es recuperar la idea de “mujer florero”, pero aplicada a los hombres para poner a un “hombre florero”, y con ello conseguir decorar la realidad sin intención de cambiarla. Ni PP ni Vox pretenden alcanzar la igualdad ni corregir la desigualdad entre hombres y mujeres, tal y como se comprueba en el resto de las decisiones y la creación de consejerías de “desregulación” para acabar con muchas normas que sí actúan para promover la igualdad. Ahora lo que pretenden es cuestionar los estudios sobre masculinidades que rompen con la imposición de una identidad masculina androcéntrica como referencia única para los hombres, al mostrar que un hombre, por el mero hecho de serlo, puede estar en cualquier lugar, incluso en aquellos históricamente presentados como lejanos o incompatibles. El mensaje es que más vale ser florero que formado, dócil con la masculinidad hegemónica que crítico con ella, pues esa masculinidad de siempre es la que te da poder.

Y a las mujeres se les manda el mensaje de que su nombramiento no depende de su capacidad, sino de lo que un hombre decida sobre ella. Es lo que vino a decir el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, cuando tras nombrar a su segundo Gobierno (2022) y contar con el mismo número de consejeras que de consejeros, manifestó: “Por fin hay mujeres capacitadas, a diferencia de años anteriores”.

Cuatro años antes no había siete mujeres capacitadas entre cuatro millones de andaluzas, ahora hay incluso hombres que pueden dirigir a las mujeres desde su Instituto, es decir, como siempre han hecho otros hombres desde cualquier espacio.

_______________

Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

Más sobre este tema
stats