El asedio de Qusra ilustra la política de ocupación israelí en Cisjordania

Soldados israelíes y colonos realizan oraciones talmúdicas en tierras palestinas confiscadas en la localidad de Qusra, al sur de Nablus. 

Gwenaelle Lenoir (Mediapart)

Las dos casas se encuentran alejadas del pueblo de Qusra, encaramadas en lo alto de una colina de laderas algo escarpadas, según se aprecia en las imágenes grabadas por un periodista palestino desde lo alto al otro lado de un pequeño valle. Una de ellas se parece a la mayoría de las casas de Cisjordania, de cemento gris y tejado plano.

La otra es lujosa y espaciosa, como muchas de las residencias construidas por familias palestinas que han vivido y trabajado durante años en el extranjero y que luego se han construido la villa de sus sueños con su relativa fortuna. De hecho, pertenece a un palestino con nacionalidad estadounidense.

Las vistas hacia el norte de Cisjordania desde allí son, sin duda, impresionantes. Las vistas de los asentamientos, construidos en forma de arco alrededor de Qusra y de las localidades palestinas circundantes, son, sin lugar a dudas, menos agradables para los habitantes de la pequeña localidad. Saben desde hace mucho tiempo que estos asentamientos y la ideología expansionista suponen un peligro para sus parcelas y sus hogares. Ya se han producido agresiones, sin que tuvieran repercusión más allá de Cisjordania y de los círculos activistas.

Pero esta vez el ataque de los colonos está despertando interés fuera de allí. Hay que decir que, incluso a la luz de la limpieza étnica que se está llevando a cabo en Cisjordania, este caso es excepcional. Desde el domingo 9 de agosto, varias decenas de colonos sionistas religiosos están sitiando las dos casas, aislando a sus habitantes del mundo exterior. Han instalado un puesto avanzado bajo un toldo frente a la verja de la vivienda más grande, en la carretera que la une al pueblo, cortando todo el tráfico.

Allí rezan y duermen. Intentan por todos los medios ahuyentar a las familias cortando el agua y la electricidad, impidiendo el abastecimiento de víveres e instaurando un clima de terror. Pero estas saben perfectamente lo que ocurriría si se van: nunca podrán volver, algo que ocurre con frecuencia.

Complicidad entre militares y colonos

Desde octubre de 2023, “Israel ha desplazado por la fuerza a 64 comunidades palestinas en su totalidad y, parcialmente, a otras 15 más, lo que supone más de 4.800 personas, entre ellas más de 2.300 menores”, subraya la organización israelí de defensa de los derechos humanos B’Tselem.

La organización ha recogido el testimonio de Aïcha Abou Rida, que vive en una de las dos casas: “Estamos rodeados por los colonos, pero aguantamos. Con la ayuda de Dios, no abandonaremos nuestras casas, pase lo que pase. Aunque nos corten el agua y la electricidad, aguantaremos […]. A pesar de sus repetidos ataques, que tienen como objetivo expulsarnos, si Dios quiere, nos quedaremos en nuestras casas, aunque tengamos que perder la vida”, afirma.

Este intento de los colonos de expulsar a familias palestinas de sus hogares para erigir un puesto avanzado tan ilegal como los propios asentamientos se ha convertido en algo habitual en Cisjordania. Pero en este caso, varios sucesos han atraído cierta atención internacional, aunque muy escasa.

La nacionalidad estadounidense de una de las personas asediadas ha permitido llamar la atención de la Casa Blanca

Varios periodistas israelíes del diario Haaretz fueron agredidos por los colonos cuando intentaban llegar a las propiedades asediadas. Atacar a los profesionales de los medios de comunicación se ha convertido en algo bastante habitual por parte de los colonos o del ejército israelí, pero hay que reconocer que estas violaciones del derecho a informar tienen más repercusión cuando se trata de compañeros israelíes.

Además, los vídeos grabados por los dos periodistas israelíes y por otras personas, entre ellas periodistas extranjeros y activistas, han demostrado una vez más la connivencia entre una parte del ejército israelí y los colonos. El más impactante muestra a militares rezando junto a los agresores a los que se suponía que debían expulsar. Al tratarse de una zona declarada militar, esto permite a los soldados impedir el acceso a periodistas, activistas y otros observadores, pero también debería prohibir la presencia de colonos.

Pero la nacionalidad estadounidense de una de las personas asediadas permitió interpelar a la Casa Blanca y acusar a la embajada en Jerusalén (durante el primer mandato de Donald Trump, la embajada americana se trasladó desde Tel Aviv, sede de la inmensa mayoría de las representaciones diplomáticas, a Jerusalén) de incumplir su obligación de defender a un conciudadano y sus bienes.

Bastante molesto, el embajador Mike Huckabee, a pesar de ser un ferviente partidario de la política de anexión de los territorios palestinos y de apoyar al movimiento de los colonos, se vio obligado a reaccionar. Negó ser indiferente a los acontecimientos de Qusra e incluso calificó a los agresores de “terroristas israelíes” y sus actos de “criminales”.

Dieciséis viviendas confiscadas

El jueves 13 de agosto, a última hora de la mañana, según testigos presenciales entrevistados por Mediapart, el ejército desplegó 1.200 soldados en la localidad de Qusra. Allí confiscó dieciséis viviendas para convertirlas en puestos militares provisionales y hizo referencia en X a unas “misiones de defensa” para “mantener la seguridad y proteger la zona”. Contactado el ejército israelí, en el momento de publicar este artículo no ha respondido a las peticiones de aclaración de Mediapart.

Avi Bluth, comandante en jefe de Cisjordania, se jacta de los vínculos que mantiene con los colonos 

Yair Dvir, portavoz de B’Tselem

Los residentes palestinos temen no poder regresar a sus hogares. Y con razón: unos días antes, en presencia de varios miembros del Gobierno de Netanyahu, el ejército israelí expulsó a la familia Hamad de su vivienda en la localidad de Arraba, cerca de Jenín, para instalar allí a soldados con vistas a la inauguración de un nuevo asentamiento.

“El ejército israelí tiene los medios para imponer un bloqueo a pueblos palestinos enteros, e incluso a ciudades, para demoler decenas de casas, arrancar cientos de olivos y desplazar por la fuerza a decenas de miles de personas. ¿Cómo es posible que el simple hecho de impedir que unas pocas decenas de colonos asedien a una familia palestina en un pueblo en el que los israelíes ni siquiera están autorizados a estar resulte una tarea tan imposible para el ejército?”, se pregunta, con falsa ingenuidad, la organización Breaking the Silence, que vigila la actuación del ejército israelí.

La indignación del embajador americano, al igual que la de las cancillerías occidentales, no es más que de fachada. Porque todo el mundo conoce la respuesta a la pregunta de Breaking the Silence. Ya ha quedado demostrada en numerosos informes, como el de Haaretz de diciembre de 2025 o el de Amnistía Internacional de junio de 2026.

Se trata de un sistema cuyo objetivo es la limpieza étnica y el desmantelamiento de la sociedad palestina 

Yair Dvir, portavoz de B’Tselem

Así lo resume Yair Dvir, portavoz de B’Tselem: “La violencia de los colonos es una violencia de Estado. Es responsabilidad del Estado, está armada por el Estado. Cuenta con el apoyo del ejército. Se trata de una política de Estado que observamos bajo muchas formas diferentes”, explica a Mediapart. “La mayor parte de la violencia es, en realidad, obra del ejército, y no de las milicias. A menudo vemos al ejército participar en los ataques o proteger a los colonos, y disparar contra los palestinos que intentan defenderse.”

Y añade: "Avi Bluth, el comandante en jefe de Cisjordania, se jacta de los vínculos que mantiene con los colonos y de la magnitud de las ‘reparaciones’", según sus propias palabras. “Estamos matando a palestinos en Cisjordania como no lo habíamos hecho desde el inicio de la ocupación en el 67”, afirma. “Se jacta de la coordinación entre el ejército y los colonos para la construcción de cientos de granjas por toda Cisjordania. No se trata, por tanto, de la ideología de una persona u otra, sino del sistema y del objetivo del mismo, que es la limpieza étnica y el desmantelamiento de la sociedad palestina”.

“Israel intenta hacer creer que actúa”

A finales de julio, el mismo Avi Bluth firmó 15 órdenes de expropiación de tierras palestinas en la zona A, que se supone que está bajo el control total de la Autoridad Palestina. El objetivo era permitir la continuidad entre dos asentamientos israelíes.

Las protestas de un puñado de reservistas, que están firmando estos días una “Carta de reservistas contra el terrorismo judío”, parecen bastante minoritarias, incluso insignificantes.

Por toda Cisjordania se repite el mismo patrón, día tras día, noche tras noche. En los últimos días, el pueblo de Taybeh ha sido principalmente el blanco de esas acciones. También ha sido declarado zona militar y también allí, al amparo de esta orden, el ejército israelí impide el acceso a periodistas y activistas. Como si el objetivo fuera evitar que haya testigos. Además, allí los colonos atacan y siembran el terror. Y también allí, los habitantes palestinos, desprovistos de toda protección, se las arreglan como pueden.

Aunque el ejército israelí acabe desalojando a los colonos de Qusra y levante el asedio, no quedará nada resuelto y el macabro juego de la limpieza étnica se reanudará en cuanto se desvanezca la atención internacional.

Los colonos israelíes matan palestinos en Cisjordania con total impunidad

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“Conocemos este patrón desde hace años. Se repite sin cesar”, prosigue Yair Dvir. “En cuanto hay algo de presión internacional, Israel intenta hacer creer que está actuando. Pero la mayoría de las veces, y probablemente esto se repetirá también aquí, en cuanto el ejército se retire, los colonos volverán a instalarse”. Sin temor alguno.

Los colonos, que tienen una fuerte presencia en todos los niveles de la administración civil y militar israelí, tienen en sus manos el destino de la coalición de Benjamín Netanyahu. Más allá de eso, ningún partido político capaz de obtener o formar una mayoría tras las elecciones legislativas de octubre de 2026 les planta cara.

Traducción de Miguel López

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