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El comisario europeo de Presupuesto crea una empresa de 'lobby' cuando aún está en el cargo y pone en jaque la nueva normativa ética en Bruselas

El comisario de Presupuesto de la UE, el alemán Gunther Oettinger (izq.) conversa con el secretario de Estado de Asuntos Europeos, el polaco Konrad Szymanski.

El 30 de septiembre se inician en Bruselas las audiencias para los candidatos al puesto de comisario europeo. Durante diez días, los eurodiputados tratarán de evaluar la seriedad de los futuros líderes y detectar eventuales conflictos de intereses que podrían descalificarlos.

Si bien el nuevo equipo de Ursula von der Leyen se prepara para este peligroso ejercicio, ¿qué pasará con los comisarios salientes del Ejecutivo dirigido por Jean-Claude Juncker? Uno de ellos ha optado por tomar la iniciativa, a riesgo de alimentar aún más los discursos sobre la influencia de los grupos de lobby privadoslobby en Bruselas.

El alemán Günther Oettinger, de 65 años, comisario desde 2010 y responsable de la cartera presupuestaria desde 2017, ya ha registrado los estatutos de una empresa de relaciones públicas –es decir, de lobby– en el Registro Mercantil de Hamburgo. Su esposa dirigirá oficialmente Oettinger Consulting.

Oettinger cambiaba su declaración de intereses este verano, que está obligado a presentar, como cualquier comisario europeo en ejercicio. Declaró una inversión personal de 12.500 euros de un total de 50.000 euros de capital social para la nueva sociedad. Añade también que la compañía está “inactiva” en este momento.

Antes de hacerse cargo del Presupuesto  de la UE –una cartera que, en teoría, alcanza todos los sectores de la sociedad–, Oettinger se ocupó de los asuntos energéticos (2010-2014) y digitales (2014-2017). Sus redes europeas son, por lo tanto, antiguas y diversificadas, en particular con las grandes empresas digitales.

La información, revelada el 27 de julio por un diario regional alemán, el Stuttgarter Zeitung, ha obligado a Juncker a reaccionar en las últimas semanas. Un portavoz de la Comisión ha explicado a Mediapart: “El presidente Juncker le recordó al comisario las obligaciones que le atañen en virtud del artículo 245 de los Tratados, en particular el hecho de que no puede ejercer otras actividades profesionales durante su mandato”.

Queda por tanto conocer la decisión del comité de ética, este panel, que teóricamente es independiente y responsable del seguimiento de los conflictos de intereses relacionados con los excomisarios. Se compone de tres personas, que a su vez son nombradas por la Comisión.

De acuerdo con el Código de conducta, los comisarios deben solicitar la luz verde de la institución cuando deseen trabajar en un ámbito relacionado, directa o indirectamente, con la cartera de la que eran responsables, durante los dos primeros años tras su salida de la institución. El comité, cuya opinión es consultiva, nunca ha bloqueado explícitamente el reciclaje profesional de un comisario.

“Hace dos años, hubo una reforma del código de conducta de los comisarios. En ese momento, nos dijeron que todo estaba arreglado, que ya no teníamos que preocuparnos. Pero el caso Oettinger demuestra que no es así”, dice Margarida da Silva, de CEO, una ONG que aboga por una mayor transparencia en la UE.

El caso Barroso, cuando el expresidente de la Comisión Europea anunció su fichaje por Goldman Sachs en el verano de 2016, dos años después de su salida de la institución, llevó a su sucesor, Juncker, a endurecer el código de conducta interno. A partir de ahora, por ejemplo, los comisarios están obligados a hacer públicas sus reuniones con los lobbistas en el sitio web de la comisión. Pero esta reforma carecía, en muchos aspectos, de ambición.

No es la primera vez que los métodos de Oettinger molestan. En 2016, viajó de Bruselas a Budapest en el avión privado de Klaus Mangold, un lobista alemán cercano al Kremlin, y en su compañía. Ese mismo año, sus comentarios racistas y homófobos en una cena de gala en Hamburgo también fueron chocantes.

Como publicaba Politico, la creación de esta empresa de lobby recuerda el precedente de otro comisario alemán, Günter Verheugen (1999-2010), que creó una empresa de lobby con su esposa al finalizar su mandato. Un estudio realizado en 2015 por CEO revelaba que un tercio de los comisarios del segundo mandato de José Manuel Barroso (2009-2014) se habían incorporado al sector privado en menos de un año.

Queda por ver si Ursula von der Leyen, la próxima presidenta alemana de la Comisión Europea, podrá poner fin a estas prácticas, perjudiciales para la imagen de la UE.

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Traducción: Mariola Moreno

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