El eclipse era político Beatriz Gimeno
Como el verano nos ayuda a disponer de tiempo, a salir de las urgencias y valorar las realidades cotidianas, no quiero dedicar esta columna a las calamidades que afectan a la actualidad, sino a los privilegios habituales de la vida corriente y común. Por ejemplo, la suerte de colaborar en la prensa seria y de poder establecer con muchos lectores un diálogo sobre la convivencia, los bulos, las inquietudes más graves y las ilusiones que merece la pena sostener. Escribo esta columna de agosto para darle las gracias a los lectores de infoLibre.
He tenido la suerte de colaborar en programas de radio de Canal Sur, Radio Nacional de España o la Cadena SER. Desde joven colaboré en los periódicos de mi ciudad, Ideal y Diario de Granada, y poco después pude publicar columnas en El País, Público e infoLibre. La prensa supone una invitación a participar de manera cívica en la sociedad y heredar una tradición importante en el mundo de la literatura, vivida a lo largo de distintas épocas y contextos. Las firmas de Larra, Unamuno, Azorín, Francisco Ayala, Delibes, García Márquez, Rosa Montero, Elvira Lindo, Almudena Grandes y Antonio Muñoz Molina así nos lo recuerdan. Escribir es habitar la historia, vivir por dentro las experiencias humanas, comprender que la realidad se compone de acontecimientos y experiencias, datos e interpretaciones. Por eso resulta necesaria la información objetiva, pero también los espacios para las opiniones personales, opiniones que no se venden como noticia, sino como miradas, como meditación de lo vivido.
Cuando yo empecé a leer y escribir, los periódicos eran un lugar muy significativo en la transformación de la sociedad española y en la búsqueda de la democracia. Los testimonios se sumaban a las noticias sin censura y los titulares formaban parte de la atmósfera de una nación que se asomaba a la libertad, se transformaba y conseguía hablar, cantar, coser y escribir sin prohibiciones. Colaborar en prensa suponía dar testimonio y recibir la herencia de un esfuerzo cultural y profesional importante en busca de la emancipación y de una dignidad capaz de unir los compromisos públicos con la dignidad privada.
Las contradicciones nunca faltan, a veces son sigilosas y a veces se convierten en un ruido y en unas dinámicas que iluminan el estado de las cosas. Es imprescindible siempre oponerse a las tijeras del censor, pero no puede hablarse cómodamente de libertad cuando se piensa en las dependencias económicas, ideológicas y sociales de los medios de comunicación. Con más o menos decencia, las líneas editoriales se apartan de la objetividad en favor de los intereses de sus propietarios. Y en la degradación de las apuestas democráticas suelen ir de la mano la pérdida de imparcialidad de la administración de Justicia y la sustitución del periodismo por el pseudoperiodismo, los profesionales por los paniaguados, los informadores por los tejedores de crispación y los periódicos o radios por estercoleros. Así ocurrió siempre que se quiso generar odios legitimadores de dictaduras, nacionalismos fanáticos, identidades cerradas y genocidios.
La prensa supone una invitación a participar de manera cívica en la sociedad
La estrategia de los demagogos que disfrazan su falta de decencia es la generalización, todos son iguales… Pues no es verdad. Gracias a mis colaboraciones en la prensa he tenido la oportunidad de conocer y establecer amistad con periodistas muy decentes, puntos de referencia de la información democrática y la lucha contra las mentiras sistematizadas. Como este artículo está escrito para infoLibre, quiero aprovechar la ocasión para hablar bien de mi amigo Jesús Maraña. De él recibí la invitación para colaborar en el periódico, antes también en Público, y de participar en un proyecto que quiso unir la información con la libertad, no ya frente a la censura, sino frente a los tejidos económicos que procuran subvencionar y fijar los modos de decir. Jesús es el sentido común de la mirada conflictiva, la sensatez de la rebeldía.
La realidad nos envuelve, y con frecuencia los peligros que sobrevuelan la convivencia nos hacen olvidar lo conseguido. Por eso es importante ejercer la memoria histórica, y por eso conviene también reconocer el valor de lo que tenemos junto a nosotros. Yo aprovecho la paz íntima de las vacaciones de verano para agradecerle a Jesús Maraña la posibilidad que me dio de mantener una conversación semanal con los lectores de infoLibre. Frente a los sicarios del insulto, los partidarios de la prensa independiente y la democracia social tenemos muchas cosas que decirnos.
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