José Miguel Contreras: “Hay grandes periódicos, radios y televisiones que ejercen con falsa bandera progresista”
José Miguel Contreras (Madrid, 1958) ultima el lanzamiento de La Séptima, una nueva cadena de televisión generalista que comenzará sus emisiones el 5 de noviembre y que pretende romper con los esquemas tradicionales para convertirse en la primera referencia de actualidad en España. Un canal centrado en la información en directo, el análisis y la conversación pausada, con la intención de explicar lo que está pasando en cada momento sin debates broncos.
Y es que, a su juicio, es “necesario defender el espacio y el tiempo para entender lo que pasa” en el mundo. “Los medios norteamericanos más destacados hablan a menudo de la necesidad no sólo de conocer las noticias, sino de tener acceso al contexto que da sentido a lo que ocurre. Hay por tanto un primer problema de falta de medios que den cabida a este tipo de contenidos explicativos”, explica a infoLibre, antes de añadir: “En segundo lugar, no es menos necesario conseguir profesionales capaces de hacer esos contextos atractivos y fácilmente entendibles para un ciudadano medio”.
¿Qué se puede esperar de medios que engañan a quienes les siguen sobre su sesgo ideológico?
Para el fundador en su día de La Sexta y principal accionista de infoLibre desde 2020, en realidad, el “problema mayor es la dificultad de contar con medios que expliquen la realidad más allá de dar las noticias digeridas y centradas en declaraciones sesgadas de determinados líderes políticos”. Esta contrariedad se intensifica en un momento en el que la “suma de plutócratas y autócratas busca el control de los medios de comunicación para imponer su discurso, basado en la desinformación y en la creación de estados de ánimo centrados en la angustia, la incertidumbre, el miedo y, finalmente, el odio”.
“Es en ese punto donde se presentan como la solución ante esa amenaza oscura que ellos mismos extienden”, continúa, por lo que considera que, llegados a este ecosistema de peligro inminente, los “medios libres son más necesarios que nunca”, ya que “si se impone la desinformación y la mentira todo estará perdido”. “Es determinante apoyar y asentar esos medios independientes y alternativos que garanticen el acceso a una información veraz”, remarca.
Desgraciadamente, la Internacional del Mal existe y tiene como objetivo controlar Europa país a país, gobierno a gobierno
En este sentido, el también catedrático de Comunicación en la Universidad Rey Juan Carlos señala que, en el caso español, hay un “nítido” problema de “censura” en la “enorme descompensación ideológica en el panorama mediático privado”. “La práctica totalidad de los medios digitales, de las radios y de las televisiones trabajan alineados con la derecha política en guerra abierta contra el actual Gobierno de coalición”, afirma, para acto seguido rematar: “Salvo algunos periódicos digitales, los medios privados tienen una única línea editorial: el antisanchismo”.
Esta es una situación que, en su opinión, “se arrastra de años atrás”, si bien se ha visto “agudizada” con la “incorporación al antisanchismo de medios tradicionalmente progresistas que ahora no se distinguen de los medios conservadores tradicionales”. “Hablamos de grandes periódicos, cadenas de radio y de televisión que ejercen de medios con falsa bandera progresista, intentando llevar a votantes progresistas a militar en el antigubernamentalismo”, avisa.
Mucha gente sabe que le mienten cada día, pero no lo admite si esas mentiras perjudican al enemigo
Sobre la crispación y la desinformación fomentada desde determinados medios, resalta que promover un “conflicto civil cada día, a todas horas”, extendiendo la “confrontación” y el “odio” como “comportamiento cotidiano, lleva a que mucha gente acabe aceptando la mentira en los medios y en los líderes políticos como arma de guerra”.
Dicho de otro modo: “Si se acepta que vivimos en tiempos de puro y encarnizado enfrentamiento ideológico, se acepta que todo vale para castigar al enemigo. Y en ese todo vale, la difusión de bulos y mentiras, el uso y el abuso del insulto personal, y la ruptura de la convivencia social, se convierten en usos sociales admisibles. Mucha gente sabe que le mienten cada día, pero no lo admite si esas mentiras perjudican al enemigo”.
Salvo algunos periódicos digitales, los medios privados tienen una única línea editorial: el antisanchismo
Esto, para Contreras, “es un elemento clave de la batalla”, pues las redes sociales sirven especialmente para “extender mensajes de confrontación, de impacto emocional y de irreflexión”, algo que saben muy bien quienes las han creado como “negocio lucrativo”. Lo que no se puede obviar, puntualiza, es su penetración en la sociedad: “Es indispensable utilizarlas y no dejarlas en manos de los que buscan promover una sociedad enfrentada, al borde del conflicto violento. La violencia verbal, que tanto extienden, es el paso previo a la física. Tenemos que pararlo. Contra la sinrazón no hay mejor antídoto que la razón. Contra la crispación, la discusión civilizada. Contra la desinformación, el conocimiento”.
Tratando de transitar un camino de objetividad y mesura, recuerda que, como sociedad, “debemos defender el derecho de todos a defender sus ideas, aunque no las compartamos”. La clave para esto, que en ocasiones parece tan imposible, está en tener la posibilidad de conocer esas ideas a través de medios “capaces de mostrarlas limpiamente, sin generar mayor tensión”. Pero claro, para él, lo “más indignante” en el panorama mediático es esa “falsa bandera” que no ayuda, precisamente, a esa conversación comprensiva con el otro. “¿Qué se puede esperar de medios que engañan a quienes les siguen sobre su sesgo ideológico?”, lanza.
La descompensación ideológica en prensa, radio y televisión es abrumadora en favor de los medios conservadores. Hacen falta empresas de comunicación que defiendan postulados progresistas
Y prosigue: “Algunos de estos medios, que trabajan incluso coordinadamente a pesar de pertenecer a empresas distintas, tienen el cinismo de presentarse como de ‘izquierda exigente’. Bajo ese supuesto ejercicio crítico se esconde un manifiesto pacto político con el principal partido de oposición y un decidido apoyo a promover el cambio de gobierno en las próximas elecciones. Tienen clara su función: extender un estado de desánimo en los electores de izquierdas para intentar que se queden en casa y no vayan a votar. Saben que es difícil que se pasen a apoyar al PP o a Vox, pero trabajan por buscar que aumente el desapego con los partidos de izquierda. Saben que, con una abstención suficiente, la derecha para la que trabajan gobernará sin problema”.
Recuerda en este punto Contreras que la ultraderecha internacional ataca sin descanso al buen periodismo porque “amenaza su estrategia sacando a la luz sus evidentes intenciones”. “Los movimientos antidemocráticos que promueven los grupos de ultraderecha necesitan medios de comunicación que extiendan sus mentiras, y que desempeñen la crucial tarea de promover el odio y el caos inventando amenazas inexistentes y reventando el orden institucional”, alerta, recordando que Donald Trump ha dicho claramente que los medios son su “enemigo”.
La violencia verbal es el paso previo a la física. Contra la sinrazón no hay mejor antídoto que la razón. Contra la crispación, la discusión civilizada. Contra la desinformación, el conocimiento
“Su eliminación y su suplantación por parte de maquinarias de pura propaganda es un paso indispensable para que sus planes se conviertan en realidad”, advierte, al tiempo que recuerda algo obvio: para que el periodismo resista estos persistentes envites, los medios “deben informar de lo que pasa, explicar el contexto en el que esos hechos tienen lugar y perseguir los usos y abusos de un poder descontrolado”.
De lo que se habla poco, en su opinión, es del “trascendental papel” que tienen los ciudadanos de a pie en todo este proceso, pues en esencia somos los que tenemos en nuestra mano “parar todo este deterioro antidemocrático” con dos herramientas sin apenas coste: votar en las elecciones frente a las fuerzas que quieren acabar con una sociedad democrática y apoyar a los medios que hacen bien su trabajo: “Económicamente a aquellos que son de pago, y siguiendo a los gratuitos. Hacer que un periódico como infoLibre sobreviva un año cuesta lo mismo que salir a cenar una noche, y apenas hay algo más de 16.000 españoles que lo apoyan”.
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Insiste Contreras en la amenaza, perfectamente identificada a estas alturas, que representan los “poderosos movimientos autoritarios de grupos políticos transfronterizos unidos, dirigidos por una estirpe de milmillonarios que han decidido hacerse con un poder omnímodo y universal”. A su juicio, solo el voto mayoritario y democrático de los ciudadanos en las “sociedades amenazadas puede detenerles”, en un momento, además, en el que a las redes sociales y la desinformación se añade una inteligencia artificial fuera de control.
“La Unión Europea debería tener como una de sus prioridades más urgentes establecer un marco regulatorio que sirva de escudo. Desgraciadamente, la Internacional del Mal existe y tiene como objetivo controlar Europa país a país, gobierno a gobierno”, alerta Contreras, quien termina regresando al principio y recordando que la información es la “base” para “conformar la conciencia social y el posicionamiento político”, por lo que, “si esta se manipula, se deforma y se retuerce malintencionadamente”, más allá del periodista de a pie, que también, el culpable último es "el editor que acepta el juego a cambio de la correspondiente recompensa económica y de la cercanía al poder”.
Y remata: “Es injusto e ineficaz descargar en los periodistas la responsabilidad de ejercer como salvadores frente a lo que se viene encima. Individualmente, la precariedad laboral y la incertidumbre económica son una carga muy difícil de superar. Un periodista puede ser juzgado por su ejercicio profesional cuando lo desempeña con unas condiciones de dignidad salarial y capacidad para elegir el tipo de medio en el que puede trabajar. En España, en la actualidad, un periodista que defienda ideas progresistas apenas tiene mercado de trabajo. La descompensación ideológica en prensa, radio y televisión es abrumadora en favor de los medios conservadores. Hacen falta empresas de comunicación que defiendan postulados progresistas, que sólo pueden sostenerse con el apoyo de lectores, oyentes o telespectadores. El ciudadano, de nuevo, juega un papel mucho más importante de lo que en muchos casos piensa”.