Librepensadores

Carta abierta a Juan Luis Cebrián

Marcelo Noboa Fiallo

Los que pintamos algo más que canas y vivimos aquellos años setenta del pasado siglo, con mucho miedo e incertidumbre, que se paliaban con altas dosis de esperanza, encontrábamos en el periódico El País la referencia obligada del nuevo periodismo que surgía en aquellos años, comprometido con los valores de la democracia y del progresismo.

Juan Luis Cebrián, fuiste el “segundo plato” que escogió Jesús Polanco para dirigir el periódico después de recibir la negativa de Miguel Delibes a tal envite. A Delibes, Madrid le agobiaba. No habría sido capaz de sobrevivir a la “jungla” madrileña. Prefirió mantenerse en su Valladolid natal y ello te abrió las puertas para pasar a la historia del periodismo español. Se lo debes a Miguel Delibes.

No lo hiciste mal, hay que reconocerlo. Los primeros años del tardofranquismo, la Transición y los años ochenta, el periódico El País, a nivel nacional, y La Vanguardia, en Cataluña, contribuyeron a generar una información veraz y seria que recibió los parabienes de la prensa internacional como Le Monde o The Guardian, que pronto te acogieron como “uno de los suyos”. Por mi parte, sentí la necesidad de continuar siendo fiel a mis orígenes con mi revista de cabecera que semana tras semana me recordaba mi compromiso político, Triunfo (conservo todos sus números). El País fue para mí un complemento necesarioEl País .

El País ha tenido sus particulares travesías y momentos, personalmente me quedo con la etapa de Joaquín Estefanía (1988/1993), época en la que el periódico creció con referencias culturales más amplias y progresistas, mientras tú te dedicabas a vivir de las rentas, a guardar las esencias del felipismo y conjuntamente, los dos, a combatir todo aquello que se desviara de la “ortodoxia” del establishment forjado por aquellos que se sentían poseedores de las esencias “socialistas”. Por tu parte, a pesar de ya no dirigir el periódico, continuaste ejerciendo tu influencia en la línea editorial e intentando marcar el paso al PSOE. Así, El País fue beligerante con las primarias. Recibió con indisimulado desapego la elección democrática de José Luis Rodríguez Zapatero (no era de los tuyos, apostaste fuertemente por un hombre del aparato, José Bono) y, años más tarde, te pusiste a la cabeza de la descalificación, el insulto y el rechazo frontal contra un hombre que había surgido de la nada, pero que tuvo el valor y la osadía de enfrentarse a todo el aparato del partido y del periódico más influyente en España. Contra todo pronóstico, lo consiguió y se convirtió (primero, por voluntad de sus militantes y, luego, por la voluntad popular) en presidente del Gobierno de España.

Ni Felipe González ni tú se lo perdonasteis nunca. Gracias a los cambios registrados en el 2018 en la dirección de El País, con Soledad Gallego Días al frente, el respeto y la crítica constructiva volvió al periódico. No obstante, en tu calidad de presidente de honor del diario, te reservas tu espacio quincenal para soltar los dardos envenenados que tu pareja de baile, Felipe González, no se atreve (porque él no se “rebaja a estas cosas de los mortales”). Tu influencia y poder en el periódico terminó por despedir a un periodista de raza como Ignacio Escolar, colaborador de la SER, por cumplir con su deber de informar y denunciar que tu mujer poseía una cuenta en un paraíso fiscal (Papeles de Panamá).

En este patético escenario, se entienden tus diatribas ahistóricas, como las reflejadas en tu último infumable artículo, donde equiparas el eslogan trumpista de Ayuso, “libertad”, con el de “Socialismo es libertad” de la campaña electoral del PSOE de 1982. No voy a entrar a explicarte lo que significan uno y otro porque es para alumnos de bachillerato, pero no me puedo resistir (o quizás escandalizarme) por tu posicionamiento junto a personajes que llevan años fuera del PSOE (aunque mantengan el carnet) alimentando el odio de la derecha y extrema derecha hacia Pedro Sánchez (y antes a Zapatero), en tertulias junto a personajes vomitivos, compartiendo insultos y descalificaciones. A este deleznable personaje defiendes con argumentos como: “Pues precisamente por pensar quieren expulsar del PSOE a Joaquín Leguina, luchador histórico contra la dictadura, con un pedigrí democrático que para sí quisieran muchos en el banco azul”.

Lo cierto es que, desde que perdió poder dentro del PSOE madrileño, Joaquín Leguina se pasó algún tiempo perdiendo todos sus “sesudos argumentos” y sus intentos de hacerse un hueco en los diferentes espacios del PSOE. Nadie le hacía caso, deambula como un dinosaurio (como José Luis Corcuera, Rosa Díez…) para, finalmente, terminar recalando en las tertulias televisivas de la extrema derecha, donde suelta todo el veneno que puede y le dejan. La prensa beligerante con el Gobierno actual y la oposición aprovechan para poner en valor lo que ellos llaman “los socialistas de verdad”. Estos dinosaurios son los que se tomaron al pie de la letra el principio guerrista, “el que se mueva no sale en la foto”. Así se mantuvieron fieles a la ortodoxia sin decir “esta boca es mía”.

Este es “el luchador histórico contra la dictadura, con un pedigrí democrático que para sí quisieran muchos en el banco azul” que defiendes desde tu atalaya. Lo que el señor Leguina debería hacer es darse de baja del PSOE (como hemos hecho muchos) y desde ahí, lanzar todas las diatribas que quiera, porque como ciudadano le ampara la libertad de expresión, como a ti. Pero como militante de una organización política tiene los cauces que la propia organización establece en sus estatutos (asambleas locales, comités locales, regionales, nacionales, congresos…) y de puertas afuera, todo militante tiene el deber y la obligación de lealtad al proyecto. Cuando ese proyecto ya no es el tuyo, lo decente es “dar el portazo”. Esto Leguina lo sabe, pero está esperando que le abran un expediente interno para ser aclamado por sus compañeros tertulianos y por ti mismo como una víctima del sanchismo.

No queda ahí la cosa. Arremetes contra los actuales dirigentes del PSOE hasta equipararlos con el franquismo. Ahí es nada: “Sus dirigentes parecen cada vez más alejados de lo que en tiempos del franquismo definíamos irónicamente como la funesta manía de pensar, tan funesta que entonces te conducía a las tinieblas exteriores”. Lo dice quien, en su día, no dijo ni una palabra sobre “el que se mueva no sale en la foto” (Alfonso Guerra, dixit) o sobre la consideración que Txiki Benegas tenía de Felipe González, como “Dios”.

Lo cierto es que tú, como director de El País, y Felipe González, como presidente del Gobierno, gozasteis de los “días de vino y rosas” consecuencia de las mayorías absolutas de las que el PSOE disfrutaba. Me habría gustado ver a Felipe González toreando en las plazas que se abrieron desde que la pluralidad de partidos puso fin a las mayorías absolutas. Los miuras de hoy nada tienen que ver con las becerradas de entoncesmiuras. Aun así, el PSOE era el coto privado de Alfonso Guerra y los suyos. En efecto, nadie podía moverse porque la foto salía pixelada y el pixelado condenado al ostracismo. Estos son los próceres del socialismo que una vez perdido el poder braman contra los nuevos responsables socialistas que accedieron al poder tan legítimamente como lo hicieron ellos, pero que jamás fueron atacados de manera tan rastrera como ellos lo hacen con el actual presidente del Gobierno.

                                                                                  Marcelo Noboa Fiallo es socio de infoLibre

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