La 'Doctrina Donroe'

Enrique Vega (FMD)

El propio presidente Trump, haciendo gala una vez más de su incontrolable narcisismo, declaró el pasado diciembre de 2025 que la célebre e histórica Doctrina Monroe establecida por el presidente que le da nombre, James Monroe, en 1823, según la cual América (el nuevo mundo) y Europa (el viejo) deberían ser esferas de influencia claramente separadas y, por lo tanto, los esfuerzos de las potencias europeas por condicionar e influir en las políticas de los nuevos Estados soberanos de América (sus antiguas colonias) se considerarían desde ese momento una amenaza para los Estados Unidos, al mismo tiempo que Estados Unidos se comprometía a no implicarse en las guerras y los asuntos internos de los países europeos, debería llamarse en la actualidad Doctrina Donroe (caprichosa combinación del nombre original y de su propio nombre, Donald), según la cual los únicos países facultados para intervenir en los asuntos internos de los países del hemisferio americano serían los propios países americanos, justificando así las intervenciones estadounidenses —políticas, económicas y militares— del pasado y, sobre todo, las de su propio mandato, como Venezuela, Cuba o Groenlandia, que él mismo considera tierra americana, y las que puedan venir. 

Una trampa lingüística (Donroe por Monroe) en la que parecen estar cayendo numerosos comentaristas, que, quizás por el pudor de que no se les catalogue como trumpistas, utilizan la expresión “corolario de la doctrina Monroe” para referirse a la que el presidente Trump ha denominado Doctrina Donroe.

Puede que suene muy bonito, incluso muy científico, pero geopolíticamente es un contrasentido. Un corolario sería una propuesta cuya justificación viniera avalada por su similitud con otra previa cuya lógica y utilidad hubieran quedado demostradas (por la historia en este caso). Que la Doctrina Monroe tuviera sentido geopolítico en los momentos de su concepción y aplicación (1823) no implica necesariamente que lo tenga que tener dos siglos después (2026), la Doctrina Donroe

En 2026, es precisamente Estados Unidos el que busca poder actuar como los países europeos intentaban en 1823, lo que convierte su “doctrina” en agresiva e imperialista

En primer lugar, por su carácter estratégico. La Doctrina Monroe es claramente defensiva y proteccionista, la reacción a una pretendida intromisión de antiguas potencias coloniales en los asuntos internos de los países recientemente liberados e independizados con objeto de mantener en ellos privilegios —económicos, comerciales y/o culturales—. La Doctrina Donroe, por el contrario, lo que persigue es lo opuesto, que Estados Unidos mantenga la libertad y la oportunidad de influir y condicionar en beneficio propio la política, la economía, el comercio y la geopolítica del resto de los países americanos, impidiendo la competencia de cualquier otro país u organización internacional en los países del hemisferio. En 2026, es precisamente Estados Unidos el que busca poder actuar como los países europeos intentaban en 1823, lo que convierte su “doctrina” en agresiva e imperialista. La Doctrina Donroe no puede ser, por tanto, un corolario de la Doctrina Monroe, sino, en el mejor de los casos, como un intento de repetición de la misma pero a la inversa, buscando la subyugación de los demás países del continente americano en vez de buscar su liberación y su capacidad de soberanía.

Pero también por su correlación de fuerzas. La capacidad militar de los países europeos de 1823 no era suficiente como para poder imponer sus criterios a tan larga distancia, como probaba el propio hecho de las recientes guerras de independencia, perdidas por ellos mientras que Estados Unidos sí viene demostrando desde hace suficiente tiempo que tiene esa capacidad militar, como los recientes episodios en las aguas del Caribe, en la costa pacífica colombiana y, fundamentalmente, en la propia Venezuela nos acaban de certificar.  

Las situaciones históricas pueden parecerse, pero es el contexto histórico en el que tienen lugar lo que marca si esa apariencia de similitud es aceptable o no. Hechos parecidos pueden tener significados distintos e incluso contrarios. Aplicado al caso concreto analizado de las doctrinas Monroe y Donroe, queda claro que la atribución de corolario de la segunda respecto de la primera cae por su propio peso en cuanto se analizan los respectivos contextos históricos en que se desarrollan, lo que no quiere decir que el intento de relacionarlos no sea un instrumento útil de propaganda para blanquear, intencionadamente o no, la política estadounidense respecto a su entorno continental, que, en el fondo, no es sino una faceta más de su política geopolítica (valga la redundancia) a nivel mundial.

  

 

Enrique Vega (FMD)

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20 de febrero de 2026 - 06:01 h
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