Muros sin Fronteras

Urnas bajo sitio en Honduras

Hay países que caen de pie, como Brasil, que resulta simpático a todo el mundo (menos a los brasileños que padecen miseria e injusticia). Otros, como Venezuela, están todo el tiempo en los titulares y en casi todos queda mal. En el tercer grupo, el de los invisibles, está Honduras, que parece tener bula para todo, incluso para la muerte impune de activistas como Berta Cáceres.

Existe un doble rasero que va más allá de la simpatía. En él se cruzan los intereses económicos y el afán de dañar a rivales nacionales, como sucede en el caso de Unidos Podemos. La política y los negocios determinan quiénes son los buenos y quiénes los malos en un mundo fast food en el que todo pensamiento parece viajar envuelto en estereotipos.

El referéndum de la oposición venezolana celebrado en julio de 2017se pareció mucho al catalán del 1 de octubre. Estaba organizado por una parte sin contar con la otra, votaron sobre todo los partidarios del resultado previsible y el escrutinio no contó con la presencia de una autoridad electoral independiente. Fueron actos políticos.

En un ejercicio clásico del doble rasero, la prensa tradicional española, que alabó a la oposición a Maduro por su referendo, criticó al Govern por el suyo, al que calificó de golpe de Estado cuando ambos eran igualmente unilaterales e ilegales.

Tratamos de entender el mundo a través de dos herramientas reduccionistas, la Wiki-facha y la Wiki-roja, por entendernos de alguna manera. Si a una persona de izquierdas se le pregunta por Nicolás Maduro acude de inmediato a la Wiki-roja para asegurarse de que tiene que estar a favor, pese a que la verborrea revolucionaria del presidente no coincide con los hechos. Su política ha empobrecido el país.

El problema es que en la Wiki-roja no aparecen los matices, barrios chavistas (de Hugo Chávez) que están hasta el gorro del actual gobierno y de una oposición que lleva 50 años sin saber que los pobres de Venezuela también son venezolanos. Dos medias verdades nunca suman una verdad.

Algo similar sucede con la Wiki-facha. Si se escribe: Honduras, sale el The Wall Street Journal con un titular escandaloso, “la izquierda incendia Honduras”. Más allá de los cócteles molotov, que son muy parecidos a los que lanza la oposición a Maduro en Caracas, el titular ignora el problema de fondo: Honduras es un Estado fallido, con una fuerte penetración del narco y una corrupción sistémica.

Los agoreros sostenían que el actual presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, a quien se conoce por sus siglas JOH, y su Partido Nacional, iban a robar las elecciones. La escenografía no ayuda demasiado a convencernos de lo contrario. Ocupan todos los poderes del Estado, incluido el judicial.

Durante un interminable escrutinio, de más de una semana, se ha pasado de unos datos preliminares que daban una ventaja de casi cinco puntos a Salvador Nasralla, de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, a otros que otorgan la victoria al presidente por un punto y medio, 42,92% frente a 41,42%. El cambio de la tendencia llegó con el 60% escrutado. El Gobierno afirma que se debe al voto rural.

El Tribunal Supremo Electoral detuvo el recuento con un 94,35% escrutado. La oposición salió a la calle a defender el resultado que favorecía a su candidato. La policía antidisturbios reprimió con dureza. Hubo muertos. El Ejecutivo de JOH, el dirigente que aspira a repetir mandato pese a que lo prohíbe la Carta Magna (gracias a una polémica sentencia), decretó el estado de excepción y la suspensión de las garantías constitucionales.

En este ambiente tratan de resolver las disputas entre dos candidatos que se declaran ganadores de los comicios. La clave para salir de la crisis será el recuento o no de miles de papeletas, como reclama la oposición. Sin un resultado creíble, Honduras está abocada a un enfrentamiento peligroso.

La gente no se ha amilanado con la represión. Decenas de miles de hondureños han tomado las calles de Tegucigalpa y San Pedro de Sula, además de otros lugares, para protestar contra lo que consideran un fraude electoral. Por las noches, se escuchan grandes caceroladas en la capital en un ambiente de rechazo creciente. No es la primera que los hondureños se lanzan a las calles. En otoño de 2015 lo hicieron para protestar contra la corrupción y pedir la renuncia del presidente JOH a quien consideran el corrupto en jefe. Nada cambió.

En marzo de 2016 dos pistoleros asesinaron a Berta Cáceres, líder de la comunidad indígena leca que defendía el medioambiente. Cáceres luchaba contra la construcción de una presa en sus tierras. Veinte meses después no se sabe quién ordenó su muerte.

La impunidad es uno de los problemas de un país lastrado además por el narcotráfico. Honduras es tierra de paso con bases estables. Los narcos han penetrado la policía, la justicia y la política como sucedió en Colombia y como sucede en amplias zonas de México.

Alberto Arce, uno de los periodistas que más sabe de Honduras, publicó en mayo de 2016, cuando aún estaba en The New York Times, un vídeo en el que se acusa a altos mandos de la Policía Nacional en el asesinato de Juan Arístides González, zar antidrogas, en 2009. El Heraldo ofreció los mismos datos.

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Les recomiendo sus libros Novato en nota roja (Libros del KO).

Y Honduras a ras de suelo (Planeta).

Honduras es también una ruta de migrantes que buscan trabajo y esperanza:

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