Virus del Nilo
El control preventivo de mosquitos, aves y équidos, la forma más eficaz de luchar contra el virus del Nilo
En lo que llevamos de verano, España ya suma 33 casos en humanos de fiebre del Nilo occidental y el pasado 5 de agosto se registró la primera muerte por esta enfermedad en Dos Hermanas (Sevilla). Andalucía es el territorio que más casos registra, con 29, seguida de Extremadura, con tres, y Alicante, con uno.
Desde que se detectó el primer caso en humanos en España, en 2004, la presencia de este virus se ha convertido en una realidad cada vez más habitual en nuestro país. El gran punto de inflexión fue en 2020, cuando se registraron 77 casos humanos y ocho fallecimientos. Le siguieron un par de años con una incidencia menor, pero en 2024 se alcanzó un récord de 158 casos. En 2025 se notificaron 45 casos y cinco fallecimientos, que, aunque fueron cifras menores a las del año anterior, mantuvieron una tendencia preocupante.
El virus se transmite a través de las picaduras de los mosquitos, lo que ayuda a entender su expansión en los últimos años. Aunque son muchos los factores que intervienen en su propagación, los veranos cada vez más cálidos y las primaveras lluviosas favorecen en gran medida al crecimiento de las poblaciones de mosquitos y hacen más probable la transmisión del virus.
Sin embargo, el ciclo de transmisión de este virus comienza en las aves, que actúan como reservorio, porque pueden mantenerlo durante mucho tiempo en su sangre sin presentar síntomas graves. Desde ellas, el virus puede pasar a los humanos y a otros animales, principalmente los équidos (caballos, burros, etc.). “Nosotros tenemos viremias, es decir, la presencia del virus en sangre es de menor intensidad y de duración más corta; por lo tanto, no somos tan buenos mantenedores de la circulación del virus como las aves”, explica a infoLibre Gema Fernández, portavoz de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de España.
Aunque en los humanos la infección suele ser asintomática, en ocasiones se traduce en la llamada fiebre del Nilo occidental, que provoca fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y articulares, malestar general y, en ocasiones, síntomas digestivos. “Cuando la infección afecta al sistema nervioso central puede aparecer la forma neuroinvasiva, con encefalitis, meningitis o meningoencefalitis”, relata Fernández.
El mayor obstáculo a la hora de luchar contra esta enfermedad es que “no existe actualmente una vacuna para las personas ni un tratamiento antiviral específico”, por lo que las principales herramientas para tratar de frenar su propagación son la prevención y la detección precoz. “La vigilancia no se tiene que hacer cuando ya hay casos”, indica Fernández, sino que “hay que mantener siempre un plan de vigilancia importante”.
Por esta razón, desde hace años el Ministerio de Agricultura activa, desde los meses de marzo y abril hasta enero del año siguiente, el Programa de Vigilancia de la Fiebre del Nilo que articula sus acciones preventivas en tres niveles: aves, mosquitos y équidos.
La importancia de la colaboración ciudadana
En el caso de las aves, la vigilancia es relativamente sencilla, ya que es fácil seguir el rastro del virus a través de la investigación de ejemplares enfermos o muertos y el muestreo específico en poblaciones de diferentes especies. Este sistema permitió detectar los primeros positivos animales de 2026 a través del Laboratorio Central de Veterinaria de Algete, referente en esta enfermedad.
Los problemas surgen con la vigilancia entomológica, es decir, la referida a los mosquitos. Aunque es un paso imprescindible para conocer la época de actividad del vector y localizar las zonas donde existe mayor riesgo potencial, no es sencillo llevarla a cabo solo con el uso de trampas. “Los científicos no podemos medir continuamente cuántos mosquitos hay en todos los lugares y por eso la ciencia ciudadana es tan valiosa”, indica Frederic Bartumeus, ecólogo del CSIC y codirector de la aplicación Mosquito Alert, la mayor ayuda en esta misión.
Con ella, cualquier ciudadano puede documentar con una foto los mosquitos que encuentra y su localización, además de registrar las picaduras que ha sufrido. Aunque la plataforma no sustituye a las trampas oficiales ni constituye por sí sola el sistema de vigilancia del virus del Nilo, sí que aporta una red de observación mucho más extensa y permite detectar cambios en la distribución y actividad de los mosquitos.
Desde su creación en 2014, Mosquito Alert ha contribuido a detectar la presencia por primera vez del mosquito de Japón en 2018 y los primeros descubrimientos del mosquito tigre en Andalucía en 2014 y en otras comunidades a partir del 2023.
La vacuna para caballos
El tercer nivel de vigilancia son los équidos, especialmente los caballos. Según explica el propio Ministerio de Agricultura, estos animales no son un reservorio del virus ni una fuente relevante para infectar a nuevos mosquitos, sino que actúan como “fondo de saco epidemiológico” porque la cantidad de virus que alcanzan en sangre no es suficientemente elevada para que un mosquito se infecte al picarlos. Por eso, cuando se detecta un caballo infectado, el objetivo no es evitar una transmisión entre animales, sino investigar de dónde procede la infección y comprobar si el virus está circulando en la zona.
El ministerio establece, en su programa de actuación en explotaciones equinas, que ante un caso confirmado debe reforzarse la vigilancia en las explotaciones de la zona. Esto incluye el censo de los animales, una encuesta epidemiológica, inspecciones clínicas y controles serológicos para conocer hasta dónde se ha extendido la infección. La vigilancia debe intensificarse especialmente alrededor de los humedales de riesgo.
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Para que este sistema funcione es fundamental la colaboración de ganaderos y veterinarios. La guía considera “imprescindible” su participación para detectar animales con síntomas compatibles y comunicar las sospechas. Además, como solo una parte de los caballos infectados desarrolla signos clínicos, el ministerio contempla utilizar “équidos centinela” en determinadas zonas de riesgo: animales inicialmente seronegativos y no vacunados a los que se realizan controles periódicos para detectar si han entrado en contacto con el virus.
Los caballos tienen además una posibilidad de protección que no existe para las personas: la vacunación. Agricultura recomienda la vacunación preventiva especialmente en las zonas consideradas de mayor riesgo y también en animales que vayan a desplazarse a ellas. La Agencia Europea de Medicamentos mantiene actualmente autorizadas vacunas veterinarias como Equip WNV y Equilis West Nile, destinadas a la inmunización de caballos.
De esta manera, estos tres niveles son la mejor herramienta a la hora de conseguir controlar un virus cada vez más común y que, en casos concretos, puede llegar a provocar la muerte. “Vigilar a todos los niveles es la forma de luchar contra esta enfermedad”, concluye Fernández.